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Reportajes y Entrevistas
El planeta en riesgo

Artículo correspondiente al número 199 (09 al 22 de mar 2007)

PROFUNDIDADES DESDE LA ORILLA

Si de profundidades se trata, hay que decir que antes que ecólogo, Juan Carlos Castilla es biólogo marino y gran parte de su conocimiento ha sido en el océano, pero no mucho más allá de la orilla. Su especialidad es el ecosistema costero, aquel que provee deliciosos mariscos y excelentes corvinas, merluzas y jureles. Trabajando estrechamente con pescadores artesanales y buzos mariscadores, el profesor, junto a su equipo del Centro de Estudios Avanzados en Ecología y Biodiversidad (Caseb) de la Pontificia Universidad Católica de Chile y el Departamento de Ecología de la UC, ha tenido logros sorprendentes, impulsado numerosos proyectos científicos en favor de la conservación de los recursos litorales.

Fue creador y director de la Estación Costera de Investigaciones Marinas de Las Cruces, donde la UC realiza investigación de punta y donde se comenzaron a elaborar modelos de manejo pesquero artesanal únicos en el mundo, como son las Areas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos (mariscos y algas). Su trabajo influyó directamente en la elaboración de la Ley de Pesca, al punto en que estas áreas de manejo hoy se encuentran en manos de comunidades organizadas de pescadores y permiten un uso racional y sustentable de los recursos, garantizado por la legislación.

Pasando la mitad de su tiempo, o más, en estas aguas, la productividad y el impacto de su trabajo es notable. Ha publicado más de 125 artículos en revistas y ha sido citado unas 2.200 veces por otros investigadores, más que cualquier otro especialista en ciencias del mar. Sin ir más lejos, es el científico radicado en Chile, de cualquier área de especialización, que más artículos ha publicado en la prestigiosa revista Science.

Pero tal vez lo más destacable es que junto con el científico racional y metódico convive en el profesor Juan Carlos Castilla una persona que ha desarrollado una fina sensibilidad y tiene convicciones profundas sobre el papel que le toca desempeñar al ser humano en este planeta.

-Profesor, me imagino que trabajando tan directamente con la naturaleza habrá llegado a formarse una opinión sobre por qué el ser humano, siendo parte de ella, se comporta más bien como un agente nocivo para su equilibrio.

-Bueno, sí. Pienso que a Jeremy Jackson y a mí nos dieron este premio del BBVA, que es súper competitivo y prestigioso en el mundo, porque los dos tenemos una filosofía. Y es que el hombre es parte del sistema y no hay modo de acercarse a éste sin pensar en el bienestar humano. Hay que considerar que los ecosistemas nos prestan diversos servicios, desde recursos hasta servicios estéticos, como cuando uno observa un paisaje. Le pongo un ejemplo. Yo trabajo fundamentalmente en recursos costeros, de cero a 20 ó 30 metros, y en esos ecosistemas hay pescadores. Lo primero que uno debe hacer es considerar en los experimentos con o sin el ser humano dentro del ecosistema. En mis experimentos me di cuenta de que el número de los recursos, el tamaño de los mariscos, etc., eran distintos según la presencia de las personas y comenzamos a entender el sistema. Uno se puede quedar ahí, publicar su trabajo, que le paguen su Fondecyt y listo. Pero yo tuve la intención de llevar esto a la realidad.

-¿Y cuál resultó ser la realidad?

-Fuimos a un par de caletas reales y convencimos a los pescadores dejar reposar ciertas áreas para ver qué pasaba. Pero ellos sabían lo que iba a pasar, más que nosotros, sabían que iban a aumentar los recursos. Bueno, si lo sabían ¿por qué entonces no tenían un sistema de manejo para controlar la explotación? Su problema era que carecían de resguardo legal para cuidar sus recursos, porque como en el mar no hay propiedad, aunque ellos lo hicieran se les podían meter otras personas. Los resultados de este trabajo permitieron que la ley de pesca les asignara áreas de manejo exclusivo a los pescadores artesanales organizados –la palabra organizados es muy importante– y 15 años después hay 600 de éstas, con cerca de 20 mil pescadores involucrados, haciendo un manejo racional.

-¿Cuál es la moraleja de la historia?

-La clave del asunto es que el ser humano, para valerse de estos servicios, se comporta de manera diferente cuando comprende su rol dentro del sistema, porque surge la voluntad de hacerse responsable.

-O sea que usted no cree que el ser humano sea un depredador por naturaleza.

-Yo considero al ser humano el depredador más eficiente que existe. Le basta tener un atornillador en la mano para sacar 20 ó 30 locos por minuto. El descriterio viene cuando los sistemas son abiertos, como ocurría en nuestro litoral antes de la ley de pesca. Era el Lejano Oeste. El pescador artesanal es un cazador, expone la vida cada vez que sale, uno no puede pensar en transformar al cazador en acuicultor de la noche a la mañana. Yo he visto cambios sociales notables motivados por este orgullo de sentirse parte de algo. La conciencia surge cuando se regula, lo cual equivale también a permitirle a la gente comprender lo que está pasando. Entonces empiezan a surgir cambios importantes que sobrepasan el propio beneficio. Nosotros formulamos una hipótesis con todo esto: capaz que la biodiversidad aumente en estas áreas más cuidadas y así fue. Entonces surgió un nuevo paradigma, que es posible unir un manejo racional con el cuidado de la biodiversidad, a diferencia de aquel imperante que dice que es necesario excluir al hombre.

-¿Usted piensa que esta visión puede trasladarse a otras áreas para enfrentar la problemática medioambiental?

-Bueno, en tierra es diferente porque hay derecho de propiedad, entonces basta con que alguien tenga intereses industriales para que la cosa se complique. Mientras quienes tienen intereses económicos no entiendan que el medioambiente es parte del negocio, no se avanzará mucho. Pero yo soy optimista, porque cuando se trabaja en serio, con las herramientas y el conocimiento adecuado, más que con slogans, uno obtiene resultados. Volvemos a lo mismo: nuestra generación debe hacerse responsable de formar adecuadamente a las que vienen.

LA BATALLA POR EL CALENTAMIENTO

Sin que él lo supiera, Juan Carlos Castilla fue propuesto para el Premio Internacional a la Investigación Ecológica de BBVA por un grupo de profesores de la Universidad de Barcelona.

Repuesto de su sorpresa por haber ganado, el profesor aprovechó la oportunidad para dar a conocer un ambicioso proyecto que une a científicos españoles y chilenos: crear un Centro Iberoamericano de Calentamiento Global y Cambio Climático, que estudiaría las “huellas moleculares” de este fenómeno en diversas estaciones situadas en la costa chilena y peruana, donde los efectos se muestran claramente en fenómenos como El Niño o el agujero en la capa de ozono.

“Estamos en una posición inmejorable para estudiar el fenómeno del cambio climático de manera directa. Si bien el proyecto es aún una idea, tenemos claro cómo desarrollarlo y podría entrar en operaciones hacia el año 2010”, explica.

El premio de la Fundación BBVA completa los reconocimientos que ha tenido la labor del profesor Castilla, entre los que destacan su nombramiento como miembro asociado extranjero de la National Academy of Sciences de Estados Unidos, de la Academia de Ciencias del Tercer Mundo (TWAS) en 2004, y más recientemente, como miembro de la Fullbright Academy of Sciences and Technology y de la Academy Hassanll of Sciences and Technology, de Marruecos.



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