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Artículo correspondiente al número 232 (11 al 24 de julio de 2008)
Tras meses sin hablar con la prensa chilena, Douglas Tompkins rompe su silencio en Capital. Lo hizo en Francfort, donde fue galardonado junto a su esposa con el premio privado más importante del conservacionismo alemán, una distinción que obtuvo en el pasado el mismísimo Jacques Cousteau. Dice varias cosas como, por ejemplo, que seguirá con visa de turista. Por Jenny Pérez, desde Francfort, Alemania.
Aunque a estas alturas se reconoce “medio chileno”, dice que por su agenda –marcada por los viajes internacionales no le resulta conveniente cambiar su estatus de inmigración, el mismo que hace algunas semanas generara un nuevo impasse entre este controvertido ecologista norteamericano y las autoridades de gobierno… o, para ser más específicos, entre Douglas Tompkins y el subsecretario del Interior, Felipe Harboe.
Dice que está acostumbrado al “acoso político” y que el “movimiento de conservación” enfrenta estos problemas en todas partes del mundo. Aunque también admite que “a veces, es gratificante recibir reconocimientos por nuestro trabajo, porque los conflictos entre la economía global y la conservación son bien conocidos. Entonces, a veces uno se siente luchando contra enormes fuerzas y los reconocimientos –como el recibido aquí en Alemania– animan nuestros esfuerzos y nuestro ánimo”.
-Pero el reconocimiento no viene de un lugar donde usted desarrolle su trabajo.
-Porque hay una diferencia de mentalidad… Pienso que este tipo de premios existe en Alemania, porque los alemanes son líderes en el entendimiento de la gravedad de la crisis ecosocial.
-¿No como en Chile?
-En Chile ha habido avances, pero falta mucho aún.
-Cuando comenzó sus proyectos en Chile, hace casi ya 20 años, despertó muchas sospechas acerca de sus reales objetivos. ¿Cree usted que ese clima de desconfianza ha cambiado?
-Por cierto, ha cambiado mucho. Hay que mirar para atrás un poco y ver los avances de la conservación y la conciencia ambiental. Hemos visto muchos logros, también en las leyes o en el derecho ambiental. Hay una evolución hacia más reglamentación, más conciencia... y una nueva generación está llegando con nuevas ideas, una evolución que va en paralelo con el resto del mundo.
-¿Considera que el actual gobierno está desempeñando un buen papel en esta materia?
-Los gobiernos, en general, siempre marchan algunos pasos por detrás respecto de los movimientos sociales.
-Usted declaró al principal diario de Francfort que “Chile todavía está en la Edad Media” con respecto a su política energética. ¿Qué hace falta para salir de “esta época oscura”, como usted la ha denominado?
-Leí algunos comentarios de la prensa chilena al respecto y fue citado un poco fuera de contexto. Pero realmente, si hacemos un examen de la política energética en términos de conservación y eficiencia, ¡es la época de piedra! Y hay una tremenda distancia para alcanzar a la primera línea. Japón, por ejemplo, tiene una política nacional de bajar sus emisiones de gases invernadero en los próximos 10 ó 15 años y tiene un compromiso nacional fuerte, fuerte... Chile no ha logrado comprender esto. Están viendo qué medidas pueden tomar, pero están en una etapa inicial en este proceso. Por eso estoy diciendo esto que es un poco fuerte tratando, a mi modo, de empujar el debate.
-Y parece que le dio resultado, porque desde La Moneda respondió el vocero de gobierno.
-Sí, lo leí...
-Dijo que el gobierno tiene que velar por todos sus chilenos y recordó que si la economía del país crece en torno a un 5%, la demanda energética lo hace casi al doble, y que el gobierno no se mueve ni un...
-(Interrumpe) ¡Está totalmente equivocado!... Debe mirar el ejemplo de California, que ha desacoplado el crecimiento económico con el crecimiento energético, exitosamente. Si para crecer 5% Chile debe aumentar 10% la demanda energética, está andando en la dirección totalmente equivocada. Tiene que crecer 5% y bajar 5% su gasto energético.
-¿Y qué pasa con la dependencia energética y los problemas con Bolivia y Argentina?
-Pero llovió mucho y se están llenando los embalses. Al mismo tiempo, han descubierto –por casualidad– que es factible mantener la economía y bajar la energía. Eso es sólo un pequeño ejemplo, pero hay que seguir los pasos de California y Japón.
-Países como Japón, Estados Unidos y Canadá usan todas sus cuencas de agua. ¿Qué pasa con proyectos como el de Hidroaysén en Chile?
-Si esa es realmente la política energética de Chile, es ahí donde está el gran error. Pensar que tiene que destruir dos cuencas, prácticamente las más importantes del país, para mandar toda la energía a 2.300 kilómetros con todos los impactos que ello implica...
-Incluyendo el cruce de la línea de alta tensión por su parque.
-Sí incluso, aunque es un pequeño porcentaje. Pero el problema real es enviar esa energía con el tremendo impacto.