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Artículo correspondiente al número 212 (07 al 20 de sept 2007)
Está viviendo un gran momento. Sus inversiones en Corpgroup y la Clínica Indisa marchan como avión; después de muchos años tiene tiempo para dedicarse abiertamente a la cosa pública y académica y su patrimonio personal excede con creces cualquier monto que hubiera imaginado en sus inicios. A los 56 años Jorge Selume está invirtiendo, por fin, en las dos grandes pasiones que tenía postergadas: el campo y el fútbol. Por Lorena Medel; foto, Gabriel Pérez.

Siempre se le ha conocido como gran aliado de Alvaro Saieh. Algo así como su sombra, el hombre clave en sus inversiones, el mejor amigo, el ejecutivo ponderado y de bajo perfil que sacó adelante a Corpbanca, el que lo entusiasmó con la idea de armar un proyecto privado para competir en educación superior, el que lo asesoró en sus primeros años en Copesa y el que lo ha acompañado en todas y cada una de sus aventuras empresariales. En buenas cuentas, casi su hermano siamés. Por eso, quizás, a más de alguien ha sorprendido que después de 30 años, Jorge Selume Zaror (56) haya decidido cortar esta suerte de “cordón umbilical” y haya empezado a forjar su propio camino empresarial.
Algunos dicen que eso responde únicamente al tremendo patrimonio que este economista de profesión ha logrado reunir en todos estos años. Y que dado que tiene tres hijos (Carolina, Jorge y Nicolás), era importante diversificar y no tener todos los huevos en una sola canasta. Otros, en cambio, aseguran que se cansó de ser copiloto de Alvaro Saieh y decidió darle rienda suelta a sus grandes pasiones: el campo y el fútbol.
Como sea, lo cierto es que de un tiempo a esta parte el hombre no ha parado de hacer noticia. Primero se compró una viña, luego levantó de la nada un haras de caballos árabes, entró a la propiedad de Blanco y Negro, armó una empresa inmobiliaria estilo real estate, y, para rematar, ingresó al negocio del aceite de oliva, plantando más de 340 hectáreas en los alrededores de su campo en Talca… Sus más cercanos calculan que en los últimos tres años Selume ha invertido más de 50 millones de dólares en negocios personales y que, conociendo al personaje, lo más probable es que de aquí al 2010 esa inversión se duplique.
-Jorge es un tipo brillante –señala Christian Samsing, ex gerente general de Corpbanca–. Es un gran estratega, un profesional muy analítico y de inteligencia superior. Siempre detecta oportunidades en lugares donde otros pasan de largo y no me cabe duda que le va a ir estupendo en todo lo que está haciendo. Además, es de los hombres más correctos que he conocido en mi vida. Debo decir que me parece estupendo que esté cortando el cordón umbilical.
Selume debe ser de los personajes más queridos en la tribu de los negocios. Lo decimos con conocimiento de causa. Todos los que llamamos para que nos contaran de su vida, su historia y sus intereses, solo tuvieron buenas palabras para referirse a él. Es más, siendo quizás infidentes, podríamos decir que a diferencia de otros personajes que hemos intentado perfilar, en esta ocasión nadie pidió aparecer en off o se restó de hablar. Al contrario. Casi como si se tratara de un asunto de justicia, de “Jorgito” o del “Negrito”, como le llaman, todos querían decir algo.
Espíritu público
Hace 30 años, todos hubieran dicho que Jorge Selume iba a ser un servidor público. Fue de los que no dudó en elegir Economía cuando tuvo que optar por una de las dos líneas en ingeniería comercial de la Universidad de Chile. Y cuando se tituló, prefirió aceptar un cargo en Odeplán, con un sueldo miserable, en vez hacer carrera en el Banco Español.
Más tarde, motivado por hombres como Sergio de Castro, Miguel Kast, Jorge Cauas y Carlos Massad, postuló a una beca para irse a perfeccionar a la Universidad de Chicago y, a su regreso, en vez de enlistarse en el negocio textil de su padre, se convirtió en jefe del departamento de Economía de la Universidad de Chile y muy poco tiempo después en el decano más joven que haya tenido esa facultad.
