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Artículo correspondiente al número 232 (11 al 24 de julio de 2008)
El desafío es grande, reconoce, “pero aquí también se trata de alimento”, al igual que en Salmofood. La clave de Manuka, explica, “es que se administren sustentablemente los recursos naturales, ocupando la tierra como fuente de nutrientes e invirtiendo en ella, transformando así alimentos en leche. Este es n modelo probado y exitoso. Basta con observar la historia neozelandesa en la industria mundial de la leche”.
Con este sistema, uno de los objetivos es mejorar las cifras de producción. Hoy, la empresa está entre los 35 y 40 millones de litros anuales, los que entrega principalmente a su coterránea neozelandesa Soprole y a otro procesador más chico. Al momento de la adquisición, Manuka tenía 2.600 hectáreas y 12 lecherías, las que en su conjunto producían 20 millones de litros anuales; es decir, a razón de 8.000 litros por hectárea. Rupanco, en tanto, al momento de la compra alcanzaba los 2.000 litros por hectárea, volumen que, por cierto, planifican incrementar. Los planes son ambiciosos. “Queremos multiplicar por seis la producción en los próximos ocho años, para alcanzar de 220 a 250 millones en 2015”. En tanto, para 2009 esperan tener cerca de 20.000 vacas en plena producción.
Junto con lo anterior, se pretende diversificar la venta en al menos tres procesadores más “y aumentar la inversión en valor agregado. El proyecto es desafi ante, porque requiere de cambios importantes y porque se busca un gran desarrollo, entre otros propósitos”, subraya Petersen. La producción para el año 2009 debiera estar entre 70 y 80 millones de litros, volumen que sería generado a través de cerca de 35 lecherías.
Sin duda que su perfil financiero –fue ejecutivo de grandes empresas en el Banco Edwards en Santiago–, da señales de cuáles serán los próximos pasos de Manuka. De hecho, la operación de compra de la Hacienda Rupanco se realizó gracias a una figura financiera que, por primera vez, consideró el largo plazo para el rubro agropecuario.
“El modelo neozelandés contempla una parte importante de recursos vía financiamiento bancario, esquema que ya ha atraído a importantes bancos que operan en Chile a participar en nuestro proyecto y replicarlo con otros actores”, afirma.
“Lo que buscamos es diversificar la venta, ampliándola. No obstante, una opción podría ser vía la integración hacia adelante, entrando en el negocio del procesamiento sin descartar nada; es decir, comprar una planta o construir la propia, pero siempre en la zona sur del país”. De hecho, muy cerca está Lácteos Patagonia, propiedad de un grupo de empresarios osorninos, quienes no han logrado reunir el capital para echar a andar una planta que importaron desde Dinamarca hace un par de años. Y en Chiloé está la cooperativa Chilolac, que saldrá a remate el próximo 1 de agosto. Sin embargo, sobre estas dos alternativas Petersen prefiere no pronunciarse.
La decisión de Manuka al venir a Chile se fundamentó en su deseo de seguir creciendo; entre otras cosas, teniendo en cuenta que “en Nueva Zelanda ya no hay mucho espacio”, anota Juan Carlos Petersen. Además, pusieron en la ecuación que el país “tiene condiciones favorables para desarrollar el negocio, como el clima, la calidad de los suelos, la gente, el entorno político y las condiciones fitosanitarias. De hecho, vieron la posibilidad de invertir en otros países de América latina, pero optaron por Chile”.
El ejecutivo también destaca que “este negocio ha cambiado mucho. Tiene muchos años de operación, pero hoy se está transformando. Han llegado nuevos actores y tecnologías, lo que requiere conocimiento y desarrollo y generará oportunidades a nivel social”.
El escenario internacional también contribuye al potenciamiento de esta actividad. “El precio de los alimentos ha aumentado, debido a la demanda de Chindia (China e India) con 2,4 billones de habitantes y con un crecimiento de sus economías de cerca de 9% anual, lo que presiona a los commodities”.
A lo anterior, advierte Petersen, se suma el incremento del poder adquisitivo, “lo que ha generado un cambio estructural en la dieta de las personas que buscan nutrientes más ricos, como el ganado, las aves, el cerdo y el salmón, los que consumen granos”. Se suma a ello la decisión de algunos países que han aplicado políticas de sustitución de los combustibles fósiles por biocombustibles o uso de energías renovables, lo que ha generado un alza sostenida en el precio de los granos y mayor escasez relativa de la tierra.
“Además, cabe destacar que entre el 80% y el 90% de la leche en el mundo se produce con granos, lo cual presionó los precios de la misma y es difícil prever una caída”, indica. Es un escenario dentro del cual sobresalen excepciones “como Irlanda y Nueva Zelanda; y Chile, que tiene las condiciones para ser más competitivos vía el uso de pasturas”.
La ventaja competitiva en este negocio, consigna Petersen, viene dando evidencias claras: cuando se miran las cifras de exportación de nuestro país, se ve que éstas alcanzaron los 180 millones de dólares el año pasado: un crecimiento del 50% respecto de 2006. “Estas son señales fuertes en cuanto a que Chile tiene una ventaja en el escenario internacional”. Como se ve, parece que habrá Manuka para rato.