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Reportajes y Entrevistas
El articulador

Artículo correspondiente al número 270 (26 de febrero al 11 de marzo de 2010)


Aquí y ahora

-Abordemos algunos asuntos contingentes. Si bien es desde los 90 que se habla de transición, hoy –con el triunfo de Piñera– el término ha vuelto al ruedo…

-Quiero ser bien preciso con los conceptos. Decir que estamos viviendo una transición hoy es un profundo error. En Chile la democracia funciona, hay una democracia normal y lo que estamos viviendo es un cambio de un gobierno democrático a otro gobierno democrático.

Ahora bien, desde el año 1958 la derecha no había llegado democráticamente a La Moneda y, en ese sentido, ha pasado algo excepcional, pero no diría que se trata de una transición. Cuando en España el Partido Popular de Aznar desplazó del gobierno al PSOE, se cerró un ciclo. Eso es evidente. Y de igual manera podría decirse que las personas y los partidos que estuvieron con Pinochet, o los hijos de los que estuvieron con Pinochet, o como se quiera, hoy reconvertidos totalmente a la democracia, vuelven al poder y por tanto cierran un ciclo. Pero es abusar del concepto sostener que se trata de una transición. Lo que ha ocurrido es completamente normal.

-¿Puedo deducir de tus palabras que no tienes ningún temor a la llegada de la centroderecha al gobierno?

-No tengo ningún temor respecto a las libertades y al buen funcionamiento de las instituciones; pero obviamente la orientación política del nuevo gobierno no la comparto y creo que no le va a ser fácil imponerla y, si la impusiera, no sería bueno para Chile. Pero, en fin, esas son opiniones políticas. Eso no significa, sin embargo, que el nuevo gobierno no tenga que enfrentar momentos difíciles…

-Tú vas a estar en la oposición, ¿no es cierto?

-Yo, sí. Soy de la oposición, el país nos colocó en la oposición, y ahí estaremos…

-Pero hay dos tipos de oposición. La leal y la que vivimos en la década revolucionaria…


-Eso nadie lo va a intentar siquiera, sería un suicidio.

-Pero por ahí se escuchan voces distintas…


-Sí, pero no son realistas. Yo creo que el gobierno tiene que tratar con lealtad a la oposición, y creo que en eso se ha equivocado Sebastián Piñera, porque si él quisiera realmente una democracia de los acuerdos, debiera abrir un diálogo con las directivas de los partidos, pero no intentar captar gente suelta, con lo cual socava la institucionalidad de la oposición…

-¿Conoces a tu sucesor, Cristián Larroulet?


-Sí... lo he conocido en varias negociaciones políticas. Es una persona muy capaz, inteligente, y que además tiene un gran ascendiente sobre su sector y un buen conocimiento del aparato público. Pienso que su gran test será el Parlamento, porque si bien él asesoraba a parlamentarios, otra cosa es enfrentar la tarea como representante del presidente. Con todo, yo considero que él tiene muchas condiciones…

-¿Algún consejo para el presidente electo?


-Sería presuntuoso aconsejar a las nuevas autoridades. Por algo las eligieron. Sólo diré que conviene tener paciencia y perseverancia. No hay que dejarse arrastrar por las urgencias del momento. Si uno tiene un buen proyecto y persevera, logra materializarlo porque convence, porque uno mismo se deja convencer.

-Bueno, el caso de Piñera es uno de perseverancia…

-No pensaba en la perseverancia para alcanzar un cargo, sino para hacer realidad una idea grande, trascendente. Atender las aspiraciones de la población en una sociedad diversa y compleja, como es la nuestra, constituye un desafío enorme. Por ejemplo, nos propusimos llevar adelante la reforma procesal penal, la reforma de la salud, la reforma previsional y el acuerdo educacional, y tuvimos éxito porque compartimos la información disponible e invertimos muchas horas en un diálogo enriquecedor con todos los sectores sociales y políticos implicados. Hoy, el ejercicio de convencer y dejarse convencer, escuchar y deliberar con calma, sin perder de vista el gran objetivo, está en el núcleo del arte de gobernar.

-Ha llegado la hora de la despedida. ¿Qué pasa contigo a nivel personal, emocional, después de tantos años en el protagonismo político? Felipe González señaló que había quedado harto de sí…

-Yo he vivido esto de otra manera. He tenido un gran privilegio y una enorme oportunidad y estoy eternamente agradecido a la presidenta por haberme elegido para poder servir en un cargo muy significativo e importante. Me voy con la sensación de una tarea cumplida…

-¿Sin dolor?

