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Artículo correspondiente al número 265 (15 al 26 de noviembre de 2009)
El premio Nobel de Economía 2008 grita a los cuatro vientos su convicción de que “mientras la política monetaria este limitada por el cero, necesitamos ayuda”. En su visita a Chile, repaso con Capital la situación política mundial y las definiciones clave que debe tomar Estados Unidos… Obviamente, con el plus de su agudeza y particular forma de decir las cosas. Por Marcela Corvalán.
Paul Krugman está cansado. Llegó a medianoche desde Buenos Aires donde, según él mismo cuenta, participó en seis eventos y no durmió bien. Pero así como lo cortés no quita lo valiente, el cansancio no suaviza su lengua. “Solía venir a América Latina para estudiar las crisis... ahora tomo el tren a Nueva York”, es uno de sus comentarios.
Llegó precedido por las fuertes críticas que hizo a sus colegas economistas –Cómo pudieron equivocarse tanto fue el título de un largo ensayo que publicó en la edición dominical del New York Times y que sacó chispas entre sus pares– y por sus advertencias en cuanto a que aunque se evitó el “Apocalipsis económico”, la reactivación en Estados Unidos será lenta y que se requiere más estímulo. Con el actual nivel de desempleo y de otros indicadores económicos, asevera, la tasa de política monetaria debería ser de -5%.
En una conferencia organizada por Banco de Chile y Banchile Inversiones, vaticinó que hay serias probabilidades de una recaída, ya que el repunte actual en la actividad estadounidense se explica en gran medida por los programas de estímulo y la reconstrucción de inventarios. Además, advirtió –citando un estudio ya clásico de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff– la recuperación del empleo demora unos 4,8 años cuando la recesión es desencadenada por una crisis financiera, como ocurrió esta vez, de modo que “para 2012, el desempleo en las economías avanzadas aún estará subiendo”. ¿El mayor riesgo? Que gobiernos y bancos centrales terminen demasiado pronto con las medidas de emergencia.
-¿Alguna idea de cuándo debería retirarse el estímulo?
-Básicamente, el estímulo no debe terminar hasta que lleguemos al punto en que las tasas de interés de política monetaria deberían ser positivas. Mientras la política monetaria esté limitada por el cero en su banda inferior, necesitamos ayuda. Si usamos reglas convencionales que han funcionado en el pasado para la política monetaria estadounidense, no deberíamos comenzar a subir las tasas de interés hasta que el desempleo baje hacia 7%, y no esperamos que eso ocurra por al menos dos años, e incluso más que eso.
Así es que el estímulo fiscal debería seguir en pie por dos o más años, a partir de ahora. No es lo que está en la ley, sino lo que la economía dice que deberíamos hacer.
-¿Tiene idea de cómo estaría la economía de Estados Unidos sin el estímulo?
-Sí, probablemente habríamos visto que el segundo y el tercer trimestre se habrían visto como el cuarto trimestre del año pasado, la economía se habría contraído de 2% a 4%, las consecuencias de eso son difíciles de calcular (…) casi todo el repunte en el desempeño es consecuencia del estímulo; estímulo más inventarios en realidad, pero no está claro que los inventarios estarían haciendo lo que hacen sin el estímulo.
-¿La pérdida del sentido de urgencia por el repunte es un riesgo para la recuperación?
-Sí. Es una especie de profecía de autonegación, en oposición a la profecía autocumplida. Si las expectativas son que las cosas estarán bien, significa que no tendremos el consenso político para hacer lo que es necesario, de modo que las cosas no estarán bien. Uno escucha el argumento todo el tiempo, “¿por qué tenemos que hacer más? La economía se está recuperando”, y uno trata de explicar que no es una recuperación adecuada, que seguimos perdiendo empleos, pero en realidad ha socavado la voluntad política para ayudar la economía.
-Si usted fuera el gobierno y no tuviera que pasar por el Congreso, ¿qué medidas tomaría hoy?
-En Estados Unidos, mucha más ayuda a los gobiernos estatales. Ese es el estímulo fiscal que sabemos con mayor claridad que se necesita. De hecho, estamos teniendo anti estímulos a nivel local, dado que los gobiernos están despidiendo profesores y bomberos, porque carecen de ingresos. Eso es malo en sí mismo y un lastre para la economía. Deberíamos tener grandes proyectos de infraestructura adicionales. Tomarían algún tiempo en ponerse en marcha, pero estamos mirando una economía débil.
Cuando uno resta todo lo ficticio, el paquete de estímulo que se aprobó en realidad fue de unos 600 mil millones de dólares, y una estimación razonable de lo que debería haber sido es de 1,3 billón de dólares o 1,4 billón de dólares, así que en realidad sólo hemos hecho la mitad o menos de lo que deberíamos estar haciendo.
-¿Ayudarán las elecciones legislativas en Estados Unidos el próximo año?
-No, es probable que hagan daño. Sólo por la lógica habitual de las elecciones de mitad de período, es probable que los demócratas pierdan algunos escaños. No está garantizado, pero es posible que hasta pierdan el control de una cámara del Congreso… Eso hace difícil seguir adelante con las políticas.
-¿Siente que el caos que ha rodeado la reforma de la salud ha erosionado la credibilidad del gobierno?
-Bueno, el debate de la salud… el caos vino y se fue, parece que finalmente tendremos una ley de salud. No está garantizado, pero es probable. Es curioso, pero al parecer el caos fue de ayuda para Obama. Porque al final quienes se oponían a la reforma terminaron pareciendo locos… aunque en mayor o menor grado lo son.
Benditas señales
-¿Qué señales espera antes de declarar que la recesión terminó, la recuperación se afirmó y la economía va por buen camino?
-La recesión terminó, al menos en cuanto a su definición de un período en el que todo baja. El PIB está creciendo: el último dato fue de 3,5% a tasa anual; la producción industrial está creciendo y entonces ya no es una recesión.
Desafortunadamente, el desempleo sigue subiendo. Yo observo el mercado laboral. Cada jueves a las 8:30 reviso los datos de las nuevas solicitudes de subsidios de cesantía, que son una especie de indicador anticipado. Cuando vea que ese dato cae bajo 400 mil, empezaré a ser optimista. Por ahora seguimos cerca de 500 mil.
Si la inversión de las empresas empieza a repuntar, si empezamos a ver historias de empresas que están aumentando sus planes de gasto en plantas y equipamiento, eso sería una señal muy positiva. No estoy poniendo mucha atención a los precios de la vivienda, eso es importante para los bancos, pero no vamos a tener un boom de la construcción… la vivienda cayó a un agujero tan profundo que es poco probable que haya mucho gasto allí.
Y no creo que podamos tener una recuperación guiada por el consumidor, así que en realidad sólo cabe esperar la inversión de las empresas.
-¿Hay que descontar para siempre al consumidor?
-Bueno, no, pero… Históricamente, hasta mediados de los 80, los hogares estadounidenses ahorraban 8% de su ingreso disponible, pero eso cayó a casi cero y, dada la destrucción de la riqueza que tuvo lugar, de casi 13 billones de dólares, es difícil creer que los ahorros volverán a los niveles bajos de hace un par de años y uno debería esperar que subieran… Uno hasta puede plantear los argumentos para tener un ahorro sobre lo normal en los próximos años, pero incluso si eso pasa, una tasa de 6% o 7% es muy posible; pero si ocurre, implica debilidad en el consumo por largo tiempo.