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Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas Domingo Cavallo. Kirchner no entiende para nada el rol del mercado |
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Artículo correspondiente al número 259 (21 de agosto al 3 de septiembre de 2009)
Crítico a rabiar de la gestión económica realizada por los Kirchner, el ex ministro de Economía de Argentina no pierde la esperanza. Dice que si bien en el país hay incubados varios gérmenes nocivos, aun se esta a tiempo de enmendar el rumbo, cuestión que de seguro harán las nuevas autoridades que asumirán en 2011. Por Jorge Abasolo.
Ha pasado lo peor para Argentina o se prolongará ese estado de cosas que hace imposible mejorar el estándar de vida de sus habitantes? Una pregunta que muchos se hacen, en especial después del severo traspié electoral de los Kirchner en junio.
En medio de un panorama que para muchos es desalentador, otros vislumbran destellos promisorios, como el que el gobierno esté permitiendo que el Banco Central aplique una política monetaria con cierto sesgo antiinflacionario, cosa que hace rato no se veía. Eso sí, dicen los menos entusiastas, un dedo no hace mano y la retahíla de errores del gobierno es tan amplia que cualquier cosa que se haga puede ser poca cosa como para contrarrestar ese berenjenal de malas medidas previas... Como sea, hoy los empresarios trasandinos argumentan que el clima en Buenos Aires es de wait and see.
Para escarmenar con el rigor propio de su sapiencia, recurrimos a Domingo Felipe Cavallo, un personaje que no requiere mayor presentación y que, más allá de las controversias, para muchos es una figura más que preclara para analizar el devenir económico de la Argentina actual.
Nacido en la ciudad de Córdoba en 1946 (casado, 3 hijos y 3 nietos), Cavallo cuenta a su haber un doctorado en Ciencias Económicas en la Universidad Nacional de Córdoba y un PhD en Economía en la Universidad de Harvard, además de cinco doctorados honoris causa. Es miembro correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de España, integrante del Grupo de los 30 y presidente honorario de la Fundación Mediterránea. Aparte de su extensa carrera docente, también ha cumplido diversas funciones en el ámbito público, las que incluyen el haber sido vicepresidente del Banco de la Provincia de Córdoba, presidente del Banco Central, dos veces diputado, ministro de Relaciones Exteriores y dos veces ministro de Economía.
Suele venir una o dos veces al año a Chile, en el que dice tener una legión de amigos y de todos los colores políticos. Se declara un admirador de nuestro país, de su dirigencia política, tanto de derechas como de izquierdas, y subraya que Chile es una sociedad muy bien organizada y, por supuesto, con un excelente vino.
-¿Le gusta?
-Por supuesto. Cuando no tomo vino argentino en el interior, pido siempre vino chileno.
Horas clave
-Previo a las elecciones legislativas de junio pasado, Néstor Kirchner dijo que si el pueblo argentino no les daba un espaldarazo se volvería al corralito del año 2001. Una posición tajante, como queriendo decir: o nosotros, o el caos.
-Bueno, el caos no fue por el corralito del 2001. El caos lo trajo el corralón y su mentor, que fue Eduardo Duhalde, cuando declararon el default y cuando produjeron una fuerte devaluación, precedida por lo que se llamó la pesificación. Todo eso fue una decisión del gobierno que sucedió a De la Rúa, o sea, el de Duhalde.
De manera que esta expresión de Kirchner es una muestra de lo mentiroso que es. El sabe muy bien que el caos no vino el 2001 con el corralito.
Es más, le diría que ese caos que generó la decisión de Duhalde es muy parecido al caos que puede llegar a generar el desmanejo de la situación que ha producido Kirchner durante su gobierno. Durante los últimos años y bajo el liderazgo de los Kirchner, en Argentina se han hecho tan mal las cosas, que ahora sí existe el peligro de que el funcionamiento de los precios y el déficit fiscal que van a tener que financiar con la emisión monetaria terminen provocando de nuevo un golpe inflacionario. Y como es muy probable que eso llegue a ocurrir, pretenden echarle la culpa a los que no votaron por él… o por ella.
