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Artículo correspondiente al número 231 (27 de junio al 10 de julio de 2008)
| Una mejor educación |
El ex presidente Frei reconoce que lo que llama “la agria discusión” sobre cómo mejorar la calidad de la educación chilena le ha llenado de un sentimiento de “desesperanza”. En particular, porque –recalca– fue en su gobierno cuando el tema fue una auténtica prioridad con la partida de la reforma educacional, la Jornada Escolar Completa (JEC), el aumento de las remuneraciones de los profesores y la creación de planes de capacitación para los docentes en el extranjero. “Es uno de los asuntos en que, a mi juicio, está fallando el gran acuerdo nacional de dar un salto cualitativo: la enseñanza básica y media… porque si uno ve el nivel de las universidades chilenas, es absolutamente compatible con cualquier universidad internacional”, plantea. Tras recordar las cuantiosas inversiones que el país ha hecho en el ámbito educacional, sostiene que las soluciones no pueden quedar estancadas por debates estériles o amenazas de algunos gremios. Hay que avanzar hacia la calidad, sostiene, y para ello es necesario que los acuerdos vayan más allá de las leyes, que se eleven hacia una mirada unitaria respecto de lo que se busca a futuro, como ocurrió con la puesta en marcha de la reforma judicial. Para él, la Ley General de Educación, LGE, “es un avance sustancial respecto de lo que teníamos”. Y aunque sabe que algunos considerarán que no es suficiente, es el punto de partida, sostiene. “Si en educación no tenemos claros consensos, vamos a seguir con el problema de la baja calidad. Todos están de acuerdo en que el sistema tiene que ser mixto, porque es la realidad y siempre ha sido así”, afirma. Y cuenta enseguida que cuando recorre su región las peticiones más numerosas de las familias que se le acercan apuntan a que alguno de los hijos pueda conseguir una beca para ingresar a un colegio privado. “Todos quieren irse de la educación pública”, indica. El gran cambio debe ser terminar con las desigualdades en esta área, expresa. “Hoy, quien tiene ingresos puede llevar a su hijo a un liceo de calidad, tiene asegurado un buen puntaje, una buena universidad... y esto es un cambio de vida total. Bueno, eso debe ser para todos los estudiantes y no sólo para quienes provienen de un hogar con recursos”. Igual sus dardos apuntan a alguno de sus colegas políticos, porque comenta que la discusión previa al acuerdo zanjado por la presidenta Bachelet respecto de la LGE –y que pasó por lobby de ministros y fervientes llamados a los parlamentarios de la propia coalición de gobierno a respaldar el proyecto– evidenció ante el país la incapacidad de ponerse de acuerdo en materias básicas, “y ahí se desprestigia toda la clase política”. También cree necesario afrontar otro tema pendiente: exigir una evaluación de los profesores. “Hoy, en pleno siglo XXI, ¿qué sector o persona en ningún rubro no tiene evaluaciones? Hay capacitación continua, cambios laborales, y eso significa evaluación permanente. Entonces pretender que no se pueda hacer una evaluación obligatoria de los profesores me parece condenar a los niños y jóvenes de Chile a cualquier cosa, no más”. |