Bienvenido, te encuentras en Inicio arrow Reportajes y Entrevistasarrow El rearme de Nicolás Ibáñez

Reportajes y Entrevistas
El rearme de Nicolás Ibáñez

Artículo correspondiente al número 270 (26 de febrero al 11 de marzo de 2010)

 

A un año de vender parte importante de su participación en D&S, el empresario está a punto de salir a invertir parte de esos recursos. Recientemente terminó de armar el equipo que administra su family office y en los próximos meses la tarea es evaluar cuanto proyecto se les presente. Se viene un año movido para Ibáñez, que en su dimensión deportiva, al menos, partió con un triunfo en la Regata Chiloé. Por Cristián Rivas N.

 

La imagen de Nicolás Ibáñez levantando la copa que evidencia su triunfo en la Regata Entel PCS Chiloé no es más que la antesala de una serie de conquistas que podrían venir durante el año. Pero no se equivoque. No hablamos de materias exclusivamente deportivas –en las que además de las velas, el empresario ha mostrado logros destacados en el montañismo y las maratones–, sino más bien de una serie de inversiones que desarrollará como parte del trabajo que ya está llevando adelante un selecto grupo de colaboradores a través del family office que formó en septiembre pasado.

No podemos dejar de mencionar que este “salir de compras” del emblemático supermercadista –almacenero, para los amigos– se da a poco más de un año desde que junto a su hermano Felipe, se desprendiera del 38% de las acciones de D&S al traspasarlas a la estadounidense Wal-Mart en alrededor de 1.000 millones de dólares, tras dos procesos de OPA realizados por la multinacional.

Por supuesto, la operación los transformó en el blanco perfecto de corredoras y bancos de inversión, que no pararon de hacer llamados telefónicos invitándolos a participar en distintos negocios. Ambos, eso sí, se tomaron las cosas con calma. Felipe ya había dado algunos pasos para concretar su family office y Nicolás decidió hacer lo mismo con su hijo mayor, Nicolás Ibáñez Varela, con quien se echó a la tarea de buscar distintas alternativas para administrar sus activos, entre los que aún se cuenta una parte del 24% de las acciones de D&S que tiene junto a Felipe y que los mantiene a ambos como directores.

Pero la construcción de un andamiaje bien aceitado para canalizar sus inversiones no es lo único que ocupa la atención de Ibáñez. Ya hablamos de los deportes, con los cuales sencillamente vibra, pero no hemos mencionado que de un buen tiempo a esta parte el mundo rural y agropecuario lo tiene cautivado y que, con menos fanfarria, también ha abierto una veta social.

A continuación, el nuevo Nicolás Ibáñez, en cuatro actos.



Tiempo de invertir

En agosto pasado Nicolás padre e hijo dieron con el hombre que pondrían a cargo de sus recursos. Se trataba del gerente de inversiones de Compass Consorcio, Antonio Larraín, que al mes siguiente comenzó a administrar los fondos del empresario a través de la sociedad Future Investments S.A. (Finsa).

Lo que supimos de boca del propio Larraín es que en este plano se viene un año muy movido –quizá el más movido para Ibáñez desde que estaba a la cabeza del día a día en los supermercados Lider–, pues ya están evaluando varios potenciales proyectos, aunque por ahora prefiere no hablar de ninguno en particular. De momento –dice Larraín– los recursos familiares están resguardados en distintas inversiones en el mercado financiero, con operaciones dentro y fuera del país.

Las cosas se han tomado en serio en el desafío emprendido por Nicolás Ibáñez. Larraín ha procurado seguir los pasos de su jefe en lo que a formación de equipos se refiere, donde el empresario es descrito como un buen articulador. De hecho, algo de eso se vio, por ejemplo, en la tripulación que armó este año para su nuevo yate Trafalgar que corrió en Chiloé y que contó con campeones nacionales y extranjeros.

La primera misión de Larraín, recién terminada hace unas semanas, fue reclutar a quienes lo acompañarán en esta búsqueda de proyectos e inversiones. El mismo confidenció que se trata de un team pequeño, de seis miembros incluyéndolo, y que está compuesto por ejecutivos jóvenes con experiencia en distintos bancos de inversión.

Funcionarán desde una oficina arrendada en diciembre pasado en la avenida El Bosque, en el mismo edificio donde opera la prestigiosa corredora LarrainVial. La misión allí será evaluar cuanta potencial iniciativa se les presente, sin importar el sector del que provenga. “Estamos muy abiertos a analizar iniciativas en distintas áreas”, advierte al momento de afirmar que lo más seguro es que este año los llamados del sector financiero aumenten en la búsqueda de capital.

Claro que para eso no estarán solos. De hecho, la idea es afianzar contactos con distintas firmas consultoras, a las que encargarán estudios puntuales sobre determinadas áreas, con el fin de apoyar o no las decisiones de inversión.

A campo traviesa

Aunque por ahora no hay decisiones relevantes en materia de inversiones de mayor tamaño, lo que sí está claro es que Nicolás Ibáñez ha continuado profundizando su interés personal por distintas inversiones en el mundo agropecuario. Lo más reciente, describen empresarios agrícolas de la X Región, es el interés por ampliar sus predios; para lo cual, aseguran, ya estaría negociando varias compras de tierras, una de ellas en las cercanías de Osorno, donde aspira a conseguir un fundo de 500 hectáreas.

La idea sería extender su base ganadera, que actualmente maneja a través de Lácteos Tronador, empresa que opera al interior de Purranque y que hasta diciembre pasado entregaba su producción a Surlat, aunque hoy lo hace a Soprole. Supimos que el empresario se vio obligado a hacer este cambio tras su fallida intención de pasar a formar parte de la propiedad de Surlat, lo que finalmente no prosperó entre los actuales accionistas.

