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Artículo correspondiente al número 197 (26 de ene al 25 de feb 2007)
Un futuro con el “21”
Con todas las expectativas puestas en el futuro rendimiento de Matías y su camiseta “21”, no hay que olvidar que buena parte de su fortuna estos primeros meses dependerá del rendimiento tanto del Villarreal como de Pellegrini. La posición de este último ya está bastante resentida desde sus cuatro derrotas consecutivas en las primeras semanas de enero, y probablemente tendrá consecuencias en junio próximo, cuando toque la renovación de su contrato.
Pero de momento los nuevos dueños de Matías ya tomaron medidas respecto del valor de su nueva adquisición: fijaron la cláusula de rescisión de su contrato –es decir, el dinero que tendría que ofrecer otro club interesado en él– en nada menos que 65 millones de dólares.
El técnico detrás del jugador
No es una coincidencia que Matías Fernández haya desplegado su talento futbolístico con un entrenador como el argentino Claudio Borghi en la banca de Colo Colo. El mismo ex mundialista de la selección argentina confiesa: “lo único que yo le propuse es que jugara al fútbol como él lo sentía. Matías tuvo todas las libertades dentro de la cancha, nunca tuvo un puesto fijo, se movía por donde quería; lo que yo más trabajé con él fue la confianza y eso le hizo muy bien. Nunca reté ni corregí a Matías en nada, siempre lo dejé ser”.
Los orígenes de un campeón
Nadie puede discutir que Matías Ariel Fernández Fernández es chileno, pero tampoco hay que desconocer que nació en Argentina, exactamente en la localidad de Merlo, en las afueras de Buenos Aires. Sus padres –él chileno y ella argentina– se habían conocido en la plaza San Martín de Buenos Aires y vivieron sus primeros años como familia en Argentina, donde nacieron sus dos primeros hijos. Pero cuando Matías cumplió 4 años, decidieron radicarse en Chile, concretamente en La Calera.
Es probable que al otro lado de la cordillera, el Mati hubiese sido uno más de los tantos talentos que surgen año a año en el fútbol argentino. Pero en Chile, el Pelusa –como le decían en Colo Colo por su ferviente admiración hacia Maradona– tuvo la oportunidad de mostrar todo su fútbol. Jaime Vera, ex jugador y técnico de divisiones inferiores de Colo Colo, confiesa que cuando Matías tenía 15 años, le llamó mucho la atención su juego en un entrenamiento: “agarró una pelota, hizo una rabona y dejó a un jugador solo para hacer el gol. En ese momento le comenté al resto de los técnicos, que estábamos en presencia de un futbolista de mucha jerarquía”.
Matías llegó desde La Calera a Colo Colo a los 12 años. Los dirigentes albos lo habían visto en un torneo regional de cadetes y no dudaron en traerlo a Santiago. Recién llegado a Colo Colo, sin su familia y alojado en una pensión para futbolistas, no dejaba de llamar por teléfono varias veces al día a su madre –de ahí que celebra sus goles con el gesto de un llamado telefónico–, pero la nostalgia y la soledad no le pasaron la cuenta. Jaime Vera recuerda que Matías Fernández siempre fue un niño más maduro que sus compañeros y que superó todos los obstáculos que se le presentaban, como estar lejos de la familia a los 12 años. “Desde muy pequeño tenía muy claro que quería ser jugador de fútbol, a diferencia de otros, que no tenían esa claridad. Siempre trabajó para ser futbolista”.