Paralelamente a su rol académico, participó en diversos directorios de empresas del Estado: en el de Chilectra, entre 1983 y 1984, antes de la privatización; en Entel, entre 1981 y 1985; y en la Compañía de Teléfonos de Chile, CTC, entre 1983 y 1985. Tenía módicos 28 años cuando Pinochet lo llamó para ofrecerle la Dirección de Presupuestos. Hernán Büchi había dado su nombre y, luego de revisar su corta trayectoria, ninguno de los cercanos al general dudó que el muchacho tuviera dedos para el piano. En 1985 fue nombrado en el cargo, cuando Hernán Büchi era ministro de Hacienda y el coronel Manuel Concha Martínez el subsecretario.
-En Presupuestos hizo un trabajo extraordinario –cuenta Juan Antonio Guzmán, quien por esos años ofició de ministro de Educación y se considera uno de sus grandes amigos–. El orden de los recursos públicos fue notable. Llegó a ser mucho más que la mano derecha de Hernán Büchi. Pero más allá de todo, quizás lo más relevante es que siempre fue un hombre muy correcto, muy ponderado y con un gran sentido de lo social.
Al término del gobierno de Pinochet, participó activamente en la campaña presidencial de Hernán Büchi. Armó casi toda la estructura económica para un eventual gobierno, hizo campaña puerta a puerta, visitó poblaciones, atrajo talentos de su universidad, motivó a mucha gente… Dicen que la derrota lo dejó en el suelo. La sola idea de revivir los años de la Unidad Popular, donde él y su familia lo habían pasado muy mal, lo hicieron cortar de raíz con el mundo público.
Sin embargo, hasta el día de hoy sigue siendo gran simpatizante de la UDI y un activo colaborador en los comités y estudios de Libertad y Desarrollo.
-Hace un par de años lo convidamos a la UDI a integrar grupos de estudios sobre temas técnicos –señala Julio Dittborn, uno de los amigos más antiguos de Selume, compañero de banco en el Colegio Alemán desde kinder, “socio” de grandes pichangas futboleras en la plaza de la calle Matilde Salamanca, en Providencia, y cómplice de intensos carretes y mochileos por Europa–. Armamos un grupo con Hernán Büchi para discutir temas de actualidad, como la reforma previsional, y él ha sido un gran aporte. Pero no participa en actividades netamente políticas. Jamás sería candidato a nada. Se moriría como diputado o alcalde… Y si lo hiciera, la Marta, su señora, lo mataría.
También lo ha mantenido atado al debate público Cristián Larroulet, otro de sus grandes amigos de los tiempos de Chicago, padrino de una de sus hijas y favorito a la hora de elegir un compañero de viaje.
-Jorge es uno de los colaboradores más activos que tenemos en Libertad y Desarrollo –señala Larroulet, director ejecutivo del organismo–. Lleva un año y medio trabajando con nosotros. Fue director de los Talleres Bicentenario y nos colabora activamente en temas relacionados con economía de la Defensa. De hecho, ante un eventual gobierno de Lavín, su nombre sonó para ministro del ramo… Y lo hubiera hecho extraordinariamente bien. Jorge es una persona muy sencilla, muy cerebrada. Nunca se sale de sus casillas. Tiene mucha intuición económica y un gran apego por la cosa pública.
Claro que no todo ha sido miel sobre hojuelas en su contacto con el mundo público. Hace poco tuvo que ir a declarar por el tema de los gastos reservados, situación que, según dicen sus amigos, lo tuvo “bajoneado”. Pero salió airoso. En un acto de mucha seriedad, se ofreció para elaborar un informe con los posibles paraderos de los dineros y un análisis financiero del período 1985-1988. Eso, con la firme convicción –dicen sus amigos– de que el que nada hace, nada teme.
