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Artículo correspondiente al número 219 (2007-12-14 al 2007-12-27)
La aparición del brote de virus ISA en Chiloé remeció a las empresas salmoneras en los últimos meses. Lo primero que hicieron fue tratar de mantener acotados los focos, que ya suman 7 centros, pero el tema tendrá que ser seguido de cerca dado lo sucedido en otros países que ya enfrentaron la enfermedad y que registraron cuantiosas pérdidas. Lo que está en juego es el marco sanitario en que opera el sector. Por Cristián Rivas N.
La historia partió a mediados de año. En junio comenzó a diseminarse entre las productoras de salmón la noticia, extraoficial aún, de la aparición del virus ISA en Chile. Una enfermedad que en décadas previas había causado pérdidas millonarias en productores noruegos, canadienses y estadounidenses, por el aumento de la mortandad de peces. Chile se había mantenido libre del problema y por eso, el ambiente se llenó de especulaciones, comentarios de pasillo y hasta temor.

La confirmación vino el 25 de julio, cuando el Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca) recibió de la principal productora de salmones del mundo, Marine Harvest, la noticia de que en uno de sus centros de Lemuy, en la isla de Chiloé, el análisis de muestras había dado positivo. En ese momento se encendieron las luces de alerta. La autoridad dio aviso formal al resto de la industria e hizo la notificación al Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), que a su vez la envió a la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE). Comenzó también el diseño de un plan de manejo con múltiples medidas para mantener acotada la propagación del virus en un radio de cinco kilómetros.
Todo esto se produjo casi un mes después de que Marine Harvest comenzara a notar un inesperado aumento en la mortandad de sus peces e iniciara distintos análisis y pruebas en laboratorios chilenos y extranjeros para dar con la causa.
Por eso, entre que se hicieron los estudios y se entregó la notificación al resto de la industria hubo margen para que el virus se expandiera por la isla grande. Y así lo hizo. Aunque las medidas del Sernapesca han mantenido acotado el virus, los focos al 23 de noviembre ya suman siete (cinco corresponden a Marine Harvest, uno a Aguas Claras, filial de AquaChile, y otro a Mainstream). Y hay otros seis con sospecha (todos de Marine Harvest), otros cuatro (dos de Marine Harvest, uno de Aqua- Chile y otro de Invertec) han dado positivo en algunas muestras, mientras varias docenas de centros están en observación.
Ante esto, SalmonChile –la asociación que reúne a casi todas las empresas salmoneras– ha dicho que la propagación del virus está acotada y que las pérdidas hasta ahora son mínimas. Aun así, al interior de dos de las principales compañías el diagnóstico es un poco distinto.
En Marine Harvest y AquaChile se cree que la presencia del virus, que provoca la enfermedad conocida como Anemia Infecciosa del Salmón (ISA) que mata a los peces antes de ser cosechados, continuará expandiéndose en los próximos cuatro o cinco meses. Incluso, no descartan que pase de Chiloé al resto de la X Región y de ahí a la XI. “El ISA está para quedarse”, sentencia el principal ejecutivo de una salmonera de capitales chilenos.
Si bien el virus no tiene efectos sobre la salud humana, y por ende no debiera afectar la imagen del país como productor de salmones, en varias empresas dicen que su presencia sí tiene efectos importantes sobre sus resultados económicos, justo en momentos en que el precio del producto a nivel mundial está en baja –aunque todavía es alto– y los insumos como la energía y el alimento están en carrera alcista. En eso las bolsas ya han acusado recibo, pues la acción de varias compañías abiertas al mercado ha caído en los últimos meses. Es una señal de alerta para un sector con exportaciones que han crecido a tasas del 20% año a año y que en 2006 sumaron nada menos que US$2.200 millones.
En un espectro aún más amplio, el ISA pone a las empresas en la agenda de organizaciones ambientales, al abrir el debate sobre la sanidad con que opera el sector, recordando episodios como el verde malaquita, que dicho sea de paso, podría reflotar debido a la aparición de un embarque con este producto en Taiwán (ver recuadro).
Suspicacias por el brote
La sensación ambiente en la industria tiene múltiples caras. Marine Harvest es vista con ojos de desconfianza entre las otras salmoneras, porque es la que tiene el mayor número de centros contaminados. Algunos incluso la responsabilizan de la llegada del virus. Pero como también se dice que pudo haber llegado a través de ovas importadas, esto tiene a las empresas que se dedican a este negocio sumergidas en el más absoluto silencio. En el entorno también hay acusaciones recíprocas de empresas que dicen que la otra no ha tomado las medidas necesarias para evitar el contagio. Otros dardos apuntan al gobierno, por la falta de recursos para fiscalizar adecuadamente. Y varios actores también acusan descoordinación y lisa y llanamente de desorden
Pero más allá de todo este ruido, hay una hipótesis que está aunando las posiciones empresariales y del gobierno. El ISA fue descubierto en Chile en el 2001, pero sólo en una muestra aislada en un salmón del tipo Coho (o también conocido como Pacífico). Por eso, lo que se cree es que su aparición ahora en la variedad Atlántico, que es la más producida en Chile, puede ser una mutación que aprovechó algunos factores externos para atacar las jaulas. Claro que en ello también habrían incidido algunos errores de las propias empresas.
Lo anterior tendría que ver con el modo con que se ha atacado el caligus, un parásito que también se conoce con el nombre de piojo de mar. Hay quienes creen que algunas empresas pueden haber aplicado medicamentos baratos para atacar este parásito, el que finalmente logró hacerse resistente. El caligus se aloja en la piel de los peces y produce heridas, estrés, disminución del apetito y mayor susceptibilidad a adquirir enfermedades secundarias, creando un ambiente ideal para que el ISA brotara.
El efecto económico
Las cifras de lo que puede llegar a representar el virus están emergiendo. El primer informe que se envió a la OIE a comienzos de agosto hablaba de un solo foco con una tasa de morbilidad (peces enfermos) de 30%, una mortalidad de 11%, con casi 2 millones de peces susceptibles y varios miles de peces sacrificados. Tres meses después, a mediados de noviembre, se informó de 5 focos con distinto grado de morbilidad y mortalidad (con tasas significativamente dispares entre uno y otro foco) y unos 3 millones de peces susceptibles a contraer la enfermedad. A la fecha el número de focos aumentó a 7 y se espera que suban por las condiciones estivales, que elevan las temperaturas facilitando la permanencia del virus en el agua, según sostiene el gerente técnico de Marine Harvest, Adolfo Alvial.
Considerando que la industria chilena es muy similar en tamaño a la de Noruega, las comparaciones son inevitables. Allá las pérdidas anuales promedio alcanzaron un peak de 170 millones de dólares en su peor momento. En otros países como Canadá el efecto fue menor, con pérdidas en torno a los 10 millones de dólares anuales. A favor juega que esos países han podido adaptarse y es algo que puede imitar Chile. Aunque el trabajo debe ser hecho con disciplina dado que los más de 500 centros de cultivo que hay en la Décima y Undécima Región están muy pegados unos de otros, lo que facilita el contagio.