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El imperturbable

Artículo correspondiente al número 202 (20 de abr al 03 de may 2007)

Todavía no asimila que en una semana más será el nuevo director regional del área de Seguros y Pensiones del BBVA. Después de once años, a Joaquín Cortez le ha costado asumir que ya no estará en la gerencia de inversiones de Provida. Claro que el hombre no pierde la calma. Al contrario. Para él es la ley de la vida. Lo importante, dice, es estar ocupado.
Por Lorena Medel; fotos, Verónica Ortiz.

Está vuelto mono. Literalmente. En pocos días debe dejar la gerencia de inversiones de AFP Provida, para asumir un cargo regional en BBVA, y todavía le quedan tantas cosas pendientes que ya no sabe dónde le terminan las orejas ni dónde le comienzan los ojos. Está tan confundido con los tiempos y obsesionado con dejarle las cosas ordenadas a quien lo sucederá a partir del 2 de mayo, que el día de esta entrevista Joaquín Cortez (56) no sabía si era lunes, miércoles o viernes. Es más, cuando nos vio aparecer dijo que estaba seguro que nos había citado para la semana siguiente y casi se murió cuando supo que esto se publicaría antes de su partida… Mal.

No debe ser fácil dejar un trabajo después de once años. Y menos el suyo, lleno de adrenalina, muy público y apasionantemente adictivo. Hay demasiadas historias, mucho trabajo y tanto de su personalidad en todo lo que es la AFP hoy, que la relación de pertenencia es casi inevitable. Provida es Joaquín Cortez y Joaquín Cortez es Provida… Lo dice todo el mundo y en su fuero interno él también lo piensa.

Por cierto el compromiso que demanda un coloso como Provida es fenomenal. Es la administradora de fondos de pensiones número uno del país, con más de 3 millones de afi liados y 28 mil millones de

dólares en cartera. En cifras tangibles, sería algo así como un tercio de todo lo que produce Chile en un año. Y no solo eso.

También es la segunda gestora de América latina y una de las cien más grandes del mundo. Desordenado a rabiar –basta darse una vuelta por su oficina– aunque tremendamente exigente a la hora de cuadrar las ideas, economista de la Universidad Católica de Chile, magister en economía de la Universidad de Chicago, Joaquín Cortez jamás pensó que terminaría en el mundo privado. Lo suyo siempre fue la cosa pública.

De hecho, fue uno de los primeros de su generación en aceptar la oferta de Miguel Kast para irse a trabajar a Odeplan y unos de los pocos a los que Sergio de Castro llamó personalmente para que lo

asesorara en Hacienda. Pero el mundo financiero pudo más. En 1981 Ernesto Bertelsen le ofreció la gerencia de desarrollo y fi nanzas del Banco Edwards y el desafío le pareció lo bastante atractivo como para cruzar la frontera. Más tarde se fue de director al Banco Central, donde estuvo tres años, hasta que lo llamaron del Santander.

Ahí le tocó sentar las bases del Santander Investment, junto a otros grandes como Martín Rodríguez, ahora en Quiñenco. Luego asumió como vicepresidente del Bankers Trust en Chile, donde Alvaro

Saieh lo fue a buscar para ofrecerle la gerencia de Inversiones de Provida.

De carácter reservado y bastante más tímido de lo que parece, Cortez es de esas personas con las que jamás se sabe si están entusiasmadas o aburridas. Algo que lo ha ayudado mucho en esta pega, donde por razones obvias es el primero al que recurren los empresarios y gestores de negocios cada vez que tienen un proyecto de inversión, apertura en bolsa, colocación de bonos o remates. El, dicen quienes lo conocen, escucha a todo el mundo, opina y hasta se ríe si la ocasión lo amerita, pero eso no significa que haya quedado encantado. Es más, con Cortez nunca se sabe...

¿Cómo es tu balance de estos años?

