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El rescate de un tesoro

Artículo correspondiente al número 228 (16 al 29 de mayo de 2008)

 

El Centro de Conservación, Restauración y Estudios Artísticos (CREA) lanzó el libro La Restauración que detalla la ardua labor de recuperación de las pinturas del Museo de Bellas Artes de Valparaíso, o Palacio Baburizza. Aquí está el proceso, que duró siete años, con sus resultados. Por María Luisa Vicuña.

 

 

 

Hace más de diez años que el Palacio Baburizza, Museo de Bellas Artes de Valparaíso, cerró sus puertas. No por falta de público y mucho menos por falta de obras. Fue por falta de una remodelación adecuada. El museo no estaba en condiciones para seguir funcionando, necesitaba un urgente trabajo de conservación. Clausuró sus umbrales y Valparaíso todavía espera a que vuelvan a abrirse. Al dejar de funcionar, su colección de 244 piezas quedó guardada en un depósito municipal.

Un año después del cierre se formó el Centro de Conservación, Restauración y Estudios Artísticos (CREA) y, para iniciar su ejercicio, demostrar cuánto sabían y la preparación que tenían, buscaron un proyecto a restaurar que fuera emblemático para Chile. Así llegaron a las obras del Palacio Baburizza.

Macarena Carroza, fundadora de CREA, cuenta: “elegimos el Baburizza porque pensamos que era un patrimonio que era necesario rescatar. Además, yo tenía una especial conexión con estas obras porque siempre íbamos a ese museo con mi familia”.

Otra motivación fue que en Chile nunca se había desarrollado un proyecto así, con una cantidad tan importante de pinturas de alto valor, que correspondiera al patrimonio completo de un museo y donde cada una de las piezas estuviera incluida.

En la primera etapa, el Centro propuso el proyecto a la Municipalidad de Valparaíso. Una parte podía acogerse a la ley de donaciones culturales, pero otro porcentaje requeriría de fondos privados. La municipalidad aceptó entregarles las obras, de modo que empezaran a trabajar. Fue entonces que CREA se empeñó en encontrar los fondos provenientes del área particular. Pero esos aportes nunca llegaron.

Las empresas no quisieron comprometerse con la iniciativa porque no conocían la labor de la institución y no sabían cuál sería el resultado. También era motivo de desconfianza que el Palacio Baburizza, que las albergaba, estuviese cerrado, sin fecha de remodelación ni de reapertura. Concluyeron en que el riesgo de que la colección restaurada no pudiera ser apreciada nunca por el público era alto.

Pese a las dificultades, el Centro siguió adelante con el proyecto y decidieron financiar íntegramente la tarea de recuperación de las obras. Este proceso fue dividido en cinco etapas a lo largo de siete años y costó 480 millones de pesos. El equipo a cargo incluyó un total de 19 personas.

 

 

La luz fluorescente resaltó la precensia de repintes pictóricos anteriores que intentaban esconder rasgados en la tela. Se retiraron esas intervenciones para realizar una mejor restauración.
CREA corrigió los avalúos de las obras entre las que se encuentran valiosas piezas, especialmente españolas y francesas

Una tarea científica

 

 

Lo primero fue el traslado de la colección desde la bodega en Valparaíso al depósito que el Centro les tenía destinado en Santiago. Las piezas estaban guardadas en muy malas condiciones, pero estables, lo que implicaba en la práctica que la más mínima alteración –como el cambio de clima del puerto a la capital– las podía deteriorar.

En Santiago comenzó el análisis del estado de cada pintura, a través de exámenes visuales y de laboratorio, para luego definir las técnicas y el procedimiento más idóneo para operar. Macarena Carroza explica que una pintura puede semejarse en este sentido a un sándwich: tiene tres capas. La pictórica, que es la que finalmente el visitante aprecia. La de preparación, que es todo el trabajo realizado inicialmente por el artista como, por ejemplo, las pruebas o los dibujos que después borró. Y, finalmente, la tela o lienzo propiamente tal. Cada una de estas capas es analizada a través de complejos sistemas y máquinas, que CREA debió importar especialmente. “Cada obra es distinta. Es como el paciente de un doctor: no tienes un tratamiento estándar para todos y, al contrario, realizas un diagnóstico por separado y luego decides cuáles serán las medidas a tomar. En la restauración es lo mismo, sólo que aquí el paciente es la pintura”, plantea la directora del Centro.

El grupo seleccionó los criterios de intervención, que se basaron en los principios fundamentales de la restauración científica, como son el de una mínima intervención, máximo respeto por el original, reversibilidad de los materiales, el principio del caso a caso, el registro de cada proceso y la utilización de materiales probados y controlados. Estos criterios no hacen más que confirmar el compromiso y la rigurosidad con que los restauradores realizaron su trabajo.

Un aspecto interesante es que, tal como uno de los principios lo dice, todo es reversible. En otras palabras, todo lo que se efectuó podría ser deshecho, un factor esencial de recuperación: “uno nunca toca la pintura original. Eso es básico. Todo lo trabajas en otras capas, que podrías retirar. Lo más importante es el trabajo que el autor hizo”.

En el caso de la colección del Palacio Baburizza, se detectó que muchas obras ya habían sido intervenidas, y que dichas restauraciones habían sido muy mal hechas. Hubo, por tanto, que realizar labores adicionales para eliminar esos cambios, volver al original y luego comenzar la conservación.



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