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Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas El extraño mundo de la "Tía Rica". Pongale empeño |
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Artículo correspondiente al número 225 (4 al 17 de abr 2008)
Funciona sin interrupciones desde 1920. Aunque sus clientes han caído producto de la bancarización de los sectores medios y del acceso a los créditos del retail, la caja de Crédito Prendario no se rinde. Sus procedimientos, objetivos y hasta sus sucursales lucen anacrónicos, pero la verdad es que miles de chilenos logran sobrevivir gracias a esta particular forma de prestar dinero. He aquí la historia de una de las únicas casas de empeño estatales del mundo. Por Lorena Rubio; fotos, Verónica Ortiz.
La sala de espera de la Dirección de Crédito Prendario o “Tía Rica”, en calle San Pablo, se parece mucho a la de un hospital público. Decenas de personas –en su gran mayoría, mujeres de mediana edad– esperan pacientemente su turno para empeñar la joya que cuidadosamente llevan envuelta en un pañuelo o en sus carteras.
Sin hablar entre ellas, quizás algo avergonzadas, algunas acompañadas por hijos y nietos, estas personas venidas de comunas tan lejanas como Quilicura, Lo Espejo y Maipú saben que muy probablemente abandonarán el enorme y vetusto edificio con 20 mil, 30 mil o, si las cosas resultan bien y las joyas son mejor tasadas, 50 mil pesos que les permitirán salir del paso: pagar esa cuenta atrasada, afrontar un mes con más gastos e, incluso, cancelar matrículas de colegio y universidades.
Los hombres son pocos y, por cierto, más reacios a hablar. Según ellos, todos están aquí acompañando a alguien, aunque no falta aquel que estruja entre sus manos una cartilla de apuestas del Club Hípico.
De todo se ve en esta suerte de almacén del siglo pasado –un imponente edificio decó de los años 20–, adornado con baldosas de principios del siglo pasado y cuyos ventanales son vitrales fabricados especialmente por el artista Juan Francisco González, con motivos relativos a los objetos que se prendaban en esos años, incluidos vestuario y vajilla.
Pocos de los concurrentes saben que se trata de una entidad estatal, dependiente del Ministerio del Trabajo, la cual los gobiernos en general no mencionan en sus cuentas públicas, pese a que realiza una labor social que a muchos sorprenderá, porque se da bajo la forma de una especie de trueque entre joyas y dinero a un bajísimo interés de 2,3%.
Es posible que la misma opacidad con que el Estado se relaciona con esta institución se refleje en la matriz de la Dirección de Crédito Prendario, escasamente iluminada. Se trata de una de las pocas entidades de este tipo que aún permanecen en manos estatales; sobre todo, en América latina, donde la mayoría de estas cajas de préstamo ya fueron privatizadas.
Muchos de los que acuden a cada una de las 18 oficinas que la “Tía Rica” posee a lo largo de Chile, son “clientes frecuentes”; tanto así, que nos confesaron que una parte importante de las joyas vuelve una y otra vez a las añosas bóvedas de la caja de empeño. “Mis argollas de matrimonio pasan más aquí que en mi casa”, dice, sin ninguna aprensión, Alma H., guardia de seguridad de una firma de transportes, la única de las entrevistadas que se atreve a dar su nombre. Para esta dueña de casa, madre de un hijo que estudia Ingeniería y que recibirá unos 30 mil pesos por sus anillos de matrimonio, la caja de crédito ha sido la solución para varios de sus apuros en los últimos 20 años. “Pedir en una entidad financiera es engorroso, y esto te evita pasar vergüenzas con los vecinos”, sostiene.
Que la ventanilla de empeño se encuentre en el pasaje Capuchinos –donde antes funcionó el anexo carcelario y hoy opera el Patronato Nacional de Reos– es sólo casualidad. Los clientes de la “Tía Rica” históricamente han sido buenos pagadores.
Porque la idea no es perder las joyas, aseguran, aunque eso suceda a veces. “Yo perdí una medalla que me regalaron para la graduación”, explica una joven vendedora de multitienda que hoy está sin trabajo. El problema es que se traspapeló con los plazos para recuperar los objetos empeñados y éstos se fueron a remate, como está estipulado.
Desde esa ocasión, asegura, nunca volvió a olvidar que el plazo para las joyas es de seis meses, más uno de gracia, con posibilidad de renovar el crédito en tres ocasiones, sólo con el pago de los intereses.