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Artículo correspondiente al número 266 (27 de noviembre al 10 de diciembre 2009)
“Todo lo que apunte a la reconciliación y la misericordia va a contar con el apoyo del Ejercito. Es interesante también (…) que quienes estén condenados por delitos de violación a derechos humanos puedan acceder a beneficios penitenciarios de acuerdo a la ley”.
“También Chile -que no tiene ninguna aspiración territorial ni tiene ningún tipo de irredentismo- esta dispuesto a defender con mucha firmeza, lo que en derecho estima que es su soberanía”.
Financiamiento: “No puede cambiarse el sistema, mientras no se arregle definitivamente el déficit estructural que tiene el presupuesto de las FF.AA. Porque hay una diferencia muy grande entre los recursos que se tienen para inversión y los operacionales”.
Por Patricia Arancibia Clavel; fotos, Verónica Ortiz.
Oscar Izurieta Ferrer pertenece a ese tipo de personas que son capaces de realizar con éxito lo que se proponen. Escogió la vida del soldado y, claro, a los 15 años ya era el Tambor Mayor de la Escuela Militar, egresando en 1969 con la primera antigüedad de su promoción, igual que lo haría más tarde en la Academia de Guerra. De ahí en adelante, fue avanzando grado a grado, marchando con entusiasmo de una destinación a otra y desempeñando sus funciones con singular eficacia. Es, a mi juicio, un ejemplo vivo de cómo debe ser y actuar un oficial chileno: caballero ante todo –de él se dice que es capaz de entrar a un salón con las botas embarradas, pero sin manchar la alfombra–, capaz de diferenciar al vuelo lo esencial de lo accesorio, abierto al conocimiento de las cosas, lugares y personas diversas, aplicado y responsable pero, sobre todo enamorado de Chile y de su institución.
Lo conocía, pero al conversar ahora en un plano más oficial, inmersos en la solemne atmósfera del piso que ocupa en el Edificio de las Fuerzas Armadas, envuelto en los recuerdos de un Ejército de gloriosa trayectoria, advertí en mayor grado su inteligencia, solidez y claridad de ideas. Es querido y tiene un fuerte y amplio prestigio al interior de la institución, ganado a través de una trayectoria impecable. Al igual que él, su padre fue comandante en jefe y con orgullo puede decir que es el único caso en toda la historia de Chile republicano. Lo fue también su primo Ricardo; es decir, esta es una familia que lleva en las venas el ethos militar.
El 9 de marzo próximo deja su cargo, culminando una tarea que ha sido exitosamente percibida por la ciudadanía. Sin duda –ya en retiro– seguirá aportando al desarrollo nacional, pues hombres con su visión de conjunto, su nivel de comprensión político militar, don de mando y experiencia en toma de decisiones, no se encuentran con facilidad. Sería lamentable que el Estado chileno desperdiciara estas capacidades.
-Según las últimas encuestas, la credibilidad y confianza en el Ejército por parte de la ciudadanía nunca ha sido tan alta. ¿A qué lo atribuye usted?
-A varios factores. Es indudable que la normalización del país y de las instituciones armadas ha contribuido notoriamente a ello. También creo que a los chilenos, en general, siempre les han gustado sus Fuerzas Armadas y se sienten históricamente orgullosos de ellas. Chile es un país que se ha hecho con mucho esfuerzo y sacrificio, que ocupa una posición compleja dentro del continente y que necesita tener una defensa eficiente. Los chilenos tienen la percepción de esta necesidad y cuando ven que sus FFAA tienen esa capacidad, la valoran mucho más. Además, las instituciones han tenido una fuerte inserción social, un sentido de responsabilidad bastante acrecentado que, si bien es histórico, hoy se visualiza más gracias al desarrollo de los medios. Pero lo fundamental es que las FFAA están absolutamente insertas en el sistema institucional chileno y cumplen bien el papel que la ciudadanía espera de ellas: proporcionarle seguridad, defensa y paz. Por eso me siento orgulloso de mandar el Ejército chileno, el que es valorado, respetado y querido por la gran mayoría de los chilenos, tal como ha quedado reflejado en todas las últimas encuestas de opinión pública.
-¿Cuáles fueron los criterios que se aplicaron para elegir a su sucesor, el general Juan Miguel Fuente-Alba?
-Lo principal es no desmarcarse de los principios que establece la Constitución, las cual señala que el presidente de la República tiene la facultad, única e ineludible, de decidir quién va a suceder al comandante en jefe entre de las primeras cinco antigüedades que estén en ejercicio al momento en que se produce la designación. Todos los Generales que estuvieron en la quina –por algo llegaron ahí– cumplían criterios profesionales y personales de alto estándar. Pero aquí hay un tema que no es menor: en el Ejército ha habido un sentido de regularidad y continuidad muy grande, que tiene un valor importante para la institución y es que se ha ido designando a quien en el momento de la quina es el número dos después del comandante en jefe en ejercicio. En este caso, el general Fuente-Alba encabezaba la quina y cumplía con todos los requisitos para continuar la tarea que el Ejército está llevando a cabo.
-¿Cómo ha sido la relación del Ejército con la presidenta?
-Muy fluida. Yo he sentido el apoyo permanente de la presidenta, en los momentos buenos y en los momentos complejos, y creo que el hecho de que ella haya sido ministra de Defensa y conociera las instituciones por dentro ha sido una ventaja indudable para las FFAA. Además, ella tiene una empatía especial con nuestras instituciones. Indudablemente hay oportunidades en que –como es natural– hemos tenido diferencias de opinión, pero se han analizado franca y abiertamente, con mucha libertad y altura de miras. Creo que para la defensa nacional su gestión ha sido muy beneficiosa.
-¿Y con el ministro Vidal?
-No quiero aparecer calificando al ministro de Defensa, pero no puedo dejar de decir que realmente es gratificante cuando uno ve a un ministro que desde el primer día se pone a la cabeza del sistema de defensa. Ha hecho todo lo que está de su parte, dentro de sus atribuciones y de sus capacidades, para que las Fuerzas Armadas puedan alcanzar los objetivos que se han trazado. Es una persona que enfrenta los problemas sin esquivarlos y pone todo su empeño en solucionarlos. Nos sentimos cómodos con él, es franco y directo y tiene la camiseta de la defensa bien puesta. El hecho que sea un ministro que no está sentado al frente de uno sino que está a la cabeza de uno, tiene un valor tremendo especialmente, en un sistema democrático en el cual las Fuerzas Armadas requieren interactuar en todos los niveles.