Artículo correspondiente al número 265 (15 al 26 de noviembre de 2009)
Que los impuestos sean tema de campaña presidencial, dicen algunos, es señal de evolución. Así como en Estados Unidos, donde la división básica entre Republicanos y Demócratas pasa por su grado de aversión a la carga tributaria. Y ya que en Chile algunas campañas hicieron de una reforma en esta materia su bandera de lucha, decidimos convocar a los asesores economicos de los comandos a un nuevo Foro Capital-BCI y tratar estas propuestas a fondo. Por Cristian Rivas Neira; Fotos, Verónica Ortiz.
Dicen que hay dos cosas que ninguna persona puede evitar: la muerte y los impuestos. A nadie le gustan éstos (ni la muerte, aunque ese es otro asunto), pero la civilidad ordena pagarlos. Y así lo entienden los chilenos, con un sistema tributario tan alabado por algunos sectores como criticado por otros. ¿Le parece un tema muy duro de digerir? A primera vista, sí. Pero, ¿qué diría si los impuestos se conviertieran en eje de la campaña presidencial?
Pues resulta que así ha sido, al punto que algunas candidaturas –léase la de Marco Enríquez Ominami– han prácticamente montado su propuesta económica sobre una reforma tributaria. Motivo suficiente como para convocar a un nuevo Foro Capital-BCI, como el realizado hace un par de semanas y que contó con representantes de los comandos del mismo Enríquez-Ominami, de Frei y de Piñera.
A vuelo de pájaro, las posiciones están más o menos así: Piñera se la juega por ajustes que favorezcan el crecimiento y la recuperación frente a la crisis, pero lo suyo no pasa por aumentar ostensiblemente la recaudación por la vía tributaria, sino más bien en mejorar la eficiencia del gasto de los recursos actuales, según explicó el economista Felipe Morandé.
En el caso de Frei, representado por el abogado Medardo Lagos, se inclinan por la búsqueda de los consensos necesarios para entrar a picar en lo que a política tributaria se refiere. Eso sí, con diálogo y con tiempo; porque ahora, aún con la crisis encima, el horno no está para bollos.
Más radical resultó el planteamiento de Luis Eduardo Escobar, el economista que representó a Marco Enríquez-Ominami en el foro.
¿Subir o mantener?
Luís Eduardo Escobar “Una de las discrepancias que tenemos con el sistema actual es justamente el margen de elusión que deja entre el impuesto que tienen que pagar las empresas y el de las personas. La diferencia de entre 17% y 40% es demasiado amplia y hace que todos los que puedan tengan fuertes incentivos en tratar de pagar el 17%”.
Según Escobar, no es fácil discernir si mayores impuestos entrabarán el crecimiento de la economía. A su favor juegan datos como que en países más desarrollados, incluyendo los miembros de la OCDE –grupo al que Chile aspira a ingresar próximamente–, la carga tributaria es muchísimo más elevada que en nuestro país. En muchos casos, su peso supera largamente el 18% del PIB que implican los impuestos en Chile, y por ello supone que hay un margen al que se podría echar mano sin caer, desde luego, en el abuso.
Es más: el economista citó las palabras del reconocido jurista estadounidense Oliver Wendell Holmes, que a comienzos del siglo XX (1904) planteó como definición de impuestos “aquello que se paga por vivir en una sociedad civilizada”. Eso incluye hacerse cargo de una serie de cuestiones sociales básicas en temas en que hay mucho que avanzar, como equidad, educación y para los cuales claramente se necesitan más recursos. “Hay un margen entre el tipo de sociedad que nosotros queremos construir, y que en definitiva hay que financiar de alguna manera, y aquel en que el Estado ya se torna abusivo”, precisó.
El planteamiento chocó de frente con el defendido por el equipo programático de Frei. Porque Medardo Lagos explicó que hay conciencia en torno a las presiones que surgirán una vez que Chile ingrese efectivamente a la OCDE, pero insistió en que “la postura nuestra es de ninguna manera proponer una reforma tributaria”.
Explicó que, efectivamente, algunos gravámenes en Chile podrían ser algo regresivos, como el IVA, que representa en torno al 40% de la recaudación total de impuestos en el país, y que afecta al gasto de las personas, impactando en mayor medida a los segmentos de menores ingresos. Pero agregó que en el impuesto a la renta, que equivale a un 36,5% de todo lo recaudado, la mayor parte de los aportantes son las empresas, porque una cantidad importante de personas –un 80% de la población– está exenta de esa obligación dadas sus bajas rentas. “En la medida en que haya crecimiento de esas personas, van a ir ingresando a los tramos afectos, con lo que aumentará la base de la recaudación”, sostiene.