Hay que ser francos: el caos ha sido generado por las mismas políticas que ellos han aplicado. Ahora quieren que la gente compre el argumento de que el caos viene porque no los votaron a ellos.
-Usted ha dicho que en los Kirchner predomina una mentalidad antiliberal. ¿Cómo así?
-Los Kirchner de ahora no son los de la década de los 90. Entonces Kirchner –como gobernador– apoyó todas las reformas que hicimos Menem y yo, incluso las que se hicieron después de que yo me fui del gobierno y con las que no estuve muy de acuerdo. Lo que pasa es que después, cuando él fue elegido presidente decidió que todas las decisiones económicas –públicas y privadas– las tenía que tomar él, como si fuera el dueño de la Argentina. Y empezó a manejar la economía con criterio absolutamente anti liberal, antilibre mercado y anti integración con el mundo. Es así como nos hemos transformado en una economía encerrada en sí misma e intervenida en forma arbitraria por el Estado. Algo así como era la Argentina en los 70 y 80. Los Kirchner han sido absolutamente retrógrados en cuanto a la organización de la economía argentina.
-No obstante eso, ¿es Kirchner un hombre ilustrado en materia económica?
-Para nada. El lo único que entiende es que hay un debe y un haber, y que es importante tener mucha recaudación para no incurrir en déficit. Pero no le importa cómo recauda, no le importa el efecto económico de los impuestos por lo que recauda y tampoco le presta mucha atención a qué tipo de gastos se llevan adelante. Por ejemplo, en los últimos años han sido enormes los subsidios económicos sin sentido social que han insumido una gran proporción del gasto público total. Y los ha financiado con impuestos, como los que gravan el ámbito agropecuario, que están destruyendo la base productiva de la Argentina. Ese tipo de entendimiento de la política fiscal –que él presenta como ortodoxia económica– es una aberración, porque eso no es saber respetar los principios de la buena economía. Es todo lo contrario.
Kirchner no entiende para nada el rol del mercado, de la empresa libre como promotora de eficiencia económica ni de buena asignación de los recursos. El cree que el gobierno puede impunemente fijar precios y no se da cuenta de que eso lleva a que se produzcan desajustes entre la oferta y la demanda y que se desalienten la inversión y la producción. Tiene grandes lagunas, una falta total de entendimiento de lo que es una economía moderna y organizada. Lo penoso es que a los que nomina como ministros de Economía no los deja definir nada, porque quien decide todo es Néstor Kirchner. Ese es uno de los dramas que ha tenido y sigue teniendo Argentina.
-Luego de la derrota de los Kirchner, usted ha dicho que lo primero que debiera hacer la presidenta sería enviar al Congreso un proyecto de reforma tributaria y de la ley de coparticipación federal de impuestos. ¿Por qué?
-La prioridad es porque la economía argentina ya no soporta los impuestos distorsivos, en particular los impuestos sobre las exportaciones. Ello ha provocado una crisis inédita en sectores como la lechería, la ganadería y la agricultura. Nosotros deberíamos tener la ganadería, la lechería y la agricultura más pujantes del mundo.
Ahora, con respecto a la coparticipación federal de impuestos, es imprescindible una reforma, porque Kirchner ha basado su manejo en la centralización de recursos y en la distribución arbitraria entre las jurisdicciones. Eso no les permite a las provincias hacer un manejo fiscal ordenado y prestar atención a las políticas sociales que son responsabilidad de las provincias.
Pero hay algo que todavía es más importante y es lo que yo llamo el sinceramiento de los precios y de la inflación. Este sinceramiento requiere –por un lado– eliminar todos los controles de precios y dejar que éstos se fijen por la oferta y la demanda. En segundo lugar, hay que reflejar adecuadamente en las estadísticas el comportamiento de la inflación. Y digo esto porque desde enero de 2007 los índices que se publican no reflejan para nada la realidad. Mientras no se produzca ese doble sinceramiento no va a haber confianza en el país como para que exista crédito, inversión y financiamiento para las empresas y los consumidores.