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Artículo correspondiente al número 251 (30 de abril al 14 de mayo de 2009)
¿Repunte bursátil? ¿Cifras mejores a las proyectadas? ¿Luz al final del túnel? Después de tantos meses de crisis y caídas, las señales de optimismo no terminan de convencer a los escépticos. ¿Será que ya estamos vacunados contra los diagnósticos erróneos o que los datos no dan para levantar la orden de cautela que por estos días domina las decisiones financieras? Consultamos a expertos, recorrimos las calles de Nueva York y tomamos la temperatura al enfermo. Vea los resultados. Por Roberto Sapag y Guillermo Turner; fotos, Veronica Ortiz.
La frase de Guillermo Le Fort deja a los contertulios en silencio. “Estamos viviendo el fin del principio”, sentenció. Tras cerca de una hora de mesa redonda para descubrir en qué minuto del partido nos encontramos (en este verdadero clásico en que se ha convertido la crisis), su sentencia parece resumir el estado de ánimo promedio: cada día que pasa es uno menos de angustias, pero nada indica que estemos cerca del término.
Tanto se habla de los “brotes verdes”, de la “luz al final del túnel”, del “punto de inflexión”, que quisimos ponerle el termómetro al planeta para ver si su salud está repuntando o si lo que ocurre es que la enfermedad sólo está mostrando síntomas psicopatológicos, de esos del tipo maniaco depresivo.
En conjunto con la Universidad Finis Terrae, Capital congregó en torno a una mesa a Francisco Garcés, Patricio Rojas, Guillermo Le Fort, Juan Andrés Camus, Ernesto Illanes y Andrés Bianchi, quienes hicieron un chequeo integral del paciente, concluyendo que si bien el enfermo está volviendo a comer (y todos sabemos que enfermo que come no muere...), no parece prudente sacarlo de la unidad de cuidados intensivos.
A pisar con cuidado, entonces. Porque si bien es alentador que el pulso cardiaco de la bolsa esté subiendo y que la presión arterial del pánico vaya bajando, no hay que sobreexcitarse, porque en una de esas se trata del típico repunte del enfermo que se produce el día antes de que pase a mejor vida.
Dias de esquizofrenia
¿Por qué llegamos a formularnos la pregunta? Sencillo: porque por un lado varios commodities han repuntado, algunos índices financieros se han estabilizado o comenzado a subir y la gente anda menos neura. Sin embargo, mientras eso ocurre, por otra parte el desempleo asuela, las quiebras amenazan y el proteccionismo ronda por más de un gabinete ministerial en el mundo desarrollado.
Inquirido sobre este estado de ánimo un tanto disociado, Patricio Rojas dispara primero: “es cierto que las cifras han dejado de ser tan negativas, pero igual estamos viendo caídas en distintos indicadores de dos dígitos. Así que más allá de las expresiones de deseo, yo sigo siendo cauto”. Agrega, como para reforzar su cautela, que Europa es hoy por hoy una incógnita demasiado grande, con bancos muy comprometidos; que el desempleo sigue en aumento y que eso mellará algunos ánimos. Y que si bien suena rimbombante que un país crezca al 7%, ese guarismo en el caso de China es de preocupación.
“En suma, mi percepción es que hay señales de que la economía ha dejado de caer con la velocidad que venía haciéndolo, pero de ahí a concluir que empieza una situación distinta, yo diría que es demasiado temprano”.
Desde la vereda de la bolsa, Juan Andrés Camus, de Celfin, también invita a la prudencia. “Es verdad que está ocurriendo un cambio de tendencia –o sea, que las caídas están siendo menos severas–, pero todavía seguimos cayendo. (...) Es más, yo creo que la recuperación va a ser relativamente lenta en el mundo, entre otras cosas porque ha habido una destrucción de riquezas tremenda que se estima en 50 trillones de dólares, lo que tiene un efecto potente en el consumo”.
