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El Cine tiene festival

Artículo correspondiente al número 243 (12 al 25 de diciembre de 2008)

 

La dicotomía estadística es apabullante. Películas por doquier y una avalancha de premios –que no son de consuelo– en festivales internacionales. Sin embargo, en las salas de exhibición la asistencia no es proporcional... ¿Por qué, tras superar la carrera de obstáculos que supone hacer cine en Chile y cosechar galardones, los resultados son tan contradictorios? Por María Luisa Vicuña.



Este año se estrenaron 24 películas chilenas. Si bien se trata de todo un record, lo cierto es que sólo algunas lograron un buen número de espectadores. Otras, muchas, no estuvieron más que una semana en cartelera, sucumbiendo en forma fulminante ante la dura competencia de los multimillonarios largometrajes de Hollywood.

No obstante, y aunque para la mayoría este mercado es rudo y complejo, en Chile los cineastas siguen trabajando... y con proyectos. Tan inspirados andan, que en el extranjero ya se habla de una nueva generación, una que ha sido capaz de cosechar buenos resultados en los más importantes festivales de cine en el mundo.

Parece contradictorio. Las películas nacionales vuelven con importantes premios luego de circular por grandes festivales y, a pesar de eso, no logran atraer masivamente al público. ¿Qué pasa en el camino? ¿Qué rol cumplen los festivales en la creación y resultado de una película? ¿Pueden seguir creando y produciendo los cineastas chilenos sin contar con buena recepción en las salas del país? Las preguntas son muchas y las respuestas, tan variadas como películas hay. Es por eso que hablamos con sus protagonistas: los cineastas, quienes explican cuál es el circuito que sigue una película, cómo se financia y cuál es el valor de los premios en este proceso.


Redes y reconocimiento



“Ganar premios en festivales es un sello de calidad para el director”, explica Juan de Dios Larraín, productor de la galardonada película Tony Manero, que fuera elegida como la representante chilena para participar en el proceso de selección para el Oscar como mejor película extranjera. “Ser elegido para concurrir a festivales y, más aún, ganar premios te permite vender mucho afuera, porque tu producción se hace conocida en países a los cuales, si no fuera por el festival, no tienes cómo llegar”, agrega Larraín.

Matías Bize, que ya prepara su cuarto largometraje, cuenta que el buen recibimiento que ha tenido en festivales le ha permitido coproducir películas internacionalmente. Primero fue En la cama, filme que tuvo una producción conjunta con Alemania. Luego fue el turno de Lo bueno de llorar, que coprodujo con España.

Sebastián Lelio nunca pensó que con su primera película La Sagrada Familia le iría tan bien. El filme, que no costó más de 200 mil dólares, que no ganó ningún fondo público ni fue coproducida con otro país, tras participar en 110 festivales, ganó 30 premios. En Chile la vieron 40 mil personas y con su performance festivalera logró ser vendida a países como Rumania, Corea y Polonia. Además, gracias a ella, Lelio ganó la “residencia” que otorga Cannes dos veces al año para seis directores nuevos de todo el mundo: una beca que busca impulsar el trabajo de realizadores jóvenes que preparan su primera o segunda película. Tras este éxito, Lelio se encuentra en etapa de post producción de su segundo largometraje, Navidad, que sí gano el fondo audiovisual en Chile y además es una coproducción con Francia.


Circuito festivalero


En Chile se celebran tres festivales internacionales de cine: el de Santiago (SANFIC), el de Valdivia y el de Viña del Mar. Edgardo Viereck es el director de este último y, consciente de su rol como de contacto, ha potenciado en Viña las mesas de negocios y la categoría de cine en progreso donde se reúnen directores, productores y distribuidores. Ha fortalecido también la relación con otros festivales internacionales como los de Guadalajara y Los Angeles Latino. “Lo que queremos es integrarnos a un circuito de cine en progreso, lo que significa que si una película se selecciona en un festival queda automáticamente seleccionada en los otros, aumentando exponencialmente las posibilidades para el cineasta”, detalla Viereck.

Jorge Sánchez, director del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, da un ejemplo de cómo funcionan estos circuitos: “La película mexicana El Viaje de Teo fue premiada en cine en progreso en nuestro festival y ahora compitió como largometraje en Viña, donde su protagonista ganó el premio especial del jurado. Eso es un orgullo para nosotros y es justamente lo que uno quiere lograr con un festival”.

 

 

El Cielo, la Tierra y la Lluvia Tony Manero Navidad
Play Lo bueno de llorar La Sagrada Familia




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