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Reportajes y Entrevistas
El brindis de los Garcés Silva

Artículo correspondiente al número 236 (5 al 16 de septiembre de 2008)

 

Son grandes y diversificados. Participan en Consorcio, Andina, Entel, Inmobiliaria FFV y en otras tantas inversiones financieras, pero sin duda el negocio que los congrega es el vitivinícola. No hay conversación familiar en que la viña de los Garcés Silva no salga al baile. Esa donde están involucrados, con el mismo entusiasmo, desde el patriarca hasta el menor de sus nietos. Por Paula Vargas.

 

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Fue como estar un fin de semana en el hogar de los Garcés Silva. Había ruido, mucha gente, todos muy sonrientes, conversadores y sobre todo tremendamente cálidos. Así nos recibieron en la viña de la familia, esa que tantos reconocimientos ha tenido por la calidad de sus vinos y que se ha convertido en el negocio que congrega a todo el clan encabezado por el empresario José Antonio Garcés.

No fue fácil que accedieran a esta entrevista, porque prefieren mostrarse poco, sello que comparten con sus socios y amigos, Eduardo Fernández León, Juan Hurtado, Patricio Parodi y José Said. De hecho, los hijos de José Antonio Garcés advierten que su padre es muy discreto y que costó “un mundo” convencerlo para que hablara con Capital. De hecho, confiesan que lo pensó hasta último minuto. Pero por suerte pudo más la insistencia de su hija mayor, María Paz, y finalmente fue el primero en llegar al encuentro.

garces silva Viajó desde Santiago en su helicóptero. Fue precisamente él quien nos recibió amablemente en la casa de campo situada en pleno valle de Leyda (San Antonio) junto al mayor de sus hijos varones, quien lleva su mismo nombre, y a Matías y María Paz Garcés, además de Francisco Ponce. Este último, el enólogo de la viña.

Cuando todos los comensales estuvieron dispuestos alrededor de la mesa, se largaron a hablar, con excepción del patriarca quien, era evidente, prefería que sus hijos fueran los protagonistas. A poco andar confiesa que él no se dedica “con mucho énfasis” al campo, y que lo suyo son las inversiones y las finanzas, entre las que a todas luces Consorcio parece ser su favorita.

Más allá del “énfasis”, lo cierto es que Garcés ha estado ligado al mundo agrícola desde hace varias décadas. Bien lo saben sus hijos, quienes fueron los primeros en responder a la hora de preguntar de dónde viene esta afición por la tierra. Esa que los ha llevado a adquirir cientos de hectáreas para frutales y ganadería a lo largo de Chile. “Siempre hemos estado vinculados al campo, trabajamos ahí desde muy pequeños. El primero de todos lo compró el papá en 1982 en Graneros (VI Región). Me acuerdo que se le ocurrió plantarlo con uva de mesa y ahí, diría yo, comenzó su incursión en este mundo”, cuenta Matías.

María Paz recuerda con nostalgia esos años, cuando su padre los llevaba todos los veranos durante un mes completo a trabajar al campo. “Ahí todos compartíamos de igual a igual. Mi papá manejaba el tractor, yo estaba en la pesa, mi mamá como jefa de packing y los demás, en las faenas diarias. No había diferencias y eso no sólo nos enriqueció como personas, también fue muy importante para estrechar los vínculos que hasta el día de hoy tenemos con los trabajadores”.

De ahí en adelante, la agricultura comenzó a formar parte de sus vidas, y más tarde José Antonio hijo –Cotelo, como lo llaman sus cercanos– y Matías se hicieron cargo de los campos.

 

 

 

De campo a terroir



La incursión al mundo del vino llegó años más tarde, en 1997, cuando José Antonio Garcés Silva –quien comparte los mismos apellidos con sus hijos– decidió comprar 700 hectáreas en San Antonio, con el fin de construir un refugio para él y su señora María Teresa Silva. “Yo tengo casa en Santo Domingo y ahí llegaban siempre todos mis hijos y nietos. Eso a mí me encantaba y me sigue gustando mucho, pero necesitábamos también un lugar para arrancarnos del bullicio y el caos de una familia tan grande, porque tengo 20 nietos… Entonces, nos hicimos una casa acá (en Leyda), donde veníamos a leer o a andar a caballo”.

Cuenta que en ese tiempo, su amigo y vecino, Luis Alberto Fernández –ex dueño de Viña Leyda– lo invitó a unirse en un proyecto para traer agua del río Maipo. Recuerda que en ese momento en el valle el agua era escasa, no existía ni siquiera bajo tierra y menos, para acumular en un tranque. Entonces, no dudó en sumarse a la iniciativa.

Cotelo, su hijo mayor, advierte que esto coincidió con el auge del Valle de Casablanca, que a esas alturas se había posicionado como la gran fuente de vinos blancos en Chile. “Precisamente los descubridores de ese lugar, Pablo y Jorge Morandé, nos dijeron que Leyda podía ser igual o mejor que Casablanca y así partió todo”, revela mientras observa el valle.

Instalaron una tubería de ocho kilómetros con varias estaciones de bombeo, las suficientes para el regadío de los campos y, en pocos, años transformaron a Leyda en uno de los más apetecidos terroirs del país y donde ahora todos quieren estar.

Una vez que Garcés se entusiasmó con el proyecto del agua y con la idea de plantar vides, ya tenía en mente que éste sería el proyecto que congregaría a la familia. Años antes había invitado a sus hijos Matías –quien hasta ese momento se dedicaba a la publicidad– y José Antonio –que estaba en el negocio pesquero–, para sumarlos a esta nueva aventura. “El papá vio que era hora de diversificarnos y nos invitó a participar de sus nuevos proyectos”, explica Matías. Así fue como se hizo cargo de la parte agrícola; es decir, de la parte operativa, mientras su hermano asumía responsabilidades en el área financiera y de inversiones.

Para Cotelo no fue fácil decidirse. “Yo tenía un negocio potente que me costó un montón formarlo, una distribuidora de pescado que realizaba envíos a Estados Unidos y Europa. Fue en ese momento que el papá me dijo: ¿sabes, necesito contratar un gerente, por qué no vienes a trabajar conmigo? Y me aconsejó que, si me decidía, vendiera mis cosas”. El dilema lo resolvió prontamente. “Era una decisión que tenía que tomar en algún minuto. La verdad es que yo trabajo para la familia, lo hago pensando en que somos un conglomerado, que tenemos una posición patrimonial importante y que esos negocios valen porque estamos todos juntos”, aclara el segundo a bordo del clan.



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