Para Guillermo Le Fort, una explicación para la cierta sensación de alivio que se observa en ciertos círculos “se debe a un cambio de expectativas de quienes eran extremadamente pesimistas y pensaban virtualmente que la recuperación, más que lenta, no iba a existir. Pero ese cambio de expectativas es muy distinto a señalar que estemos llegando al fin de la recesión. Creo que estamos en medio de ella, más allá de algunas indicaciones de que el ritmo de caída es menor”. Todos concuerdan en que de alguna manera las informaciones disponibles hablan de distintas dimensiones de la realidad. Francisco Garcés dice que una cosa es lo que ocurre en el plano financiero, donde hay síntomas optimistas (con tasas bajísimas, potentes inyecciones de liquidez y repunte de las bolsas), y otra muy distinta lo que sucede en el plano real. Acá, cuestiones tan concretas como las ventas, el empleo y la producción están y seguirán cayendo por un buen rato.
De ahí, que estos sean días de esquizofrenia.
Ahora si a usted eso le parece poco, tenemos más ingredientes para ponerle a la sopa. Uno de ellos es la forma en que se miden las cosas. Si usted usa variaciones en 12 meses, sin duda que se encontrará con caídas brutales, de esas que paran los pelos. Pero si hace el mismo ejercicio contra meses o trimestres inmediatamente anteriores, podría ver otra película, una donde las cosas no se ven verticales, sino que diagonales.
Añada a eso un punto que anota a pie de página el ex presidente del Banco Central, Andrés Bianchi: “creo que en este asunto hay que tener una enorme humildad intelectual, porque si uno analiza todos los pronósticos, la conclusión es clara: esta fue una crisis que muy pocos previeron y su magnitud fue mayor de lo que se podía pensar. De hecho, ha habido confesiones tan importantes como la de Greenspan, que reconoció que estuvo equivocado”. O sea, acá nadie tiene la bola de cristal.
Ligado a lo anterior, añade Bianchi, está el que esta es una crisis sin precedentes, por la región desde donde semana, porque es realmente global y porque a décadas de la Gran Depresión el mundo es distinto y no sólo están Estados Unidos y Europa, sino que hay un “resto” no menor, que incluye por cierto a China. “Y otro elemento clave es el rol que cumple el nivel de confianza de los agentes económicos, y que está muy relacionado con la velocidad con que se transmite la información. Hoy la información es instantánea y eso potencia la importancia de la confianza”.
A proposito de confianza
Ahora bien, y retomando eso de los estados de ánimo maniaco depresivos, ¿qué rol le cabe a las expectativas en todo esto? Si por meses los agentes económicos se dejaron llevar por la histeria y corrieron desaforados por los parquets de las bolsas con ojos llorosos, ¿podría una vez que pase lo peor invertirse la situación con una potente euforia de signo positivo?
Tiramos la pelota y Le Fort la toma de entrada: “creo que el elemento de expectativa más importante está relacionado con el mercado financiero, porque se ha conseguido evitar que el deterioro se generalice como amenazaba hacerlo a fines del año pasado (...) Sin embargo, en materia de ingresos reales, creo que no estamos libres de problemas. En Estados Unidos, a pesar de que dicen que hay una recuperación en algunos ámbitos de consumo, es algo marginal. Los consumidores están con una situación de ingreso bastante complicada que hace pensar que se avecina un periodo más o menos largo de crecimiento lento para el consumo. Los americanos tienen todavía que reconstruir su patrimonio destruido”.
Pero a no deprimirse, porque Le Fort añade a renglón seguido que a nivel global hay una diferencia importante con crisis anteriores: “la economía norteamericana, la japonesa, la europea, todas las economías desarrolladas representan menos del 50% del PIB mundial, y hay otro 40% o 50% que lo representan las economías emergentes en desarrollo o economías avanzadas más pequeñas que no están tan afectadas por la crisis, las cuales pueden ser un factor de recuperación. Reconocer esa situación podría explicar que los mercados sean menos pesimistas”.