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Reportajes y Entrevistas
El gran golpe

Artículo correspondiente al número 199 (09 al 22 de mar 2007)

Julio Jaraquemada y sus socios - Andrés Navarro, Eduardo Elberg, Christoph Schiess, entre otros- toman el control del Banco Internacional, uno de los más chicos de la plaza. ¿Cómo lo harán crecer?

Estuvieron años al acecho con la vista fija en la banca. Probaron secretamente con el Sudameris, luego con el Dresdner, evaluaron crear un banco de cero, hasta que finalmente asestaron un golpe certero: el Banco Internacional. Jineteando la arremetida está Julio Jaraquemada, quien en la década pasada fue referente a la cabeza del Banco Edwards. Hoy dice estar cómodo en un banco chico, el que promete multiplicar y en algunos años cotizar en bolsa.

El ramillete es de miedo. Los hermanos Navarro, Eduardo Elberg, Alfonso Peró, Christoph Schiess, Patricio Schiffrin y el team Banmerchant, con Julio Jaraquemada a la cabeza, arman una trenza potente... No hay que sacar muchas cuentas para comprobar que en esa fórmula están los ingredientes necesarios para armar una buena bomba de negocios. De hecho, ellos ya tienen el detonador en la mano y están prestos a salpicar de esquirlas el sistema financiero.

Julio Jaraquemada, quien entre 1986 y 1996 dictó cátedra a la cabeza del Banco Edwards, estará los siete días de la semana de cabeza en este proyecto. A sus 55 años dice que no puede estar más motivado con su regreso a la banca, que se siente cómodo frente al desafío de hacer crecer un “banco chico” y que hará todo lo que esté en sus manos, y en las de sus socios, para multiplicar en varias veces el peso específico del Banco Internacional.

Jaraquemada tiene currículo como para creerle. Forjado en la cantera del Citibank entre 1974 y 1977 y entre 1983 y 1984 (la misma entidad en la que antes trabajó su padre por 30 años), este ejecutivo-empresario compartió allí oficinas con figuras de la talla de Tomás Müller, Sebastián Piñera, Carlos Cartoni, Juan Bilbao, Patricio Parodi, entre otros próceres. A todos ellos –recuerda– les grabaron a fuego que tenían que manejar sus áreas de negocio como empresas y tan bien asimilaron la lección que es cosa de ver cuánto calza cada uno en la actualidad.

En los intervalos no Citibank, a Jaraquemada le tocó participar del establecimiento del Banco Republic en Chile y trabajar con José Piñera en el tema de la deuda externa. Luego, a mediados de los 80, se incorporó al Banco Edwards haciéndose cargo de un reto mayúsculo. La entidad tenía en esos momentos un cuadro con muchas complejidades y bemoles y en su accionariado había interés en potenciarlo. “Lo que hicimos fue tomar un banco pequeño y transformarlo –rememora con satisfacción–. Eso nos exigió tener gente creativa y motivada, tener un muy buen sistema de incentivos, mucha comunicación. Y así fuimos capaces de posicionar la marca, de crecer. Al final, la gente estaba orgullosa de trabajar ahí”.

Y bueno, durante su gestión el Edwards se multiplicó casi por tres, colocó ADR, constituyó una de las áreas de banca corporativa y servicios financieros más fuertes de aquellos años, posicionando con gran eficacia la marca en los segmentos altos y ejecutivos del país. Sin embargo, quienes conocimos a Julio Jaraquemada en aquel entonces, sabemos que a este nivel hay una pregunta ineludible:

-Julio, la del Edwards fue una gran época, pero convengamos que no todo fue miel sobre hojuelas y que el año 96 te fuiste del banco en medio de un cuadro societario complejo.

-Me dio mucha pena, en su tiempo, dejar el banco y me habría gustado quedarme como director, pero era tal el problema societario, que tú viste como terminó la historia. Pero me gustaría decir solo eso: que el Banco Edwards era un gran banco y con gente extraordinaria, que debió permanecer en el tiempo y ser un banco fusionador y no fusionado. Nos jugamos a fondo por ese proyecto. Fueron más de 10 años muy intensos en lo profesional. Hicimos muchas cosas, incluso listar el banco en Nueva York (ADR) y dejarlo entre los 5 ó 6 más importantes en Chile.

Sea hablando en on o en off, la nostalgia de aquel período asoma en sus palabras... Pero también asoma cierto dejo de cansancio e incluso hastío con tanta pelea que le tocó dar en su fase final como gerente general del Edwards. Han pasado 10 años y fracción de aquello y aún se percibe que está feliz de haber hecho el giro en su vida:

“Estaba muy cansado y me sirvió mucho en su minuto el recreo de seis meses que tomé antes de formar Banmerchant el año 97, lo cual ha sido una gran experiencia y bastante exitosa... Cuando salí del Edwards me hicieron un par de ofertas para volver a ser ejecutivo, pero en realidad me di cuenta que mi experiencia profesional era para otra cosa. No me interesaba ir a administrar, así que con mis socios (Agustín Larraín, Enrique Huidobro, Marcelo Silva y Luciano Magnet) optamos por el camino de ser empresarios con Banmerchant. Y nos ha ido bien, tenemos un posicionamiento importante en el negocio inmobiliario y de finanzas corporativas. Estamos administrando del orden de 250 millones de dólares en proyectos inmobiliarios”.

Les ha ido estupendo, qué duda cabe. Han estado y están en cuanto proyecto emblemático salta a la palestra. Están por ejemplo en el proyecto del Liceo Alemán, en Cachagua y Padre Hurtado. En Ñuñoa, Quilicura, La Florida... Y en asesorías de empresas, en donde “hemos tenido a casi todos como clientes (muestra unos galvanos con orgullo que decoran su sala de reuniones). El grupo El Mercurio con Morgan, Telex y La Polar, Southern Cross, Copesa con una radio, casi todas las empresas medianas a grandes han trabajado con nosotros. Con orgullo recuerdo La Polar, que la reestructuramos cuando estaba prácticamente en quiebra y finalmente la compra de Southern Cross. ¡Mira lo que es hoy La Polar!”.

-Un enorme currículo. Pero los currículos de vida tienen de todo. Cuéntame ¿cuáles han sido los golpes más duros que has pasado en tu carrera?

-Obviamente que he tenido momentos difíciles. Los seres humanos tenemos problemáticas y en el mundo hay crisis. Diría que sobre todo es difícil en las grandes empresas administrarse uno y manejar a distintos grupos de opinión, sobre todo cuando hay crisis y a mí me ha tocado vivir crisis. Pero déjame añadir algo más sobre eso: he aprendido también que las crisis pasan y que no hay que echarse a morir y que en cada crisis hay una oportunidad, si no mira nomás el caso de La Polar. Hoy probablemente tengo más experiencia para enfrentar esas situaciones, lo mismo que pasa con Alfonso Peró y Christian Samsing. Por lo tanto espero que a futuro repitamos lo que hicimos bien y no lo que hicimos mal.

De eso se trata justamente lo que ahora él y sus socios quieren hacer con el recién adquirido Banco Internacional.



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