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Artículo correspondiente al número 224 (21 de mar al 6 de abr 2008)
Gran parte de estos cuestionamientos los han vivido los ejecutivos con quienes conversamos. Domingo Cruzat relata que cuando se toma la decisión de independizarse, “estás más sólo, con bastante más incertidumbre, porque te puede ir mal, las cosas pueden fallar y te tientas con algunas pegas. Aparece el susto al fracaso profesional y económico, que son dos riesgos distintos. Además, hay todo un tema familiar: a la mujer le gusta que uno esté empleado, que reciba un sueldo todos los meses”, asevera.
Eduardo Novoa comenta que también le llegaron varias ofertas gerenciales que tuvo que desechar. “Eso, por un lado, te da la tranquilidad de que uno sigue en el mercado, pero al mismo tiempo te hace reevaluar varias veces la decisión de seguir o no en el camino de la independencia”.
Agrega que los grandes cuestionamientos le vinieron por el tema de la estabilidad. “Llevaba trabajando 20 años en el mundo de las grandes empresas y uno ya sabe moverse allí. Entonces, tienes por un lado la natural estabilidad que sientes cuando estás contratado, versus dedicarte a algo que estás creando. Cuando partes en el tema del emprendimiento a los 23 años es más fácil que hacerlo a los cuarenta y tantos, cuando ya tienes un nivel de gastos y estás acostumbrado a un estándar de vida. Por otro lado, vocacionalmente te cuestionas si no será simplemente un interés pasajero por independizarte, pero que en realidad tu tema va por seguir haciendo lo que sabes hacer”.
La decisión no fue tan fácil para Luis Ernesto Videla y sus palabras lo dejan en claro: “Tenía un buen puesto, la confianza absoluta de los dueños; estaba en una extraordinaria compañía, con grandes desafíos, y poseía un conocimiento muy amplio de la industria. Cambiar ese desarrollo por un futuro desconocido, donde tenía que empezar de nuevo, hacía que la decisión no fuera fácil. Sin embargo, el tema que me cuestioné más fue dejar de ser un ejecutivo y pasar a convertirme en un emprendedor- ejecutivo. Rechacé varios ofrecimientos de empresas importantes por el desarrollo de algo propio. Siempre pensé que si seguía trabajando como empleado no había otra empresa mejor que Lan”.
Para Francisco Gana el tema fue diferente. “Para mí fue un proceso muy positivo, en el cual la colaboración cercana de mi mujer fue determinante. No hubo grandes cuestionamientos, ya que estaba seguro de que por la labor realizada en Soprole, siempre habría puertas que se nos abrirían”.
Muchos ejecutivos quedan en el camino en su determinación de independizarse, presionados en gran grado por sus familias. Sprönhle explica que “la mujer en esta decisión no es precisamente una buena socia, porque normalmente hay una costumbre de un esquema más estable y conocido.
Cuando un ejecutivo decide armar su propia empresa, cuando se la juega por su proyecto, hay que considerar que en dos meses no lo tiene armando, sino que puede tardar dos años. Por tanto, sólo en contadísimas excepciones, la mujer es “socia” del proyecto”.
Pero esas excepciones existen. Es el caso de Francisco Gana, quien relata que su familia jugó un papel preponderante. “La Margarita y los niños me ayudaron, me hicieron más agradable el paso que iba a dar y siempre estuvieron cerca, preocupados, pero no menos tristes. Ellos sabían lo que esto significaba”.
Para Luis Ernesto Videla, el apoyo de su familia fue fundamental: “Todos estos cambios radicales son muy fuertes en lo emocional y la incertidumbre afecta de todas maneras al grupo familiar. Si no hubiera tenido el apoyo completo de mi mujer y mis hijos, pasar de la decisión a la acción hubiera sido muy difícil”.
Y es complejo porque, como explica Cruzat, “los hijos demandan ciertos bienes, gastos y estándares; entonces, si hablas con ellos, les da susto. Pero si tienes una buena mujer y un buen matrimonio, siempre te apoyarán”.
Pero la familia no es lo único a tener en cuenta al tomar la decisión. Otra de las cosas que debe enfrentar el ejecutivo es la opinión de sus pares. En la mayoría de los casos, una decisión así les toma por sorpresa, tras lo cual vienen enervantes frases como “invítame a tu proyecto, pero cuando ya esté caminando”.
Esto lo pudo comprobar en carne propia Eduardo Novoa cuando anunció su decisión de independizarse. “Primero, hay una razonable y sana envidia. Te dicen, qué rico poder hacer eso, porque creo que es una aspiración generalizada. Pero, al mismo tiempo, no son muchos los que se atreven a dar el paso y terminan diciéndote invítame al negocio”.
La experiencia de Francisco Gana fue muy gratificante. Cuenta que su renuncia a Soprole se desarrolló de una manera muy simple y planificada. La comunicó a todos sus colaboradores directos, a los ejecutivos y a los sindicatos. “La reacción de mis reportes directos fue impresionante, mas allá de lo que yo imaginaba. Mi carácter serio, de decisiones firmes, un gerente siempre presente e involucrado, me hacían pensar que estaba en un ambiente duro, pero ahí quedó demostrado que había cercanía con las personas”.
Domingo Cruzat explica que en ese proceso le pasó de todo. “Algunos te dicen: ¡pero cómo se te ocurre, por qué no te quedas con el mismo sueldo, las mismas condiciones, para qué te pasas rollos! No es que la gente sea tan materialista, pero se preocupa. También está la gente que te dice: yo me independicé, no me arrepiento. Vivo más apretado, pero tengo otros beneficios espectaculares... te lo recomiendo 100%”.
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Por Leslie Cooper Cambio de vida |
Más que un nuevo giro, estos ejecutivos buscan cumplir un sueño. |
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Algo pasa en la mente de estos ejecutivos que, de un minuto a otro, cambian la percepción de su futuro y toman una decisión radical, para dedicarse a lo que siempre quisieron hacer: formar una empresa familiar, trabajar en rubrosopuestos, ayudar a los más pobres, irse a vivir fuera, en fin... ¿Por qué repentinamente entregan su vida así, o más bien su carrera? Nadie podrá saber qué es realmente lo que cruza por sus mentes, pero sí se pueden dilucidar sus perfiles y algunos motivos. Son personas que no le temen a los riesgos y para quienes la libertad y el autogobierno son importantes. Si bien no tienen miedo a los desafíos, estos cambios vienen cuando ya tienen una familia consolidada y un colchón en el cuál pueden mantener el estatus. De esta forma, cambian de trabajo pero no alteran a su entorno más cercano. Buscan satisfacciones más allá de lo monetario. Es el minuto en el que hacen un pare la rueda para pensar en lo que realmente quieren ser. Es el momento de proyectarse y trascender. No se trata sólo de un cambio de rubro o de trabajo: conlleva un sinnúmero de decisiones relacionadas con su esencia. Es la decisión de hacer realmente lo que siempre quisieron; de hacer realidad sus sueños. |
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Leslie Cooper es directora de HK Human Capital |