|
|
Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas El último Opus de Alvin Toffler |
Califica este artículo
Otros artículos de la sección:
Artículo correspondiente al número 255 (26 de junio al 9 de junio de 2009)
El escritor y futurólogo estadounidense asegura que ni las Torres Gemelas ni la Guerra de Irak definirán la presente época de la humanidad. No, a su juicio el hito estará dado porque por primera vez en la historia la creación de riqueza ha superado los límites de la Tierra y proviene en una fracción no menor del espacio. ¿Qué tal? Desde Buenos Aires, por Jorge Abasolo Aravena.
El error más frecuente en la historia de la predicción ha sido la gran subestimación del impacto de las tecnologías.
En efecto, los futurólogos de principios del siglo XX, aunque acertaron previendo nuestro ingreso en el espacio, no anticiparon que el automóvil tendría tanto éxito y sólo hace unos años el reiterado mirar hacia el porvenir asumió que enfrentábamos un verdadero riesgo de destruir la vida de nuestro planeta mediante el uso de armas nucleares.
Nuestra actual moda apocalíptica se preocupa de la catástrofe ecológica, cuestión que probablemente es más un signo de los tiempos que una certera anticipación de futuro. Para ponerlo en perspectiva tal vez sea sano citar algunas irrisorias predicciones del pasado, como la de lord Kelvin, presidente de la Royal Society, quien aseguró en 1895 que el vuelo de máquinas más pesadas que el aire era imposible; o la de Harry Warner, de Warner Brothers, que en 1927 dijo: “¿quién diablos quiere escuchar hablar a los actores?”, o la de Thomas Watson, director de IBM, que en 1943 lanzó la siguiente perla: “creo que hay un mercado mundial para quizás cinco ordenadores. Nada más”.
Para Alvin Toffler, hoy vivimos una revolución económica que todavía no se entiende bien y que cruza muchas partes del mundo en forma simultánea. Una revolución que es encabezada por Estados Unidos, que hasta hace no mucho era un ejemplo de la Era Industrial, pero que en los últimos años ha sabido dejar atrás ese sello.
A su juicio, poco después de la Segunda Guerra Mundial, por ahí por mediados de los años 50, Estados Unidos comenzó sin darse cuenta a eliminar los sistemas productivos intrínsecamente propios de la Era Industrial. En lugar de ello, comenzó a tomar forma una “revolución”, cuyas consecuencias se están haciendo sentir hoy en todas partes del mundo.
Si los marcamos en la línea del tiempo, algunos de los cambios relevantes en los procesos de la humanidad no se pueden situar en forma exacta (tal vez para marcar la fase agrícola de la humanidad diríamos “por ahí por el 1600 antes de Cristo), pero si tuviésemos que elegir una fecha para el avance hacia la Tercera Ola, ahí sí se puede ser más precisos, al menos en el caso de Estados Unidos. En cierta forma, el hito se puede marcar en 1956, muy poco después del término de la Segunda Guerra, porque ese fue el primer año en que los trabajadores de servicio y los oficinistas superaron a los obreros. También en los 50 tomó forma más nítida la computación, se desarrolló la robótica industrial y se lanzó el Sputnik... claro que en otro hemisferio.
Y bueno, como era esperable, como resultado de estos cambios tecno-financieros ha estallado una expansión desatada del tamaño del poder del sector financiero. Se trata de un cambio que en sí podría llamarse revolucionario, pero que converge –y sigue convergiendo– con cambios igualmente revolucionarios en la producción, distribución y en la naturaleza del trabajo, cuestiones que han escarbado una huella profunda en el devenir de la humanidad.
Con todas estas reflexiones en la cabeza, nos acercamos a quien es probablemente una de las mayores autoridades planetarias en estos tópicos. Nos referimos a Alvin Toffler, quien mientras se disponía a firmar libros durante su reciente participación en la 35 Feria del Libro de Buenos Aires, accedió a conversar con Capital.
Con la afabilidad que le caracteriza, autor de La Tercera Ola y futurólogo estadounidense doctorado en Letras, Leyes y Ciencia, conocido por sus discusiones acerca de la revolución digital y la revolución de las comunicaciones, no puso condiciones para una conversación en que me advirtió llanamente que no me preo-cupara por el tiempo, pues de ese modo las preguntas suelen ser más distendidas y las respuestas mejor pensadas.
El conocimiento y más allá
-¿A qué alude usted con el concepto de segunda economía?
-Me refiero a esa economía mágica, que es la que está aquí, junto a nosotros. Tal vez, de manera invisible. Es lo que llamamos también el mundo de la economía informática, el famoso TI. Es esa economía que crece a niveles insospechados.
-¿Vivimos la etapa histórica más importante de la humanidad?
-No lo puedo asegurar. Pero vale la pena preguntarse qué cosas de esta época vamos a recordar en mil años más. De seguro no vamos a recordar el ataque a las Torres Gemelas ni la guerra de Irak. Pero hay una cosa que sí vamos a recordar siempre: que fuimos la primera generación que crea riqueza fuera del planeta Tierra. Creamos riqueza en el espacio. Formamos parte de la generación que fue capaz de viajar al espacio. Y ahora son ya muchos los países que están creando sus programas espaciales.
Los programas espaciales no son solamente militares, son planes cada vez más conectados al tema económico. Muchas
personas se olvidan de esto cuando hacen las cosas comunes de la vida diaria. Por ejemplo, cuando utilizan un cajero automático o cuando prenden el televisor, lo que están haciendo es dependiendo de un satélite. Es decir, dependiendo de actividad que se realiza fuera de este planeta.
Es la primera vez que en la historia del hombre ocurre algo así... y eso es lo que vamos a recordar en cientos de años más.