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Artículo correspondiente al número 241 (14 al 27 de noviembre de 2008)
En Argentina son una leyenda. Cómo no, si con un equipo amateur y nada de presupuesto estos chicos alcanzaron la gloria al ubicarse en el tercer lugar de la Copa Mundial de Rugby. Una historia de superación y triunfos que se ha transformado en un muy buen negocio para algunos de sus jugadores, quienes hoy se cuentan entre los conferencistas más apetecidos del vecino país. Por Paula Vargas.
Si bien en Argentina un segundo o tercer lugar en una copa del mundo (del deporte que sea) no es necesariamente digno de quedar en la memoria, la verdad es que ha habido excepciones. Es el caso del tercer puesto que obtuvo el país vecino en el Campeonato Mundial de Rugby. Y lo es, porque lo que hicieron los integrantes del equipo trasandino fue aplaudido como una hazaña.
Manuel Contepomi, uno de los aguerridos jugadores del equipo amateur que logró ese memorable tercer puesto, lo tiene claro. Dice que es muy raro que un tercer lugar sea celebrado y menos, que quienes alcanzan esa ubicación sean elevados a la categoría de héroes... Casi como no creyéndoselo, admite sin embargo que el puesto que tienen en el hall de la fama está bastantes peldaños más abajo que el de Maradona, el grande.
Pero, ¿qué hizo a este equipo diferente de otros? ¿Por qué su hazaña es ya una leyenda? Contepomi se apura en decir que la explicación está en la manera como llegaron a esa posición. Sí, porque para ellos el camino al mundial estuvo lleno de vallas: problemas dirigenciales, recursos limitadísimos y unos cuantos lesionados de consideración fueron parte del mix que casi echa por tierra su sueño mundialista. Sin embargo, y pese a las adversidades, una vez en la Copa del Mundo de Francia, se dejaron embriagar por las ganas de lograr lo que hasta ese momento parecía estar más que vetado para un equipo sin tradición ni medallas: subir al podio.
Así fue como, después de conquistar los laureles en el campo de juego, de repente algo cuajó en otra dimensión... Si la empresa es un equipo de personas, por qué entonces no lograr que ese grupo funcione con la misma mística que el team argentino de rugby. Así fue como Martín Durand (32) y Manuel Contepomi (31) decidieron crear Goin, una firma de marketing deportivo y charlas in company, a través de la cual transmiten a nivel de empresas los que ellos creen son los valores que llevaron a su equipo a superar las adversidades y a alinearse frente a un objetivo común.
Las garras de los Pumas
Goin ingresó hace poco al campo de juego corporativo y ya lleva en el cuerpo más de 40 charlas frente a los más diversos públicos, que van desde fuerzas de ventas hasta ejecutivos de primera línea de empresas como Bayer, Pepsico, BBVA, Metlife, IBM y Goodyear.
Contepomi asegura que cuando se trata de motivar y motivarse, el caso de los Pumas aplica perfecto a las diferentes situaciones por las que atraviesan los equipos de trabajo. “Lo que vivió este equipo de rugby tiene un gran paralelismo con la empresa. Una corporación, al igual que nosotros, trabaja a largo plazo, con objetivos, analiza la competencia, el rival, en fin. De ahí que muchas empresas se sientan identificadas con lo que hicimos”, explica.
Llegar a la idea no fue complicado. Cuando estos chicos pisaron suelo argentino, al finalizar el Mundial de Rugby, de inmediato varias fueron las compañías que tomaron contacto con ellos para que fueran a dar charlas de motivación. A la semana, ya encabezaban una jornada frente a cientos de personas que integraban el equipo de ventas de Kraft. Quedaron impactados con la recepción. Todos querían escuchar la hazaña de boca de sus protagonistas y, casi de forma natural, se dio el vínculo entre lo que hicieron en la cancha y lo que una empresa puede lograr con un equipo humano motivado.
A esas alturas la fiebre por los Pumas se había desatado en todo el territorio, situación que los impulsó a organizarse. Como Contepomi y su socio estaban próximos a retirarse del deporte, no dudaron en unirse y dar vida a Goin. Y decidieron hacerlo en forma profesional. No sólo armaron una oficina, sino que se asesoraron con expertos en recursos humanos y coaching. “Si queríamos hacer este negocio en serio, teníamos que capacitarnos, mejorar nuestra expresión, nuestra manera de hablar y de estructurar la historia, haciendo énfasis en aquellos aspectos que las empresas requieren para sus equipos”.