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Artículo correspondiente al número 236 (5 al 16 de septiembre de 2008)
Sin duda, el negocio vitivinícola hace tiempo que los tiene cautivados. De hecho, esa fue la razón del ingreso a la propiedad de viña Montes, donde la familia Garcés Silva hace siete años entró con apenas 2,5% y hoy ya posee el 25% de la compañía fundada por Douglas Murray, Aurelio Montes y Alfredo Vidaurre.
“Montes nos interesó desde el momento en que nos avisaron que estaban vendiendo un porcentaje de la propiedad. De inmediato analizamos el negocio, sus finanzas y no dudamos en ingresar… Estamos bien contentos con nuestra participación ahí. Se trata de una viña que tiene mucho futuro, que está muy bien manejada y que crece a tasas del 20% anual. Sin duda, una de las pocas viñas rentables de este país”, destaca el líder familiar.
Es que los Garcés en estos últimos años han optado por diversificarse también en el área agroindustrial. “Sobre todo, ahora que es un buen negocio”, anota Matías. Así es como, en los últimos cuatro años, no sólo han consolidado sus operaciones en este sector, sino que han ampliado sus dominios. En su campo en Graneros (100 hectáreas) han duplicado la superficie plantada con uva de mesa, y en la lechería ubicada en la zona de Ranco –en un campo de aproximadamente dos mil hectáreas–, acaban de invertir dos millones de dólares en tecnología para hacer más eficiente la producción, que actualmente llega a 6 millones de litros y donde, además, se dedican a la crianza y engorda de vacunos.
Además, este año adquirieron otras 400 hectáreas en Valdivia, en las que esperan sembrar cerca de 300 hectáreas de granos para el consumo de la lechería. Es que en materia de compras e inversiones siempre han sido muy dinámicos, Matías lo atribuye a la convicción familiar de que la tierra es un activo que no pierde valor en el tiempo. “Forma parte de nuestra estrategia de inversión, no sólo compramos tierras por comprar, tenemos la capacidad de armar sobre ellas plataformas de negocios rentables”, asegura.
Es precisamente lo que están haciendo en Carnes Ñuble, firma que adquirieron junto a las familias Yarur y Matetic y que hoy se ha convertido en la principal faenadora del país. Aquí el plan también es ambicioso. “La idea es incorporar mayor valor agregado a la carne, que no sea sólo un commodity”, precisa José Antonio hijo.
Ambos (Matías y José Antonio) hablan con propiedad de estos temas, pues además de estar muy pendientes del día a día de la operación, también participan como directores de la compañía.
Antes de partir, José Antonio Garcés les pide a sus hijos que comenten acerca de una de sus inversiones más interesantes: “por qué no le cuentan lo de Sem Chile”, propone mientras se alista para emprender el vuelo de vuelta.
Cotelo es el más entusiasta con el tema. “Eduardo Fernández, que es muy amigo del papá, lo invitó a participar en partes iguales en Sem Chile”, explica de entrada, agregando sus operaciones involucraban una planta de secado de semillas en Pucallpa, en el corazón de la selva peruana, donde invirtieron cerca de un millón de dólares para mejorar los rendimientos.
Reconoce que fue un trabajo de chinos, que implicó capacitación, traslado de maquinarias e incluso, cambios de hábitos de su población. Fue precisamente a través de esta incursión que hace unos cinco años adquirieron en la zona un bosque tropical de 15.500 hectáreas, de las cuales 5.000 estaban deforestadas y que hoy están utilizando para la venta de bonos de carbono.
Pero ya no hay más tiempo. Las aspas del helicóptero comienzan a girar: es el llamado para el patriarca, quien se apura en decir adiós y despedirse de sus hijos, poniéndose de acuerdo para el almuerzo de fin de semana. Mientras tanto, nosotros también cerramos la entrevista y es que, aunque podríamos estar más tiempo saboreando sus anécdotas, también nos llega la hora de volver.
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De inversiones y aficiones |
Ya hace 6 años que la familia Garcés Silva reordenó sus inversiones y comenzó a operar bajo la modalidad del family office, asesorada por la Universidad de los Andes y algunos profesionales extranjeros. Con este sistema, ninguno de los miembros del clan permanece al margen de los negocios, los que se reparten en partes iguales entre los cinco hijos de José Antonio Garcés y María Teresa Silva: María Paz, José Antonio, Matías, Teresita y Andrés. Todos ellos se reúnen mensualmente en un directorio y reciben información de cada una de sus negocios. El gerente general del grupo es José Antonio, quien además está en el directorio de Andina, que fue la empresa donde su padre y socios realizaron el primer traspaso generacional, hace tres años. En cuanto a las otras empresas donde tienen presencia –ya sea Almendral, dueña de ENTEL (en que comparte propiedad con su socio y amigo, Eduardo Fernández León), la inmobiliaria FFV y Consorcio–, éstas aún sigue en manos de los patriarcas y, por ahora, no se vislumbran nuevos traspasos. “La verdad es que la única forma de enfrentar nuestros negocios es asociarnos con gente que tiene nuestros mismos valores y, además, que son líderes en las industrias donde están”, explica José Antonio hijo. Pero no todo es negocio para esta familia. Son también gozadores y muy aclanados; de esas familias que parten enteras a veranear, al menos 30 días al año. De hecho, ahora están planificando su próxima ruta: un crucero por los glaciares patagónicos, para el cual arrendaron todo un piso del Skorpios. Si de estar juntos se trata, el proyecto que mejor refleja esta idea es la construcción de cinco casas idénticas frente al Lago Ranco, las que fueron diseñadas –al igual que varias de las capillas emplazadas en los campos– por Teresita, a quien destacan como “la artista” de la familia, junto con Andrés, quien se dedica al cine y la fotografía, a través de su productora María Films.
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