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Artículo correspondiente al número 246 (20 de febrero al 5 de marzo de 2009)
En otras palabras, se trata de echar marcha atrás después de años de beneficiarse con al alto nivel de liquidez que consiguió la expansión económica mundial, pero de una forma mucho más dramática y rápida. El problema es que la profundidad y la duración de este proceso, aparte de que se desconocen, lo que ha dificultado estimar los verdaderos requerimientos de recursos que supondría un programa de rescate realmente exitoso, trae consigo el fantasma de la deflación, algo que la misma Fed advirtió hace algunos días.
El desapalancamiento implica renegociaciones, freno a las inversiones, venta masiva de activos y caída en los precios, entre otros factores. Sólo como ejemplo, recuerde que a mediados del año pasado el petróleo alcanzó su record de 147 dólares el barril y ahora apenas supera los 40 dólares. La misión es clara: hay que sanear las cuentas de un mundo inflado por años de políticas proactivas. El riesgo es que estemos entrando en un nuevo orden y que a partir del último trimestre de 2009 lo que el mundo presencie no sólo sea el comienzo del término de un ciclo económico tradicional, sino el inicio de algo diferente. Porque la demanda, ese motor de la actividad durante tantos años, muestra un declive tanto en Chile como en el exterior. Ante la necesidad de ajustarse a la nueva realidad, esa destrucción de demanda está comenzando a generar también un proceso de destrucción de oferta, y con ello la amenaza del proteccionismo se hace muy presente. Como consecuencia, los precios se estabilizarían, pero a otra escala de cantidades (ver cuadro). Autoridades de todo el mundo buscan neutralizar, al menos en parte, este fenómeno a través de políticas de impulso a la demanda. ¿Tendrán éxito?

Chile con margen relativo
Contrario a las metáforas bélicas, el ministro Velasco desechó la idea del “blindaje” para referirse a la situación chilena. Como buen corredor, optó por las comparaciones deportivas: “la pregunta es si estamos bien entrenados”, dijo a los empresarios. “Gracias a que actuamos con responsabilidad, podemos atenuar de modo importante el impacto de la crisis internacional, a diferencia de lo ocurrido en períodos similares anteriores”, agregó.
El país cuenta con tres fortalezas: un tipo de cambio flotante que nos permite ajustarnos muy rápido y en forma eficiente, un importante ahorro fiscal acumulado y una gran coordinación entre las autoridades de Hacienda y el Banco Central.
La noticia positiva es que se trata de tres condiciones con que el país no contó al momento de enfrentar la crisis asiática, pero entonces la profundidad de la crisis internacional y su expansión eran bastante menores a la actual. Sólo un dato: para la crisis asiática, salvo Japón, crecían todas las economías del G7.
Nouriel Roubini, economista de la Universidad de Nueva York y uno de los pocos que anticiparon la crisis (lo que le valió por mucho tiempo el apodo de “doctor desastre” por parte de los más optimistas), calculó a fines de enero que las pérdidas de la industria financiera mundial podrían alcanzar los 3,6 billones de dólares, de los cuales 1,6 corresponderían a pérdidas provenientes de 12,37 billones de préstamos sin respaldo seguro y otros 2 billones serían consecuencia de la pérdida de valor de las entidades involucradas. “Incluso contando las inyecciones de capital del gobierno, la previsión de pérdidas sigue dejando a los bancos estadounidenses al borde de la insolvencia”, señaló en la oportunidad. De paso, tampoco cree en las cifras oficiales de China, país que –a su juicio– ya estaría en recesión. Unos cálculos y opiniones que dan cuenta de la profundidad de la crisis y que explican este cambio dramático en las expectativas del mundo.
Pero no nos equivoquemos, en Chile lo vamos a pasar mal. Ya las cifras de ventas de autos (indicador lider del desempeño del consumo), viviendas, comercio y desempleo comienzan a reflejar con crudeza el ajuste que se nos viene. Adaptémonos con rapidez a esta nueva realidad. Y que quede claro que la solución no pasa por impulsar un mayor proteccionismo en sus distintas formas. Chile le debe mucho a la apertura mundial.