-Ha sido por lejos el período más apasionante de mi vida profesional. Es una ventana privilegiada para seguir lo que pasa en la economía internacional y en la local. Lo pasé muy bien y a veces también

lo pasé mal. Pero nunca me aburrí. Cuando llegué, el año 96, esta era una AFP que tenía todos sus fondos invertidos en acciones chilenas y en papeles del Banco Central. Creo que cinco acciones eléctricas locales representaban el 20% del portafolio total y más del 60% de la cartera accionaria. Los comités de inversión eran aburridísimos. ¡Imagínate todo lo que hemos avanzado!… En estos años, me tocó participar en el proceso de venta de muchas compañías, Endesa, Enersis, Laboratorio Chile... con el fi n de desconcentrar la cartera en acciones; en la internacionalización de las inversiones; en echar a andar los multifondos; en formular los primeros planteamientos en el tema de los gobiernos corporativos...

-¿Cuáles fueron los episodios más difíciles de tu paso por Provida?

-Más que momentos difíciles, yo diría que hemos atravesado por situaciones confl ictivas. Creo haber sacado un magíster en este tipo de situaciones. La ley a uno lo obliga a hacer todos los esfuerzos necesarios para defender hasta el último peso y eso es lo que hemos hecho siempre. Pero de repente uno es incomprendido… Hay cosas que nunca se me van a olvidar, como cuando Bruce Williamson (de Duke) vino a decirme que desistía de comprar Endesa, con los ojos llenos de lágrimas. ¡Son cuestiones muy fuertes! También duele el orgullo cuando los mercados se mueven en dirección contraria a lo que uno esperaba, pero hay que aprender a aguantar el dolor de guata.

-¿Te sentiste chantajeado alguna vez?

-Sí, muchas veces. Nos chantajean con el argumento de que siendo la AFP más grande de Chile, tenemos la obligación –además de maximizar el beneficio para los afi liados– de desarrollar el mercado

de capitales. Nos dicen cosas como: si ustedes no entran en esta colocación esto no va a salir y van a ser los únicos responsables. Pero con los años aprendía no ceder a ese chantaje. En general, cuando las cosas no vuelan es porque no son buenas. En caso contrario, soy yo el que pide participar.

-El caso Chispas sentó todo un precedente. De partida, dio origen a la ley de Opas. ¿Cómo fue tu experiencia?

-Difícil. Había que enfrentarse con gente poderosa. El liderazgo lo tuvo la gente de Sergio Undurraga en Moneda Asset, pero la posición de ellos no tenía ningún peso sin el apoyo de las AFP. Hubo momentos muy álgidos (silencio)… La verdad es que ya se me han olvidado muchas cosas, pero pasamos tardes enteras discutiendo el tema.

-Pero por lejos el episodio más telenovelesco puede haber sido la venta de la fi lial de telefonía móvil de Telefónica…

Ahí varios te hubieran dado un tiro. ¿Es cierto que te juntaste con altos ejecutivos de la española en Brasil para negociar un mejor precio? Y que lo hiciste sin avisarle a nadie.

-A priori nosotros no teníamos ninguna posición. Nos dábamos cuenta que este no era el caso Terra y, por lo mismo, encargamos un estudio de valorización en conjunto con Habitat. El resultado fue que

el precio estaba dentro del rango… Pero bueno, aun así, nosotros pensábamos que igual teníamos que sacarle algo más y eso fue lo que tratamos de negociar en Brasil. Fuimos con Cristián Rodríguez a hablar con un señor muy importante.

 

-¿Con Antonio Batista?

-No, con otro, más importante.

-¿Y ahí consiguieron que la oferta creciera en 51 millones de dólares?

-No, este caballero nos mandó a la punta del cerro. En Brasil no tuvimos ninguna capacidad de negociación. Yo he aprendido que en las negociaciones hay que saber aguantar hasta el último minuto.

Una hora antes de la junta, aunque nadie lo crea, no había acuerdo. Una hora antes de la junta, Provida y Habitat estaban votando que no. Los 51 millones de dólares adicionales se consiguieron minutos antes de que empezara la asamblea. De hecho, yo pensaba que no íbamos a llegar a ningún acuerdo... Pero el tema fue aún más complicado. Teníamos una persona en la junta con instrucciones de votar que no y esta persona tenía un teléfono Entel, que no funcionaba en el edifi cio de CTC. Por lo tanto, cuando decidimos votar que sí, no teníamos cómo comunicarnos.

