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Artículo correspondiente al número 232 (11 al 24 de julio de 2008)
-¿Cuánto afectó a Pumalín?
-Mucho. Tenemos nuestros equipos desparramados por todos lados, familias viviendo en Puerto Montt, hemos arrendado casas y cabañas. Es un tremendo caos.
-¿Calcularon las pérdidas?
-Aún no, pero nuestros equipos están enviando informes con bastantes malas noticias. Creo que va a costarnos mucho poner orden, porque el camino, la propia carretera austral, está destruida, puentes caídos, por lo menos cuatro en el norte de Chaitén. Los puentes y caminos de la ladera norte del volcán y que están en Pumalín son un desastre. También son los trazados que el gobierno va a arreglar al final y eso nos complica mucho.
-Ahora se discute el emplazamiento futuro de Chaitén y su alcalde ha dicho que uno de los mejores sería justo en sus propiedades.
-Eso fue un chiste. Es el peor lugar de todos. Hay muchos lugares. Nadie sabe si el volcán continuará su actividad por años echando cenizas y provocando más inundaciones, pero las probabilidades indican que el volcán se calmará en un relativo corto plazo, lo que permitiría canalizar el río un poco mejor y limpiar las cenizas con la lluvia, de manera de devolverle su caudal seguro y reconstruir luego Chaitén. Porque construir todo en otro lugar costaría miles y miles de millones de dólares.
-Durante su estancia en Chile ha tenido que sentarse a negociar sus proyectos con los cuatro gobiernos de la Concertación, ¿qué balance hace hoy?
-La época más difícil fue la de Frei, pero nos fue súper bien con el gobierno de Lagos y no tenemos tampoco tantos problemas con este gobierno de Bachelet. Lamentablemente, ha tenido otro tipo de dificultades: primero, con los estudiantes y después, con el Transantiago. Así que es un poco difícil tener concentración en sus políticas y es un gobierno de cuatro años, lo que achica sus posibilidades de lograr algo.
-¿Cuál es su situación migratoria actual?
-Es completamente transparente. El gobierno de Chile tiene toda la información. Estoy entrando y saliendo de Chile bajo las condiciones que establece la Ley de Extranjería, sin ningún problema. De hecho, nuestro abogado ya habló con el
subsecretario Harboe y pienso que, ante cualquier duda, el gobierno puede preguntarnos: somos muy fáciles de encontrar.
-¿Le molestó la forma en que fue emplazado a aclarar su situación?
-En todo gobierno hay algunos individuos que toman alguna decisión que no es realmente la política del gobierno. Ese parece que fue el caso.
-Harboe lo emplazó a “sincerar” su situación migratoria dados sus comentarios sobre política interna y sus negocios en Chile, que sobrepasan lo que podría estimarse una condición de turista.
-Necesitamos averiguar, primero, en términos de Derecho, qué significa la palabra “sincerar”. Si he hablado del desarrollo en Chile es para defender nuestros proyectos. No entramos voluntariamente en ninguna polémica. Si respondemos, es al ataque de terceros.
-Con todo esto, ¿considera pedir en algún momento su residencia o visa definitiva?
-Estoy en Chile durante cuatro o cinco meses al año. En Argentina, igual. Y el resto del año, viajando. Entonces, creo que no me conviene hacerlo, lo que está totalmente dentro de mis derechos según la actual ley. Si cambia la ley, voy a ajustarme a ella.
-En medio de este episodio, el ex presidente Lagos se desmarcó y dijo que “las autoridades actuales tenían que resolver”. ¿Cómo es su relación hoy con el ahora comisionado para el Medioambiente de Naciones Unidas?
-Tengo una buena relación. El ex presidente Lagos tiene toda la razón, son las autoridades las que deben tomar las decisiones bajo la ley chilena. Es por eso que sigo con visa de turista, porque la ley chilena me lo permite.
-A propósito de sincerar, ¿logró aclarar con el gobierno la procedencia y fin de las millonarias donaciones que recibió la fundación que dirige su esposa?
-Eso fue un chiste, realmente. Están hablando de algo de lo cual no conocen el origen.
-De eso se trata, precisamente.
-Ella tiene una fundación en Estados Unidos. Recauda con su fundación, que no tiene nada que ver con Chile, fondos en todo el mundo, incluso aquí en Alemania, y también en Suiza y Japón. Es un tema totalmente aparte y si el propio subsecretario
(Harboe) quiere averiguar los ingresos, tiene a su mano todos los informes del Banco Central y del Comité de Inversiones Extranjeras. No pasa ni un peso sin la aprobación de estos organismos. Eso me asombró mucho: que un subsecretario del
gobierno pueda opinar públicamente sobre algo así. Tenemos muy buenas relaciones con el Servicio de Impuestos Internos por todos estos años, nuestras cuentas son impecables y, si quiere averiguar, tiene todo el derecho de averiguar. ¡Bienvenido!
-Si todo está en regla, ¿por qué los reparos?
-Estamos acostumbrados al acoso político. Hemos visto eso durante todos estos años, por lo que ya tenemos cuero de chancho, como se dice.
-¿Qué lo haría abdicar en sus objetivos?
-Soy muy porfiado, insistente y persistente. Mire, en verdad nada es distinto en Chile que en otro país. El movimiento de conservación siempre presenta el mismo desafío a quienes lo dirigen.
-Entonces, tenemos Tompkins para rato…
-Sí, es así.
-¿Y cómo ve a Chile y el futuro de sus proyectos de conservación?
-Veo a Chile prácticamente como mi propio país, porque no me identifico tanto con Estados Unidos. Estoy trabajando y viviendo en Chile y Argentina en los últimos 20 años y mi corazón está allí, mi trabajo está ahí, mis más íntimos amigos están allí. Me siento medio chileno y con un gran amor por Chile, de hecho estoy planificando morir allá...
-¿En Chile?
-Bueno, nadie sabe dónde ha de morir, pero probablemente en Chile o en Argentina, porque estamos allí casi todo el año.