Al margen de esto, en el sur se destaca a la lechería de Ibáñez como una de las mejores en infraestructura e innovación. La misma que también está poniendo en el sello pecuario, con el ingreso a Chile de ejemplares de la raza de vacas inglesas Highland, muy conocidas por su largo pelaje.

Aunque para algunos se trate más de un capricho, que ya exhibió a fines del año pasado en la exposición SAGO Fisur de Osorno, lo cierto es que Ibáñez vio en esta raza un potencial de negocio, principalmente por el mayor valor que tiene su carne en los mercados internacionales; sobre todo, en Europa.

Hasta ahora, el criadero que puso en marcha en un predio de Panguipulli cuenta con unos cuarenta ejemplares: es el único de este tipo en Chile y uno de los pocos que están fuera de Inglaterra. Pese a que la intención del empresario es aumentar el número de cabezas y propiciar su crianza en en el país, entre algunos agricultores del sur no se ve con muy buenos ojos su llegada, pues estiman que es un ganado difícil de manejar, por sus enormes cuernos y las dificultad de adaptación a un territorio que no es parecido a las llanuras sin grandes matorrales de su hábitat natural.

Adrenalina deportiva

La Regata Entel PCS Chiloé es la competencia náutica más difícil del circuito nacional. Quienes conocen de cerca esta aventura cuentan que los riesgos principales vienen por el lado del viento, que cambia mucho de un rato para otro, y de las fuertes corrientes, que son capaces de arrastrar rápidamente a las embarcaciones si se toman malas decisiones en la ruta. Por eso, se dice que los que compiten allí requieren de habilidades náuticas muy elevadas y, sobre todo, de mucha estrategia.

Estrategia que, por cierto, Nicolás Ibáñez mostró de sobra en esta oportunidad, con el declarado propósito de dejar atrás los dos segundos lugares que había obtenido su bote, El Almacenero, en esta misma competencia en años anteriores.

Como él mismo reconoció públicamente tras ganar seis de las ocho “patas” que lo catapultaron como líder de la regata –y que lo hicieron lanzarse al agua como manda la tradición para quienes ganan–, no fue una cuestión de suerte, sino de sentarse a pensar e idear toda una campaña de trabajo que después de varios meses rindió sus frutos.

Lo primero que hizo fue cambiar su embarcación. Mandó a fabricar un nuevo bote con el reconocido diseñador argentino Javier Soto Acebal, que le construyó un modelo Soto 42, similar al que ya tenían algunos de sus cercanos como Cristóbal Lira, pero más moderno. Con una inversión que algunos sitúan en torno a los 500 mil dólares, Trafalgar –como lo bautizó– llegó a Chile en octubre pasado y comenzó inmediatamente su preparación para enfrentar el sur.

Lo que vino después también fue reclutar a los expertos que lo acompañarían en la misión. El primero, su compañero de siempre, Homero Novoa, como capitán y secundado por una tripulación integrada por Manuel González, primer campeón mundial de Chile en vela; Santiago Lange, doble medallista olímpico argentino, y otros participantes españoles y argentinos, además de algunos oficiales de la Armada, por ser el yate que representaba a esa rama de la Defensa en la competencia. No está de más recordar que Ibáñez está muy ligado a esa institución en su carácter de reservista.

Lo que se comenta entre sus cercanos es que, en lo referente a deportes –también es asiduo montañista y maratonista–, el velerismo ha estado en el centro de sus preocupaciones en el último año. Claro que también destacó su participación en la maratón de Nueva York, a comienzos de noviembre pasado (en tres horas 48 minutos), ruta que compartió con su amigo y cercano colaborador, el abogado Alberto Eguiguren.

De montañismo no se ha sabido mucho en el último tiempo. Lo último grande que hizo fue hace más de un año, cuando en compañía de expertos de Vertical –la empresa del reconocido deportista Rodrigo Jordán en la que también tiene participación Ibáñez– fue la ascensión del McKinley que, con sus 6.236 metros sobre el nivel del mar en Alaska, es la cumbre más alta de Norteamérica. Antes ya había coronado el Lohtse en los Himalaya, que se empina como la tercera cumbre más alta del mundo, con más de 8.500 metros.

La veta social

No sólo a los negocios y deportes ha dedicado tiempo Nicolás Ibáñez en los últimos meses. Un poco menos conocida es su veta social. Por algunos de sus cercanos supimos, por ejemplo, que ha estado muy concentrado en sacar adelante un club de vela para niños a orillas del lago Panguipulli.

Allí, con el apoyo de varios otros empresarios que suelen vacacionar en la zona –entre cuyos nombres suenan los de Sven von Appen y Carlos Cardoen– y con la Federación Chilena de Navegación a Vela, puso en marcha en enero pasado las clases para poco más de 60 menores. La idea, según él mismo ha reconocido, es que los alumnos salgan capacitados para trabajar en cualquier área de la navegación y mejoren sus oportunidades en el futuro.

En la misma comuna, el empresario también está a la cabeza de otro proyecto: la Fundación Oportunidad, que creó junto a varias ramas de la familia –principalmente, sobrinos– y que cuenta desde hace poco más de un año con un hogar para acoger a adultos mayores.

Comenta este artículo

Nombre
:
Email
:
URL
:
  (Opcional)
Código Verificación Capital.cl

Comentarios

0 Comentarios

 
IAB ChileCertifica.com