-Angustiante... El caso Terra fue distinto. Ahí sí había consenso en que el precio no era el adecuado.

-Totalmente distinto. El valor de Terra dependía directamente del precio al cual se iba a vender la fi lial de Internet Nueva York. Nos sentimos como un niño al cual le quitan los caramelos. En el nombre del padre

-¿Qué tan político es tu cargo en la realidad?

-Cuando todo lo que tú haces está en la mira de todo el mundo y eres escrutado por los reguladores y la prensa, de alguna forma tienes que darle al mercado la idea de transparencia y eso requiere de habilidad política. Ahora yo no creo tener mucha habilidad política.

-¡Por favor! Eres lo más diplomático que hay. No tienes la fama de duro de Rodríguez ni la contestataria de Alvarez...

-Cada uno tiene su forma de ser. Yo le hago honor a mi apellido: soy cortés. No creo que uno tenga que andar a patadas. Por el contrario. Siempre estoy dispuesto a escuchar y a tratar de entender otros puntos de vista. Aquí hay vendedores y tienes que demostrarles que eres justo con ellos... Pero también sé que, a la hora de la toma de decisiones, uno se queda siempre solo.

-¿Solo? Se dice que en materia de inversiones las AFP actúan en manada y que las demás te siguen a ti.

-Quizás yo tuve mucho liderazgo al principio. Pero hoy no. Hay mucho menos acuerdo entre las AFP, mucha más competencia y también más rivalidad. Gente joven con muchas ganas. El efecto manada cuesta producirlo. Además, esto es como el tenis, a veces tú ganas cuando eres capaz de aguantar hasta que el otro se equivoca.

-Confiésate: ¿ha habido casos en que te importó más tu imagen que la pensión que pueda tener la señora Juanita, cotizante de tu AFP? En el mercado de valores los egos son enormes...

-En estos años me ha tocado conocer y conversar con grandes inversionistas, tanto en Chile como en el mercado internacional. A muchos los he visto pasar por momentos muy malos. Vi verdaderos genios de las fi nanzas derrumbarse con el desplome de las tecnológicas a principios de esta década, así que no tengo sintonía con la arrogancia. Puede haber gente más joven que está interesada en quedar bien o hacerse famoso. No es mi caso. Yo tengo metida en la sangre la obligación de que hay que pelear “hasta el último peso”, aunque pierda amigos. Ahora bien, la imagen de uno también depende de que la señora Juanita esté contenta.

-Difícil dejarla contenta en un país donde los sueldos son tan bajos…

-Bueno, eso es justamente lo que concluyó la Comisión Marcel. El problema está en el mercado laboral. Los sueldos son bajos, hay muchas lagunas, la gente empieza a trabajar tarde y a la mayoría les gustaría retirarse antes de los 65. Para la gente que ha ahorrado ininterrumpidamente, las pensiones serán buenas. Pero una persona que tiene renta baja no puede esperar tener jubilaciones altas. No puedes arreglar el problema del mercado del trabajo por el lado de la reforma previsional.

-Hablas como estadista. Tú trabajaste con Sergio de Castro en Hacienda y supongo que la experiencia fue buena. ¿Nunca más quisiste volver al sector público?

-El trabajo en el sector público siempre es muy gratifi cante. Yo soy economista de formación, así es que tengo interés por las políticas públicas.

-¿Tienes buena opinión de los organismos reguladores, en particular de los superintendentes de AFP?

-¡Diablos! La preguntita. A ver, yo en general he tenido buena idea de los superintendentes, incluso del actual… A todos les ha pasado que llegan con una idea de esta industria y terminan enamorándose. Les viene como el síndrome de Estocolmo.

-¿Te atreverías a decir quién ha sido el mejor súper de AFP en estos once años?

-Es difícil. Con Alejandro Ferreiro, yo no tuve mucha relación, pero creo que tenía gran capacidad de comunicar. Fue el impulsor de los multifondos. Ahora, te confi eso que yo no miro mucho a la superintendencia. Uno tiende a mirar más los mercados afuera...

...Olé. Y eso que Cortez dice que no es político.

 



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