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Artículo correspondiente al número 219 (2007-12-14 al 2007-12-27)
El destacado economista y premio Nobel de la especialidad fue el invitado estrella al reciente encuentro empresarial de Enade. Desde esa tribuna llamó a poner el foco en el capital humano, un área que le apasiona y que ahora comparte con otra gran cruzada: la legalización de las drogas. Por M.Angélica Zegers y Javiera Moraga.

Los defensores de la prohibición y los sheriff de la droga podrán darse el gusto de decir –igual que en la publicidad de la cerveza– que Becker está en Becker. Simplemente en otra. Pero este economista de 77 años y uno de los académicos más respetados en Estados Unidos y el mundo, está muy consciente de cada cosa que dice. Cuando analiza el tema feroz del crimen asociado a la droga, no tiene reparos en afirmar que la única salida posible es la legalización y si llegó a esa conclusión no es por “tincada”, sino por la misma capacidad de análisis, estudio, creatividad e inteligencia que le valió el premio Nobel de Economía en 1992. Aunque dicho sea de paso, también puede influir el vivir en Chicago, ciudad fuertemente marcada por la prohibición del licor en los años 30 y que produjo las feroces mafias que se recuerdan hasta hoy, además obviamente, de que no puede negar el alma mater libertaria de la Universidad de Chicago, donde fue alumno de profesores de la talla de Milton Friedman y Theodore Schulz mientras hacía el doctorado en economía y donde hace clases hasta hoy.
En sus comienzos, el trabajo de Becker sufrió la resistencia de los economistas más tradicionales, ya que abordaba temas que hasta entonces eran propios de la psicología y la sociología. De hecho, él mismo llegó a decir que “durante treinta años no fui percibido como un verdadero economista”. Sin embargo, con el tiempo –y principalmente gracias a los economistas más jóvenes– sus análisis comenzaron a entusiasmar a muchos. El tema del capital humano, resumido en un libro con ese nombre que se publicó en 1964 y que es un clásico absoluto en economía, apela a que una fuerza de trabajo bien entrenada es un importante activo para un país, puesto que la capacitación de los trabajadores aumenta la capacidad productiva de la fuerza laboral. Asimismo, recomendó la eliminación del salario mínimo para incentivar la contratación de un mayor número de desempleados.
Lo que busca mostrar Becker es que la racionalidad económica se aplica a todos los comportamientos de las personas y de ahí que muchas de sus investigaciones causen polémica. Su trabajo sobre la legalización de las drogas, o su propuesta de vender el derecho a inmigrar mediante la subasta de visas o permisos de trabajo, son ejemplos de una mirada absolutamente libre de prejuicios a la hora de aplicar el mercado.
Sin egos de por medio, en esta entrevista con Capital habló del modelo, de la desigualdad, de la educación y también de cómo las recetas de hace treinta años aún están vigentes.
Desigualdad y educación
-¿Qué es más grave: la brecha entre ricos y pobres, o que los pobres no tengan lo suficiente para vivir con dignidad?
-Creo que lo más importante es el nivel de ingreso de la gente más pobre. Los intelectuales siempre se preocupan más por el tema de la brecha, pero a los necesitados les inquieta mucho más saber de cuánto dinero dispondrán para comprar comida y realizar otras actividades. Por eso el desafío es proyectar un aumento en el ingreso de las personas que menos ganan. Sin embargo, pienso que dentro de una política de largo plazo lo más importante es entregar mayores recursos destinados a mejorar la calidad de educación de esas personas, porque esa es la fórmula para aumentar sus ingresos.
-El tema de la desigualdad se ha instalado muy fuerte en Chile y también en el resto de América latina. ¿Cree que tiene que ver con un mayor desarrollo o hay también factores políticos que inciden?
-Si las diferencias entre ricos y pobres aumentan porque hay más personas que están siendo educadas, o incluso porque ellos han logrado desarrollar mayores habilidades y destrezas de las que disponían anteriormente, eso tiene un buen efecto general en la reducción de la brecha. Las personas que reciben más y mejor educación entregan un retorno mucho más alto dentro de esa inversión. El problema es cuando hay mucha demanda en educación y no hay manera de satisfacerla y aquí entra también el tema de la calidad. Es obvio que este tipo de discusiones son propias de países que aspiran al desarrollo.