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Artículo correspondiente al número 224 (21 de mar al 6 de abr 2008)
Nicolás Ibáñez se la juega. Como buen emprendedor, quiere dejar en claro que el fracaso de la fusión con Falabella no es el fin del mundo. Que tiene tantas ideas para desarrollar como potenciales socios para expandirse. En el mercado lo interpretan como un retorno; no a la gestión diaria de la empresa, sino como el claro líder de la nueva estrategia para D&S. Por Sandra Burgos.
El 30 de septiembre de 2002 fue el último día que Nicolás Ibáñez Scott se sentó en el sillón de la gerencia general de D&S. Terminaba así dos décadas de duro trabajo, de estar cerca de 14 horas diarias metido en la oficina, dedicado 100% en cuerpo y alma a sacar adelante a la compañía, imponiendo un sello que para algunos estaba obsesivamente marcado por el pragmatismo y la exigencia.
Con su salida de la gestión se ponía fin a la “etapa fundacional de D&S”, en la cual la cadena creció, pasando del supermercado al hipermercado. Quedaban las bases listas para que el nuevo gestor, su primo Cristóbal Lira Ibáñez, tomara las riendas y jineteara la empresa a ligas aún mayores.
La otra cara de la medalla era el inicio de una nueva etapa en la vida del empresario. Venía el tiempo del cambio, de buscar nuevos desafíos personales, giro que lo llevó a engancharse con el montañismo, el velerismo y cuanta actividad de deporte aventura se presentaba en su camino.
Pero la desconexión no fue total y siempre mantuvo un pie en la compañía. De hecho, en 2004 sorprendió a todos al asumir la dirección ejecutiva de D&S, lo que fue interpretado como el fin del período sabático, recuperando nuevamente el protagonismo en las decisiones de la firma
El regreso de Nicolás Ibáñez fue breve, duró hasta mediados de 2006, cuando la compañía se sumergió en un profundo plan de reestructuración que concluyó con el nombramiento de Enrique Ostalé como gerente general corporativo. Así tomaba las riendas de la cadena un hombre de las filas de Ibáñez, conocedor de su estilo, carácter e impulsos.
Hoy, tras la fallida fusión con Falabella, Nicolás Ibáñez se está preparando para hacer un nuevo retorno. Eso sí, esta vez no será a nivel de gestión, sino con el propósito de mostrar al mundo que el fracaso de la fusión no es el fin, que su proyecto continúa y que tiene las riendas firmes. Está decidido a dar un golpe en la mesa y a retomar la conducción de los destinos de la compañía, ya sea abriendo mercados o bien uniéndose a algún aliado que le permita crecer local e internacionalmente.
“Nicolás regresará, pero no como gerente general de D&S, ni como director ejecutivo: lo hará con un gran golpe, se dedicará a buscar alianzas internacionales, es posible que llegue a negociar con Wal Mart, Casino o Carrefour, el que le ofrezca la alternativa más atractiva. El ya dio la señal de que está dispuesto a ser minoritario; pero minoritario de un conglomerado grande, eso lo saben estos gigantes del retail; por tanto, no sería raro que en este regreso de Nicolás termine vendiendo el control de D&S y quedándose con un sillón del directorio de uno de estos gigantes. Eso le encantaría”, explica un cercano al empresario.
Hasta el 31 de enero, Nicolás Ibáñez estaba en otra etapa de su vida. Ya había hecho un estupendo trabajo en las negociaciones con Falabella, logrando un acuerdo absolutamente ventajoso de fusión. Perdía el control de D&S, pero ganaba una participación en el que se convertiría en el principal retailer de América latina. Además, lograba el manejo del negocio de supermercados en Chile y el resto de los países donde tuvieran presencia, blindando cualquier intromisión en su feudo. Por tanto, la llamada que recibió ese día anunciándole que el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia había rechazado la fusión fue una bofetada que no se esperaba. Tras el impacto inicial vinieron las cavilaciones y las decisiones. No tardó nada en reaccionar: recién había descendido de su velero en Chiloé y ya estaba hablando con los medios de comunicación sobre el
tema y no paró hasta hace un par de semanas, cuando comenzaron los rumores de venta de D&S a Wal Mart.
Y es que estaba sentido, molesto. Cercanos al empresario señalan que le incomodó que no hubiesen escuchado su opinión cuando, asesorado por sus abogados, recomendó no consultar al Tribunal de Defensa de la Libre Competencia ya que, si dejaban al organismo actuar de ofi cio, podrían contar con alternativas de apelación, lo cual no sucedería si tras la consulta el tribunal rechazaba la fusión… y eso fue finalmente lo que pasó.
No fue escuchado, ante lo cual decidió marginarse, dedicarse a otras cosas. Incluso quienes estuvieron en los encuentros del Comité de Fusión comentan que hubo muchas reuniones en las que no participó.
¿Por qué dio un paso al lado? A juicio de sus cercanos, había sido tan bueno el acuerdo con Falabella que decidió mantenerse al margen y ceder ciertas decisiones a sus nuevos socios, en señal de que estaba dispuesto a tener una posición conciliadora. “Nicolás es muy inteligente, pero también avasallador; por tanto, era mejor aislarse de ciertas decisiones, en pos de un buen entendimiento con los futuros socios”, explican cercanos al empresario.
Eso mismo fue lo que lo llevó a dejar las negociaciones con Wong en manos de Falabella. De hecho, hay quienes señalan que cuando Cencosud se quedó con la mejor presa del mercado peruano, Ibáñez comentó a los más cercanos su descontento y decepción sobre la forma en que se habían llevado las negociaciones. “Está seguro de que eso a él no le hubiera pasado, que habría dado la pelea hasta quedarse con Wong”, comentan cercanos. Hoy no quiere que le vuelva a pasar lo de Wong, y por eso decidió tomar las riendas en este revival y manejar él mismo la búsqueda de nuevas oportunidades de alianza para D&S.
Tiempo para planificar este regreso ha tenido. De hecho, desde que conoció el fallo del tribunal, su decisión fue clara: no apelar, pese a que los abogados insistieron en que había opciones de lograr algo en la Corte Suprema. Fuentes cercanas al empresario comentan que quiso dar de inmediato vuelta la página y concentrarse en los nuevos desafíos que se le vendrían.
Fue como una inyección de adrenalina a la vena, ya que él pensaba que con un fallo favorable podría mantener el ritmo de vida que llevaba, en el que D&S ya no tenía el 100% de su atención. Pero el golpe del tribunal lo volvió a la realidad y lo llevó a tomar la determinación.