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Artículo correspondiente al número 251 (30 de abril al 14 de mayo de 2009)
De las empresas centenarias en Chile, Traverso es de aquellas que han sobrevivido bajo el alero familiar durante toda su existencia. Hoy es la tercera generación la encargada de hacer crecer el negocio y en eso están Renato y Fabio Traverso, quienes se han impuesto la misión de diversificar aún más su portafolio de productos. Ahora los dardos apuntan al negocio de la sal, con miras a quintuplicar las ventas. Por Paula Vargas M. Foto, Veronica Ortiz.
La gente en tiempo de crisis puede comer menos, pero condimenta más”, dice con toda propiedad Renato Traverso (45), socio y gerente general de la centenaria firma de alimentos que se ha hecho un espacio en las mesas y despensas de los chilenos. Y debe ser así, porque este empresario es de los pocos que en estos tiempos se atreve a afirmar que sus ventas van en aumento y que sus resultados en ningún caso se han visto afectados por los caprichosos vaivenes de la economía mundial.
Claro que esto no habría sido posible sólo con sus productos estrella (el vinagre y el jugo de limón). Para blindar el negocio debieron diversificarse y, de hecho, hoy ya superan los 300 productos, entre los que se encuentran todo tipo de condimentos, sopas, salsas e incluso refrescos y alimentos kosher. Y anuncian que irán por más.
Sí, porque la sal es lo que los tiene más entusiasmados. Sin ir más lejos, este año comenzaron la explotación y venta a nivel industrial, y están a la espera de las últimas autorizaciones para comenzar la venta retail.
Detrás de este desarrollo ha estado Renato Traverso, quien se unió al negocio familiar en la década de los 90. Por años, cuenta, junto a su padre, Raúl, se dedicó a desarrollar y masificar nuevos productos, en el afán de agregar valor a la compañía que creara su abuelo, Bartolomé Traverso Gorsiglia.
“Junto con innovaciones como desarrollar el sucedáneo del limón, que fue un acierto, también desplegamos fuertes campañas publicitarias, cosa que nunca antes habíamos hecho. Ese doble esfuerzo tuvo como resultado que la compañía, 80 años después de su creación, pasó no sólo a ser conocida, sino que también reconocida en el mercado”, recalca su hermano Fabio (46), también director y socio de la firma.
La potencia que alcanzó la marca fue tal, recuerdan ambos hermanos, que no dudaron en sacar nuevas líneas de productos, todas bajo el mismo nombre. “Había que aprovechar dos cosas: la primera era la fuerza y reconocimiento de la marca y la segunda, la materia prima que teníamos y que es la base de una gran cantidad de productos como, por ejemplo, la mostaza, las salsas y el ají”, explica Renato.
El gran salto
Y como es de suponer, la ampliación del negocio no se produjo de la noche a la mañana. Fue a lo largo de toda la década pasada que la compañía desarrolló un intenso plan de crecimiento, que contempló la compra de varias firmas de la competencia y la renovación de maquinaria en sus plantas. “Eso fue bastante caro”, reconoce Fabio quien, sin entrar en cifras, se limita a decir que el proceso sumó varios millones de dólares. “Pero valió la pena”, remata.
En esta fase de crecimiento también acudieron a la fórmula de las asociaciones, para ampliar su portafolio. Fue así como se unieron al fabricante italiano de aceto balsámico Andrea Milano, alianza que les permitió comercializar sus productos en el país y llegar a segmentos donde no estaban. “A ellos los conocimos en una feria en Europa, sintonizamos de inmediato, lo que en gran parte se debió a nuestros orígenes comunes. Esto nos ha dado un gran plus y ha sido fundamental para elevar la calidad de nuestros productos”, cuenta Renato.
Con toda esta artillería, la empresa ya estaba preparada para dar otro salto, esta vez fuera de las fronteras nacionales. Hoy, sus exportaciones abarcan un amplio número de mercados de destino, tales como Ecuador, Panamá, Cuba, México, Brasil, Estados Unidos, Canadá, Sudáfrica, España, Francia e Israel; país, este último, al cual envían productos especialmente elaborados para el mercado kosher.
Pero esta decisión también tuvo otro antecedente. “había que aprovechar el boom de Chile como país productor de vinos, y como el vinagre es uno de sus derivados, obviamente que veíamos una oportunidad también para este producto; más aún, cuando su materia prima ya era mundialmente conocida”, agrega Renato.
Los sinsabores
Pero en el negocio del sabor también se pasan sinsabores. Porque cuando todo iba sobre ruedas, los Traverso se encontraron envueltos en un conflicto que les demandó mucho más que tiempo y dinero. “Los fruticultores, en particular los productores de limones, se sintieron amenazados por el sucedáneo del limón y nos demandaron para que quitáramos de la etiqueta la denominación jugo de limón. Es más, incluso trataron de prohibirlo, lo que fue una locura; más aún, cuando en todas partes del mundo se vendía”.
“Aquel fue un proceso complejo –recuerda Fabio–. Pasamos de una simple disputa comercial a un tema más bien político… Los fruticultores hicieron mucho lobby, a tal punto que lograron cambiar la denominación del producto por jugo de limón reconstituido. En el fondo, lo que se pretendía era desprestigiar nuestro producto”.
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Raúl Traverso heredó de su padre, Bartolomé, una antigua fábrica de vinagres, que más tarde transformó en una diversificada industria de alimentos.
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