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El nuevo salto del salmón

Artículo correspondiente al número 208 (13 al 26 de jul 2007)

 

 

-Por el peso de esta industria, ¿no debería ser Chile un ejemplo mundial?


-Queremos serlo. El problema es que esta industria es muy nueva y se ha levantado por sí sola y muy a pulso. Chile, como país, gasta en 9 dólares de cada 100 que exporta en productos agrícolas y los resultados no han sido ejemplares. Pero en la salmonicultura el país gasta apenas 80 centavos de dólar por cada 100 exportados. Entonces, claramente la institucionalidad y el gasto público orientado al sector están muy por debajo del estándar.

 

 

-¿El gobierno está apoyando a los salmoneros como lo esperan?


-Claramente no. Y estamos de acuerdo en eso con el ministro Ferreiro. Por lo mismo, él tiene preparado aumentar el presupuesto para la Subsecretaría de Pesca en forma muy, muy importante, porque está conciente de lo que opinamos. La infraestructura disponible para nosotros es muy frágil. Hay una subdotación de profesionales, de recursos, de actividades y estudios. ¡Y aquí lloran estudios! Para ver de verdad cuál es la realidad.

 

 

 


Alejandro Buschmann


 


Alejandro Buschmann es una eminencia en el tema salmonícola. Doctor en Biología de la Universidad Católica, profesor del tema desde hace 21 años, director del Instituto I-Mar de la Universidad de Los Lagos y miembro de la Academia Chilena de Ciencias, hoy trabaja junto a un grupo de investigadores de Canadá, Suecia e Israel para enfrentar científicamente el desarrollo de la acuicultura y los problemas ambientales que puede generar.

 

Al igual que César Barros, Buschmann cree que la investigación y el material científico serio en publicaciones importantes a este respecto es pobre e insuficiente para rebatir o desestimar las acusaciones de daño ambiental que pesan sobre la actividad. Con todo, para él éste no es un tema privativo del ecologismo. A su juicio hay aquí una tendencia mundial de los mercados, que cada día exigen más regulaciones respecto para los fines de la producción limpia.

 

 

-¿Cuáles son los efectos que podría estar causando la cría de salmones?


-Hay varios tipos de efectos y son complejos de medir. Si se revisa la literatura científica mundial –no los reportes de grupos ecologistas ni nada de eso– hay una gran cantidad de trabajos que plantean que el cultivo en aguas marinas o lacustres de organismos carnívoros produce sedimentación en los fondos, disminución del oxígeno, cambios en la biodiversidad de los fondos marinos e ingreso de nutrientes. Eso es incuestionable. En Chile no existen más allá de cinco buenos trabajos publicados en revistas científicas sobre el tema, pese a que somos líderes mundiales. Los noruegos producen rumas de literatura y datos científicos.

 

 

-¿Por qué razón acá no se hacen más estudios serios?


-Primero, porque somos un país de pobre desarrollo y de alguna manera tenemos la presión de generar riqueza y empleo. Eso se ha priorizado por sobre el problema del medioambiente. Ahora, el problema con el cultivo de organismos carnívoros es a nivel mundial, y Chile comienza a recibir las presiones. Los norteamericanos están poniendo un montón de trabas y también los japoneses, que en verdad se preocupan solo de su propio entorno. Los europeos también se están fijando muchísimo en este asunto. La manera de abordar esto es dando un giro y generar los espacios para que exista la información.

 



-¿Qué pasa con la información que genera la Subsecretaría de Pesca en sus controles?


-Bueno o malo, ahí hay un set de informaciones. Se sabe que muchos de esos datos no sirven de mucho porque están tomados por consultores que no tienen las capacidades para hacer un buen trabajo. El punto es que uno podría dudar de la capacidad que hoy tiene la Subsecretaría de Pesca. No por la capacidad de las personas, sino por el tamaño y por las restricciones con que opera.

 

 

-¿Ha habido daño al ecosistema?


-Hay un trabajo del año 2004 de la profesora Doris Soto, hoy funcionaria de la FAO en Italia, que constata que bajo las balsas-jaulas la biodiversidad se va al piso, muere. Desaparece una gran cantidad de organismos que viven ahí. Ella no es ambientalista. La misma Doris Soto, en 2001, señaló que cuando hay muchos salmones que se escapan en zonas costeras, la fauna de peces nativos tiende a desaparecer. Ahora bien, yo pongo en duda un estudio hecho en un período de tiempo restringido y extrapolado a todo nuestro entorno. Y si fuera salmonero lo pondría más en duda. Pero si fuera gobierno diría que acá hay un trabajo serio, financiado por el Fondo de Investigación Pesquera, que dice que a esto hay que darle una mirada seria e independiente.

 

 

-De ser ese el efecto, sería la propia industria la afectada.


-Exactamente. Si los salmones se ven afectados, lo que debería suceder es que los mecanismos de regulación de mercado deberían generar las soluciones. Esa respuesta daría un empresario bajo el prisma de las reglas del mercado. Sin embargo, en ninguna parte del mundo estas cosas se han solucionado por esa vía y el mercado tiene imperfecciones. Y las imperfecciones hay que regularlas.

 

 



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