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Artículo correspondiente al número 294 (25 de febrero al 10 de marzo 2011)
Viajamos a Stein, un pueblo en la región de Baviera, para conocer el corazón del imperio de los lápices Faber- Castell, que se apronta a cumplir 250 años. Una de las marcas más antiguas y famosas de Alemania. Dirigida hoy por un miembro de la familia fundadora, el conde Anton Wolfgang von Faber-Castell, el desafío es grande: ¿cómo competir en un mundo cada vez más digital? Por Sophia Schneider.
Si usted cierra los ojos y se imagina a un auténtico noble europeo, probablemente la figura que se le viene a la mente se parezca mucho a la del señor que aquí le presentamos: alto, pelo blanco, sonrisa impecable, traje oscuro, abrigo de lana verde y persona amable a más no poder. Es el conde Anton Wolfgang von Faber-Castell, heredero de la industria que crearon sus antepasados maternos hace ocho generaciones –en 1761– y que hoy cuenta con una capacidad de producción a nivel mundial de 2 mil millones de lápices de madera al año.
Detrás de ese crecimiento ha estado este hombre que se hizo cargo del imperio de artículos de escritorio hace 33 años. Los hechos lo avalan: durante su administración se ha desarrollado una serie de plantas en el exterior, incluyendo Malasia (1978) –que en 1980 se convirtió en la fábrica de gomas de borrar más grande del mundo–, Hong Kong (1979); una planta de producción en Indonesia (1990) y un centro de logística en la República Checa (1996).
En 1997 adquirió una participación mayoritaria en Tecnacril, un fabricante de instrumentos de dibujo técnico en Colombia; durante 1996, en India, estableció oficinas de venta en Bombay y una fábrica en Goa. Después vino un centro de fabricación y empaque en Cantón, China, la que se convirtió en 2001 en la decimoquinta planta de producción de Faber-Castell… Eso, por nombrar algunos pasos que ha dado la empresa creadora del tradicional Faber N°2. El mismo, probablemente, que más de algún lector usó para rendir alguna prueba en el colegio o en la universidad y la misma compañía detrás de los lápices de colores con que muchos niños han hecho sus primeras rayas.
La empresa y la familia
Para conocer el lugar donde nació una de las marcas más famosas de Alemania hay que viajar hasta Stein, una pequeña ciudad cerca de Nuremberg, que por estos días se ve cubierta de nieve. Y desde allí, se llega a la fábrica de Faber-Castell. Nos recibe un hombrecito corpulento, de unos 60 años, llamado Wolfgang, quien hace de guía mientras recorremos los tres pisos de un edificio lleno de colores. Con su bastón, apunta cada detalle mientras va contando la historia de la firma cuyo origen se remonta al carpintero Kasper von Faber, quien la creó hace 250 años, aunque fue en 1839, de la mano de Lother von Faber, cuando la industria despegó.
La primera cita con el conde sucede en la noche de nuestra llegada, en un restaurante típico de Baviera: dominan los colores café y verde, y hay vasos de cerveza y animales disecados como adornos principales. Los periodistas invitados –además de Capital, de medios de Inglaterra, Suiza, Austria y Alemania– deben observar rigurosa etiqueta. Von Faber llega de la mano de su mujer, una estadounidense simpática que habla alemán con acento gringo a pesar de llevar 23 años casados. Después de brindar con champagne, nos regala a cada uno el llamado lápiz perfecto: un aparato que tiene incorporado en su tapa un sacapuntas. El mismo enseña a usarlo.
Me siento a su lado. Comemos pato de entrada, y como plato de fondo sugiere ganso con repollo rojo y puré. El pide lo mismo. Cuenta que en 2002 vino a Chile y que quedó fascinado, que había ido a esquiar y que lo único que quiere es volver. Hablamos de política, pregunta por el gobierno de Piñera y dice estar impresionado con el gran avance económico de Chile.
Relajado, habla de sus 4 hijos, y cuenta que el mayor, el único de su primer matrimonio, se casará con una socialité turca. “Por eso le toman fotos a cada rato”, comenta sonriendo.
-¿Será su sucesor?
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Al cumplir 250 años, Faber-Castell quiere ser mucho más que un fabricante de lápices de madera (produce 2 mil millones al año). La idea es potenciar sus líneas de productos para educacion, para adultos y de diseño, con creaciones más elaboradas, asi como la Coleccion Graf von Faber-Castell, más exclusiva.
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