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El día de la Independencia

Artículo correspondiente al número 224 (21 de mar al 6 de abr 2008)

 


Se salieron de la ecuación. Rompieron con todo y se han convertido en una nueva casta, en un nuevo referente en el mundo de los negocios. Habían hecho cumbre con sus carreras, paladeado el éxito pero un buen día -de esos que se marcan en el calendario- decidieron dejar sus sólidas posiciones para convertirse en sus propios jefes. Ellos son los ejecutivos independientes. Por Sandra Burgos; fotos, Julio Donoso.

 

A fines de los 90 muchos jóvenes sorprendían con su audazia al rechazar atractivas propuestas de grandes conglomerados que les ofrecían potentes cargos y el inicio de auspiciosas carreras profesionales. Eso no era para ellos. Preferían arriesgarse y tocar puertas en busca de inversionistas que financiaran sus sueños. Fue la era de los emprendedores.

 

Ahora el fenómeno es otro, pero muy similar en su esencia. Porque muchos consideran que atravesamos de lleno por la era de los “independientes”: ejecutivos de entre 40 y 55 años que llegaron a la cúspide de sus carreras y que, motivados por un afán de independencia, dejaron sus cómodas posiciones y se lanzaron a la vida con proyectos propios.

 

¿Moda o tendencia? Sin duda, una mezcla, en la cual no pocas veces la opción surge a la luz de lo que está pasando a nivel global en el mundo de la empresa. “Muchos ejecutivos toman la decisión de independizarse cuando de la noche a la mañana se ven enfrentados o ven que en la empresa de al lado se está dando un proceso de desvinculación, ya sea por una fusión, venta o reestructuración. Ante este escenario, se plantean la alternativa de seguir empleados en otra empresa, o bien tomar las riendas y transformarse en sus propios jefes”, explica Janet Sprönhle, directora ejecutiva de la firma de outplacement People&Partners.

 

Ya sea por circunstancias externas o por una peregrinación de orden interno y personal, lo cierto es que ejemplos de este fenómeno de independencia hay muchos y su notoriedad ha crecido en los últimos años, fruto de la “salida del mercado” de varios ejecutivos de renombre.

 

Uno conocido es Pablo Turner, con amplios pergaminos en el mundo del retail (recordado es su paso de Falabella a Paris y su retiro del rubro luego de que Luksic vendiera la multitienda a Cencosud), cambió a fines de 2007 la gerencia general de la Viña San Pedro –tras cerca de dos años en el cargo por las asesorías, negocios personales y directorios de empresas.

 

El mismo camino que un año antes había tomado Luis Ernesto Videla, quien se desempeñara por años como gerente general de Lan Chile. Hoy está embalado con la Universidad San Sebastián, proyecto que compró junto a Alejandro Pérez (ex Celulosa Arauco) y que busca convertir en uno de los referentes de esta industria.

 

 

Comentada fue también la decisión de Carlos Ingham que, tras 19 años en JP Morgan, dejó de ser el responsable de las actividades del banco en Argentina, Chile, Perú y Uruguay para independizarse y formar, junto a Tim Purcell, la firma de inversiones Linzor Capital Partners. Tampoco dejó indiferente al mercado la decisión de Francisco Gana de renunciar a la gerencia general de Soprole para convertirse en consultor y director de empresas. O la determinación de Eduardo Novoa, de dejar PSEG y la gerencia general de Saesa, para dedicarse de lleno a sus negocios personales y convertirse en un flamante director de empresas.

Un caso similar es el de Domingo Cruzat quien, tras ocupar importantes gerencias generales en Watt’s, Bellsouth y la subgerencia general de la Compañía Sudamericana de Vapores, optó por seguir un camino propio y dedicarse 100% a la creación de un fondo que ya ha invertido en varios proyectos.

 

Varios de ellos aceptaron la invitación de Capital para conversar respecto a lo que los llevó a tomar la decisión de dejar sus importantes cargos y dedicarse por entero a nuevos emprendimientos. Sus revelaciones nos dejaron una cosa clara: además de coraje, para independizarse es clave el respaldo de la familia.

 

 

 

¿Por qué se independizan?

 

 

Las razones que llevan a un ejecutivo que ha alcanzado una posición de liderazgo a dejar todo para tomar el camino de la independencia son variadas. Janet Sprönhle explica que, de acuerdo a las estadísticas que manejan en People&Partners, en alrededor del 40% de los casos la decisión se toma luego de haber pasado un proceso de desvinculación por reestructuración en la empresa.

 

Sin embargo, cada vez son más los ejecutivos que se independizan por una decisión personal, tras varios años de madurar la idea y de tomar los resguardos del caso.

 

Eduardo Novoa (43) es un claro ejemplo. En el café Starbucks de Alonso de Córdova –su “oficina transitoria” mientras le entregan sus nuevas dependencias–, se reunió con Capital para contarnos cómo fue su decisión: No ocurrió de un momento a otro. Era una inquietud que tuve por años, al punto que siempre tuve algún tipo de actividad de negocio paralela a mi trabajo (junto a Gonzalo Cubillos y Domingo Castaño, hace cuatro años trajeron Starbucks a Chile). Esta decisión la tomé tras un proceso de maduración, motivado por los afanes de independencia que todo el mundo tiene, comenta.

 

Fue así como a fines de 2006 optó por tomar un “semi año sabático”, como él lo denomina. “Quería parar un poco y darme tiempo para una serie de otras cosas distintas y evaluar con calma si es que, después de eso, volvía a asumir posiciones ejecutivas o me dedicaba a negocios personales. En marzo de ese año decidí dejar la gerencia general de Saesa”.

