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Artículo correspondiente al número 268 (24 de diciembre de 2009 al 28 de enero de 2010)
La revista Forbes califico hace poco a los salares de Chile, Argentina y Bolivia como “la Arabia Saudita del litio”, porque concentran la mitad de las reservas mundiales de ese mineral. Por eso, varios lo definen como un recurso estratégico, ya que su uso se incremento con las tecnologías hi tech en la ultima década y esta valorización crecerá aun mas por su aporte en la generación de energía nuclear. Un proyecto de ley busca que en Chile se declare su “uso exclusivo” para el Estado, dejando de lado su actual desarrollo privado. Por Cristian Rivas N.
Si hablamos de minerales –y particularmente del cobre– pocos se sorprenderían al saber que Chile lleva la delantera en la producción mundial y que desde nuestras minas sale más de un tercio del metal rojo que se usa en el planeta. Pero la sorpresa es que no es el único mineral en el cual “marcamos precio”: con el litio ocurre algo parecido. Desde nuestras fronteras sale más del 55% de la producción mundial de un mineral presente, sin que lo sepamos, en muchas de nuestras actividades y elementos que usamos a diario, como las baterías para celulares, computadores portátiles, cámaras digitales, televisores de plasma y un cuanto hay de artículos electrónicos.
Su relevancia es todavía mayor si se tiene a la vista el incipiente –pero con tremendas perspectivas– mercado de vehículos eléctricos y el impulso que podría tener en suelo local la energía nuclear. Ambas, actividades en que el litio es clave.
Fue esta creciente popularidad del litio la que llevó hace pocas semanas a los senadores del PS Ricardo Núñez, Camilo Escalona y Juan Pablo Letelier a presentar una moción constitucional que busca entregar un rol exclusivo al Estado en la explotación de este mineral, así como otros materiales atómicos.
Hasta ahora, el litio está definido como un mineral no concesionable, pero sólo en el Código de Minería y no en la Constitución, como ocurre con los hidrocarburos. Las firmas que explotan hoy el producto –léase SQM y la Sociedad Chilena del Litio– lo hacen gracias a contratos con la Corfo, dueña de varios derechos en el Salar de Atacama que concedió antes de la entrada en vigencia del Código (1979), y que en el caso de SQM vencen en 2030.
El planteamiento de los parlamentarios se centra en el carácter estratégico que tendrían estos yacimientos para la producción de energía en el mediano plazo. Sostienen que distintas instancias globales, como la Agencia Internacional de Energía, han afirmado que la tendencia apunta a diversificar la matriz energética en todos los países, y en Chile particularmente ha adquirido relevancia la energía nuclear –hoy en fase de estudio–, porque se ofrece como alternativa para eliminar gases de efecto invernadero y con costos muy competitivos. Desde luego, la propuesta de “estatización” no cayó bien círculos empresariales y políticos, que la consideran una traba para el desarrollo productivo de este mineral. Dicen que incluir al litio en la misma categoría que hoy tienen los hidrocarburos –que sólo pueden ser explotados por el Estado y Enap-, sería lapidar el desarrollo que está teniendo este recurso y dar ventajas para que otros países tomen la delantera en su producción.
Los reyes del litio
A fines de octubre pasado, la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) terminó de elaborar un detallado estudio sobre el litio, cuyo fin último fue proponer algunas políticas públicas sobre su explotación. La principal conclusión fue que el Estado debiera definir pronto el rol que jugará en hacer más atractiva la inversión pública o privada en esta minería, con miras a aprovechar el mayor consumo que se está generando en el planeta y que, según empresas como SQM –principal productora mundial–, podría seguir ascendiendo rápidamente en el corto plazo.
Para entender de qué estamos hablando, es necesario decir que el litio es un metal que se comercializa principalmente bajo la forma de carbonato de litio, que presenta rasgos muy similares a los gránulos de sal. Su uso es bastante amplio. Además de ser un insumo prácticamente insustituible en el boom tecnológico de los últimos años, es utilizado en algunas aleaciones con el acero para la construcción y, muy intensivamente, en las grasas para vehículos.
Toda esta demanda ha servido para que su precio se haya triplicado en apenas diez años, alcanzando hoy valores en torno a los 6 mil dólares la tonelada, con un consumo mundial que supera las 90.000 toneladas anuales y que sigue creciendo rápidamente, como efecto de incentivos como los de la Unión Europea, que a fines de 2008 emitió una regulación que favorece el uso de vehículos livianos del tipo eléctrico –que utilizan baterías de litio– con el fin de disminuir las emisiones de carbono.
El rey del litio en Chile es sin duda SQM. La firma controlada por Julio Ponce y la canadiense Potash Corporation of Saskatchewan (PCS) produce unas 21 mil toneladas de carbonato de litio al año, aunque tiene una capacidad instalada que podría fácilmente duplicar esa cifra. Como segundo actor está la Sociedad Chilena del Litio (SCL), filial de Chemetall, controlada por capitales norteamericanos. En conjunto, ambas compañías producen el 58% de la producción mundial.
Hace poco, también se supo del interés de Codelco, que estaría evaluando muy preliminarmente algunos proyectos en litio, aprovechando recursos y derechos que tendría cerca de su división Salvador, en la III Región, donde está viviendo el cierre de sus yacimientos cupríferos. En la compañía indicaron que recién el próximo año realizarán algunas prospecciones y definirán eventuales inversiones.

El triángulo del litio
Considerando entonces que Chile es el primer productor mundial; y que la demanda por litio está creciendo aceleradamente a razón de 7% u 8% anual, conviene preguntarse si el mineral es o no un recurso estratégico para el país y quiénes debieran estar tras su desarrollo. Ahí es cuando surgen las primeras críticas al proyecto de ley de los senadores socialistas.
El gerente general de SQM, Patricio Contesse, explica que aunque Chile hoy es el primer productor del mundo, no necesariamente podría seguir siéndolo en el futuro, porque las reservas de litio están bastante dispersas en el globo. Calcula que hay unos 300 millones de toneladas de reservas de carbonato de litio equivalente, distribuidas en salares y yacimientos mineros en el mundo, que sobrepasan con creces las necesidades proyectadas en uso de baterías recargables u otros productos tecnológicos.
Una de las reservas que más se destaca es la que algunos han definido como “el triángulo del litio”, eje constituido por los salares situados en las fronteras de Chile, Argentina y Bolivia y que en conjunto suman el 50% de las reservas totales del mundo. Esto ha dado pie a que incluso la famosa revista Forbes haya bautizado a la región como la “Arabia Saudita del litio”, aunque hay que advertir que el mineral también está presente en salares ubicados en China y Estados Unidos y en varios yacimientos de Australia, Finlandia y Canadá. Dado este despliegue de recursos, Contesse plantea firmemente que la iniciativa parlamentaria no tiene mucho asidero. “En ninguna parte del mundo se considera al litio como material estratégico, y creemos que no existen razones para considerarlo así.