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El último boy scout

Artículo correspondiente al número 198 (23 de feb al 08 de mar 2007)

El planeta está primero

Para ser justos con su convicción ambientalista, digamos que La tierra en equilibrio ya se había convertido en un clásico ecologista mucho antes del documental La verdad incómoda. En ese libro, Al Gore planteó por primera vez una visión política basada en la responsabilidad ecológica como un imperativo moral, definiéndolo como el principal reto de la humanidad en el siglo XXI. Sin embargo, las responsabilidades de gobierno junto a Bill Clinton lo distrajeron, pero retomó de lleno el tema luego de las elecciones del 2000, cuando a pesar de tener más votos ciudadanos terminó con menos delegados.

Tras perder, Gore se transformó otra vez en profesor de periodismo y volvió a dar conferencias sobre ecología, cosa en la que ha estado

desde entonces, además de atender sus negocios como miembro del directorio de Apple y en su cadena de televisión, Current TV. Antes de que se desatara la efervescencia de La verdad incómoda pasaba la mayor parte de su tiempo en Nashville, donde los Gore son conocidos como una familia ejemplar.

En esos años él y Tipper escribieron dos libros sobre valores familiares, Unidos por el corazón y Espíritu de familia. La misma senda ha seguido su hija mayor, Karenna, quien tuvo una destacada figuración en la campaña presidencial y es autora del libro Iluminando el camino: Nueve mujeres que dieron forma a América, publicado en el 2006, donde hace una sentida reflexión preguntándose “¿qué ha sido de los valores familiares tradicionales de nuestra nación?” Esta concepción valórica de la actividad pública parece inspirar sus acciones. Y si bien su discurso nunca fue una monserga de lecciones moralizantes, ahora se ha vuelto doblemente práctico de la mano de la información científica, permitiéndole concitar la atención hacia un objetivo que podría, finalmente, lograr un consenso global histórico.

“El calentamiento global de la atmósfera y de los mares es un hecho sobre el que hay unanimidad en la comunidad científica y que los empresarios empiezan a admitir, hasta Bush está reconociendo que no puede desatender el problema”, clama él, comparando el desafío al que en los años 40 embarcó a una generación en la lucha contra el nazismo.

“El impacto de los seres humanos sobre la Tierra es tan devastador que tenemos que hacer algo ya o nuestros hijos nos preguntarán por qué no lo hicimos. Contamos con la tecnología para lograrlo, solo hace falta nuestro compromiso”.

Casi siempre el mensaje importa mucho más que el mensajero. Pero en el caso de Al Gore es conveniente tomar nota de la sugerencia que desliza, sutilmente, al final de Una verdad incómoda: tenga en cuenta todo esto la próxima vez que le toque ejercer su derecho a voto…

De que está en campaña, está. Pero al parecer la cruzada sobrepasa los muros de la Casa Blanca.



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