En esa línea, Felipe Morandé dijo que la situación impositiva actual tiende a ser bastante neutra e incluso positiva en el crecimiento de la economía, por lo que incrementarla inevitablemente tenderá a entorpecer este desempeño, ya que elevaría los costos de muchas compañías.
Así las cosas, son varios los expertos que consideran razonable la carga tributaria chilena en relación con el nivel de ingresos que exhibe en el país. El abogado especialista en la materia –y que actuó como moderador del foro– Franco Brzovic destacó que hay diversos estudios que advierten sobre el número de días que ya se destinan a pagar impuestos en Chile. Por ejemplo, un trabajador cuyos ingresos mensuales ascienden a 150 mil pesos, dedica 2,2 meses de remuneraciones al pago de impuestos, la mayor parte de ellos en IVA. Esta proporción sube a medida que aumentan los ingresos, pero cambia el impuesto determinante, porque a mayor sueldo es mayor el a la renta que el IVA.
Mejorar el gasto
Morandé postuló que en Chile hay problemas mucho más importantes que la estructura tributaria de cara al desarrollo del país. “Todo lo que tiene que ver con el otro lado de la medalla, que es el gasto público, puede ser tremendamente más relevante”, aseguró. Citó algunos problemas de carácter público del último tiempo, como el alto costo del sistema de transportes Transantiago o las millonarias pérdidas de EFE y Enap.
Felipe Morande “Me gusta más la idea de no buscar la resolución de los problemas de equidad, que sí existen y son evidentes en Chile, por el lado de la estructura tributaria, porque no vamos a llegar muy lejos”.
En esa misma línea también hay varios otros argumentos, como los mismos estudios que ha realizado el gobierno sobre sus programas sociales. Según Morandé, estos seguimientos han indicado que apenas un 14% de estos programas pasa la prueba de la blancura, mientras que en el resto se detectó una serie de reparos de todo tipo, por lo que varios ya ni deberían estar operando. “Si estamos hablando de cuestiones tributarias, por favor no hablemos de reforma tributaria integral, hablemos de todo lo que hay que hacer por el lado del gasto y de cómo se utiliza la plata”, sentenció.
Así, Morandé y Lagos coincidieron en que los problemas de equidad que existen en el país no se tienen que resolver, necesariamente, por el lado de la estructura tributaria. Después de todo, para eso se requeriría la aprobación de leyes en el Congreso y ahí la cosa no es muy sencilla. Basta recordar lo que pasó cuando se intentó introducir el beneficio tributario de depreciación acelerada en 2007, que no logró consensos en el Senado y fue finalmente rechazado. “Pensamos que este tema, necesariamente complejo, habría que abordarlo con un acuerdo nacional amplio, en que participen los expertos académicos en la materia y todos los sectores”, propuso Lagos.
Mas vigilancia
Escobar también hizo hincapié en otro asunto de vital importancia en su propuesta de modificar el tablero impositivo chileno. Dijo que habría que igualar un poco más la tasa de impuesto de las empresas con la de las personas –hoy, en 17% y 40% respectivamente– porque actúa de incentivo para que una gran parte de los contribuyentes tienda a escudriñar distintas fórmulas para evitar el pago final, lo que comúnmente es conocido como elusión. La propuesta concreta gira en torno a unificar esa tasa en un 30%.
Medardo Lagos “Si vamos a discutir una reforma tributaria integral, pensamos -responsable y seriamente- que, dada la coyuntura, recién saliendo de una crisis mayúscula, no es el momento oportuno para cambiar las reglas del juego”.
Al margen de si eso se materializa, los expositores también coincidieron en que hay que afinar los mecanismos para evitar la evasión de impuestos. Actualmente se estima que dejan de ingresar al Fisco por esta vía unos cuatro mil millones de dólares al año, por lo que cabe avanzar hacia márgenes menores.
Lagos dijo que en IVA, por ejemplo, la evasión en Chile es de 12%, cuando en países como el Reino Unido esa tasa es apenas del 3,8%. En impuesto a la renta, en tanto, la evasión se acerca al 30% en materia de empresas y la cifra se eleva al 48% si se excluye a la minería, que es por lejos el sector que más cumple.
“La misión es aumentar la base vía mejor fiscalización. Es correcto que el Servicio de Impuestos Internos se destaque por el uso intensivo de tecnología, donde ha sido pionero, pero muchas veces esto se limita a fiscalizar las declaraciones voluntarias, por lo que falta hacer un upgrade”, sostuvo Lagos. Dijo que se necesita poner en marcha programas de fiscalización con mayor inteligencia, que revisen por ejemplo, el uso de pérdidas tributarias que provienen de filiales instaladas en países cuyas rentas están exentas de impuestos en Chile, como es el caso de Argentina.