 

Y es que la gerencia general de la empresa eléctrica le implicaba pasarse la semana en el sur alejado de su familia, que permanecía en Santiago: “tenía que estar viajando todas las semanas y un par de años a ese ritmo, en lo personal y en lo familiar, te pasa la cuenta. Por lo tanto, fue una decisión gatillada principalmente por el tema familiar. Tomar una gerencia general a mil kilómetros me significó cero actividad personal y decir adiós a Amcham, a Endeavor, a distintas cosas, amistades, deportes. Hoy puedo decir OK, misión cumplida, ahora quiero estar tranquilo, con mi tiempo bastante más disponible.

 

Algo parecido le sucedió a Luis Ernesto Videla, quien llevaba 21 años lidiando con el negocio del transporte aéreo cuando se dio cuenta de que en los próximos 21 años quería hacer algo distinto, que le implicara nuevos desafíos, aprender otros temas y conocer nuevas personas. Pero, por sobre todo, le interesaba explorar áreas en que pudiera entregar un valor agregado para la sociedad: “para mí, era importante buscar un área en que pudiera ser emprendedor y no sólo empleado”, confidencia.

 

La idea de independencia de Domingo Cruzat surgió por dos motivos. Como ejecutivo, dice que había cumplido un ciclo, a lo que se añadía su convicción de “uno tiene la obligación de tratar de hacer cosas y eso no lo vas a hacer a los 65 años ni a los 30. Por lo tanto, a esta edad mediana era el momento de probarse. Era como un desafío personal e intelectual que se avalaba con una cierta cantidad de ahorros”.

 

La decisión de independizarse la tomó Cruzat entre 2005 y 2006, cuando vendió la empresa de energías alternativas CONADE al grupo francés Dalkia. El monto que recibió por la compañía, que había formado hace años junto a Luis Felipe Mujica –un amigo de la Escuela Naval–, fue el respaldo necesario para lanzarse a la piscina.

 

Revisemos otro caso: sus 14 años en la gerencia general de Soprole habrían convertido a Francisco Gana en un ejecutivo emblemático de la compañía láctea. Pero hace un año tomó una decisión radical: dejar atrás los 26 años que estuvo vinculado a la empresa y asumir el riesgo de la independencia. La decisión se fue dando naturalmente “desde el momento en que sientes que la vida va pasando y quieres nuevos desafíos. Mi labor en Soprole me dejó un sentimiento profundo de logro. Hoy Soprole es una empresa con un equipo ejecutivo de alto nivel, con la mejor imagen de marca, con un ambiente de trabajo destacable, con una rentabilidad cercana al benchmark del sector, etc. Eso te hace replantear tu futuro y buscar nuevos objetivos”.

 

 

 

Por Juan Izquierdo
Calcular la Aventura

La independencia exige hoy planificar y prepararse.

En Estados Unidos, nueve de cada diez emprendimientos fracasan durante los tres primeros años. Así de duro, así de aterrador. Sin embargo, ese 10% exitoso genera tantos empleos, avances y creación de riqueza que su atractivo lleva a muchos a atreverse.

Creo que independizarse en Chile es igual o más difícil que en Estados Unidos, sin capitales “ángeles”, con alto costo de despido y un mercado pequeño estrujado por la competencia. Por lo tanto, para ser exitoso, debe hacerse de una manera mucho más profesional que antaño… el aventurero ahora tiene que calcular.

 

Esa imagen me lleva a pensar en esa “tercera vía” que toma cada vez más fuerza en Chile: emprender dentro de la empresa (intrapreneur), un camino intermedio que refleja el hecho de que el conocimiento tiene hoy cada vez más poder en relación al capital.

 

A lo largo de los 15 años que llevo en reclutamiento de ejecutivos para empresas, he visto crecer la avidez de éstas por candidatos emprendedores y propositivos, y he visto con alegría que han sido capaces de agilizarse para darle espacio a estos motores de búsqueda y creatividad en los negocios, lo que les ha llevado a dejar un abismo entre este tipo de empresas, versus aquellas que siguen asfixiando a los más inquietos, los cuales terminan abandonando ese barco sin potencia.

 

Este camino une lo mejor de ambos mundos, al emprendedor, con el respaldo y trayectoria de la empresa. Pero este camino sólo es posible si la empresa es capaz de atraer ese talento creativo, premiando sustancialmente los buenos resultados y asumiendo que ello significa tomar más riesgos y romper sus propios esquemas.

 

Juan Izquierdo U. es socio fundador de Hemisferio Izquierdo Executive Search Worldwide.

 

 

Esa experiencia, añade, le hizo darse cuenta de que podía agregar mucho valor en distintas organizaciones. “Es por eso que mi decisión fue convertirme en director profesional independiente de empresas. Además, siempre quise dedicar una parte de mi tiempo a temas sociales y eso ayudó en la toma de la decisión de independizarme y no volver al área ejecutiva”. Sus aspiraciones se han ido concretando, ya que hoy, además de ser miembro del directorio de D&S, lo es de la Fundación Rostros Nuevos del Hogar de Cristo.

 

 

 

Dudas de hombre grande

 

 

Las ganas de independizarse no son suficientes para dar el paso. En el proceso van apareciendo fantasmas que pueden causar pánico y, muchas veces, echar por la borda las intenciones. Además, aparecen “tentaciones”, como los llamados telefónicos de head hunters o empresas que ofrecen un nuevo cargo gerencial.

Janet Sprönhle, de People&Partners, explica que los ejecutivos que toman la decisión tras ser desvinculados o porque consideran impresentable seguir postergando la idea, son muy permeables a una llamada atractiva. Si no están 100% convencidos y jugados, “cuando reciben una oferta de trabajo, la toman. Incluso, los que perseveran y siguen adelante también les pasa que descubren que en lo que están haciendo se sienten solos, que ya no tienen alrededor gente de su nivel, ni jefes que los inspiren”.

 


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