-O sea, con dolor por el hecho de entregarlo a la derecha, pero con la satisfacción de salir con la frente en alto y orgulloso de lo que se ha hecho. Yo ingresé al gobierno en un momento de mucha dificultad, con muchos problemas. Entramos varios y, felizmente, cada uno contribuyó a que termináramos nuestro período con una presidenta con una gran popularidad y también, lo que es importante, con un gobierno que tiene 65% de aceptación... Ahora, lo que uno no logrará explicarse nunca, y los cientistas políticos estarán por años analizando, es por qué se pierde una elección teniendo una presidenta tan popular y un gobierno con tanta aceptación…

-¿Y cuál es tu respuesta?


-Habrá que escribir y leer muchos papers, no creo que haya sólo una explicación. Las cosas que leo hasta ahora no creo que vayan al nudo del problema… Pienso que hay algo de fondo: como que la sociedad necesitaba seguir en un proceso de cambio, y tal vez la Concertación no supo expresar esos anhelos de una sociedad que ya es muy distinta de la que recibió…

-¿Notas que existe una diferencia sustantiva –el adjetivo es importante– entre la centroizquierda y la centroderecha?


-Sí. No como antes, porque antes eran visiones distintas de sociedad.

-Eran proyectos excluyentes…

-Es que el concepto durante el período de la Guerra Fría era que el capitalismo iba a terminar, y ese concepto hacía toda la diferencia. Hoy la polarización ya no es la de antes, las cosas ya no son tan dicotómicas, pero, sí yo creo que hay una diferencia básica, porque el instinto de la derecha es desconfiar de que el ser humano por su racionalidad pueda conducir los procesos y confía más en las fuerzas del mercado, en el laissez faire. Desde la Revolución Francesa, en cambio, las fuerzas progresistas, llamémoslas así, lo que piensan es que, sin desconocer esas determinaciones que son objetivas, cree que los seres humanos pueden, usando su razón, imponer ciertas reglas que conduzcan a la sociedad. Yo creo que esa es una diferencia básica.

-Hay quienes sostienen que los gobiernos de la Concertación lo que hicieron fue implementar las ideas de la derecha.


-A mí me parece que esa es una simplificación completamente fuera de lugar, porque lo que se quiere en ese caso es estereotipar a la izquierda con unas visiones anacrónicas y esquemáticas. La izquierda moderna, la izquierda progresista, asume el mercado, asume la regla del equilibrio fiscal, etc. O sea, una serie de cosas que están dadas por la realidad…

-La izquierda muchas veces también simplifica el concepto de derecha.

-Bueno, yo creo que también pasa lo mismo. Si tú eres de derecha, entonces tú eres un estereotipo de explotador, de neo pinochetista o algo así. A mí me parece también que eso es una cuestión completamente falsa. O sea, quien espere que el gobierno Piñera sea “una nueva versión del pinochetismo” quiere decir que no ha entendido nada del proceso político chileno…

-Debemos terminar… Se rumorea que te vas como ministro del Tribunal Constitucional… ¿Puedes confirmarlo?


-No tengo idea de cuál va a ser mi destino; pero si, por cosas de la vida, yo terminara en el Tribunal Constitucional, para mí sería una experiencia muy privilegiada. Pero todo tiene su tiempo y su razón de ser. Yo he aprendido que uno en la vida no puede planificar las cosas, sino que las cosas se dan de manera bastante imprevisible. Creo que ahora viene un momento muy difícil en la vida de la oposición, y en donde no se pueden acelerar los tiempos de los debates y de la maduración porque, en el fondo, va a haber que asumir una derrota con todo lo que eso significa, y eso tomará unos años…

-¿Te vas enemistado con alguien?


-En la actividad política es imposible ser monedita de oro y caer bien a todos. Por supuesto, hay personas que tampoco me caen necesariamente bien a mí. Pero no tengo nada grave con nadie.

-Escribirás tus memorias, espero…


-Recibí la oferta de una editorial. Vamos a ver, si da el tiempo, me gustaría mucho. Yo siento que más que demasiadas elucubraciones, creo que es muy importante contar ciertas circunstancias que a uno le ha tocado vivir, personajes que uno ha tratado, gente que uno ha conocido, para que las nuevas generaciones vayan asimilando una historia más larga...



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