-Pese a todo lo que le dolió conocer los detalles de los dineros en el Banco Riggs, Jorge sigue siendo un gran defensor del gobierno de Pinochet –sostiene Alfonso Mujica, uno de sus buenos amigos de los tiempos de Chicago–. Lo conozco y sé que fue a declarar con la frente en alto.
El encanto privatizador
Mucho antes de la derrota presidencial de Hernán Büchi, en 1989, Selume ya se había privatizado. Invitado por Alvaro Saieh, se las arregló para poner un millón de dólares, junto con otros diez inversionistas, para adquirir el entonces intervenido Banco Osorno. La inversión le permitió sentarse en el directorio del banco y otras compañías financieras, como Banco Osorno Leasing, Banco Osorno Fondos Mutuos y Masseguros.
-La historia es más o menos conocida –señala Héctor Valdés, asesor del directorio de Corpbanca–. Carlos Abumohor, a nombre del grupo “Las diez mezquitas”, le pidió a Alvaro Saieh que evaluara cuál de los bancos intervenidos por el gobierno militar era el mejor para comprar. Saieh les recomendó el Osorno y lo licitaron en 10 millones de dólares. Cada uno aportó un millón, entre los que estaban el propio Saieh, Abumohor y la familia de Jorge Selume. Desde la gerencia general, Saieh transformó ese banco, que estaba virtualmente quebrado, en la joyita del mundo financiero. Y cuando vendieron al Banco Santander, diez años después, todos quedaron bastante ricos.
El precio de esa operación fue de 495 millones de dólares y fue la mayor transacción de la historia del sistema financiero chileno hasta entonces.
Meses después, varios del mismo grupo iniciaron las negociaciones para adquirirle a la Sociedad Nacional de Minería el Banco de Concepción, que por esos años se encontraba en deteriorada situación financiera. De esa operación surgió más tarde el actual Corpbanca.
-Este grupo venía con una velocidad y unas ganas de hacer negocios tremenda. La venta del Osorno y el éxito que había tenido esa gestión los tenía por las nubes –recuerda Valdés–. Pero se encontraron con un banco que estaba peor de lo que esperaban. El Concepción era un desastre desde el punto de vista operativo y de riesgo de crédito. Para colmo, vino la crisis asiática. Al final, les costó mucho más de lo que pusieron inicialmente. Y a Selume, que estuvo a cargo de la gerencia general, lisa y llanamente le tocó bailar con la fea. Me saco el sombrero por el trabajo que hizo.
-Yo trabajé con Selume siete años, siendo él mi jefe y después otros tres más siendo él director y yo gerente general de Corpbanca –recuerda Christian Samsing–. Lo que más rescato de él es que siempre mantuvo la calma. Cuando el banco perdía plata a manos llenas, los años 97, 98, 99, él supo ordenar la casa y manejarse estupendamente en tiempos de tormenta. Jorge habla poco, pero cuando lo hace sus comentarios son siempre inteligentes. Como dice la gente de su colonia, sabe usar una boca y dos orejas.
Entremedio, Selume, junto con Alvaro Saieh, Juan Antonio Guzmán, Miguel Angel Poduje, Luis Cordero y Andrés Navarro, entre otros, levantaron la Universidad Andrés Bello, que vendieron, no sin polémica, a Laureate Educations el 2003. Paralelamente, adquirieron la Clínica Indisa, la misma que hoy tienen convertida en una de las mejores en salud privada en Chile.
En primera persona
Ya nos habíamos resignado a que Jorge Selume no iba a hablar con Capital, cuando recibimos un llamado invitándonos a conversar a su oficina. La sorpresa fue enorme, sobre todo porque varios de sus amigos nos habían dicho que era imposible que “Jorgito” recibiera a la prensa. “Entre salir y no salir, preferiría no hacerlo –nos dijo al teléfono–. Pero ya que estás haciendo esto y que va a salir sí o sí, prefiero hablar, para que la historia quede completa”.