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Artículo correspondiente al número 238 (3 al 16 de octubre de 2008)
Reconocido por su contribución a la lucha contra el Alzheimer, el biólogo Nibaldo Inestrosa pasó este año a formar parte del selecto grupo de laureados con el Premio Nacional de Ciencias. Hombre directo y apasionado, su trabajo también es centro de críticas, como las del doctor Rodrigo Kujlis, quien lanzó fuertes reproches contra el galardonado y el gobierno. Ante la embestida, Inestroza se excusa de hacer comentarios, pero eso no implica que no tenga muchas otras cosas que decir.
Reconocido por su contribución a la lucha contra el Alzheimer, el biólogo Nibaldo Inestrosa pasó este año a formar parte del selecto grupo de laureados con el Premio Nacional de Ciencias. Hombre directo y apasionado, su trabajo también es centro de críticas, como las del doctor Rodrigo Kujlis, quien lanzó fuertes reproches contra el galardonado y el gobierno. Ante la embestida, Inestroza se excusa de hacer comentarios, pero eso no implica que no tenga muchas otras cosas que decir. Por Lorena Rubio. Fotos, Enrique Stindt.
Afuera llueve a cántaros y un delgado chico de 14 años hunde, tembloroso, la tijera en el vientre claro y algo áspero de la rana que yace en el improvisado laboratorio de la clase de Ciencias Naturales del Instituto Salesiano de Valdivia. Ahora viene el turno a las extremidades del anfibio. Es el comienzo de la década del 60. El niño es Nibaldo Inestrosa y está a punto de experimentar un momento que marcará su futuro. Porque el hoy flamante premio nacional de Ciencias Naturales 2008 recuerda ese momento como el instante en que supo que quería ser científico.
“Estábamos disectando las patas de la rana con tijeras y pinzas. De pronto, los músculos se movieron y lo primero que pensé fue que los instrumentos les daban vida a los músculos”, rememora. Pero eso no podía ser cierto... y Nibaldo Inestrosa Cantin (hoy, de 57 años) se puso a estudiar.
Hijo de un periodista y de una dueña de casa, en su hogar no había un interés especial por la ciencia, pero el profesor del ramo incentivaba la curiosidad en su alumnos. Y al niño Inestrosa la curiosidad le salía a borbotones. “Mis hijas siempre me dicen que yo debo haber sido un nerd, y no tengo problemas con eso”, admite entre risas.
En todo caso, su historia académica revela a un personaje mucho más sofisticado: fue el primer doctor en biología celular (PUC) y el primer alumno de postdoctorado que publicó un paper durante el primer año en el laboratorio de Zach Hall. Cumplió aquel postdoctorado en San Francisco con excelentes resultados, ingresó a la Academia Chilena de Ciencias a los 49 años... y suma y sigue.
Tanta vida académica no inhibe su excelente sentido del humor, como tampoco su crítica mirada hacia la manera en que se enfrenta la ciencia en nuestro país. Y aunque no venga el caso, el cóctel que conforma este personaje se completa con su autodefinición política de anarquista.
Pero volvamos al laboratorio del Instituto Salesiano de Valdivia. Luego de consultar un par de textos y volver a practicar el experimento escolar con una segunda rana, Inestrosa se percató de que su propia manipulación de los nervios del anfibio activaba el sistema muscular. La conclusión no era nueva y había sido descubierta a comienzos del siglo XIX –la transmisión de la electricidad en los sistemas biológicos– pero para el adolescente hizo que el mundo se abriera con una fuerza inusitada.
“Siempre tuve claro que quería conocer el lugar de encuentro entre el nervio y el músculo, así como entre dos neuronas; es decir, la sinapsis”, explica.
Egresado del colegio, Inestrosa ingresó a Medicina en la Universidad de Chile. “Yo pensaba que la ciencia se hacía desde la medicina”, reconoce. Pero estando allí se dio cuenta de que para hacer ciencia necesitaba un cambio y se trasladó a la Católica, donde en 1974 se graduó en Ciencias Biológicas. Fue allí donde conoció a quien califica como su mentor: Joaquín V. Luco.
Salto al mundo
El pasado 18 de septiembre, Inestrosa (quien conoció la noticia del premio nacional el 26 de agosto) viajó a París. El objetivo, asistir al homenaje que la Ecole Normale Supérieure (ENS) tributó a dos colegas de Inestrosa: los profesores Jean Massoulie y Patrick Masson, quienes dejaban la investigación bioquímica y la neurobiología, respectivamente.
¿Qué une a nuestro “cerebro” chileno con estos dos investigadores franceses? Algo que probablemente usted nunca había leído (o escuchado), pero que es clave en la forma en que funcionan nuestros sistemas nervioso y muscular. Su nombre es complicado; pero su acción, crucial: acetilcolina. Al momento de explicar el tema, la aparente sangre fría de este científico se transforma en pura pasión y pareciera desbordar su atiborrado escritorio en el departamento de Biología Celular y Molecular de la facultad de Ciencias de la UC, en Marcoleta con Portugal. Allí ejerce el cargo de director del Centro de Envejecimiento y Regeneración (CARE) y del Centro de Regulación Celular y Patología (CRCP).
La acetilcolina, nos explica, es una sustancia que es “devorada” por una enzima presente en todo organismo humano: la acetilcolinesterasa, y cuya función es ayudar a que el sistema nervioso funcione como corresponde y que los músculos dejen de actuar cuando ya no son activados. ¿Lo entendió? Así lo expone el propio Inestrosa: “la acetilcolinesterasa es una enzima (proteína) encargada de terminar con la acetilcolina, una sustancia llamada neurotransmisor y que se encarga de mantener activa la interaccion neurona-músculo”. En definitiva, y transcurridos tantos años desde aquella experiencia escolar en Valdivia, Inestroza sigue preocupado del lugar de encuentro entre el sistema nervioso y el músculo.
Con el fl uir de sus investigaciones, el científico llegaría a la conclusión lógica y natural: el sitio donde la sinapsis alcanza su mayor complejidad –y, por lo tanto, es mucho más atractivo para cualquier investigador– es el cerebro. La purifi cación de la enzima acetilcolinesterasa se convirtió en el gran logro de su laboratorio.
El paper en que divulgó este trabajo (cuyo título se traduce como “la acelticolinesterasa acelera el ensamblaje de los péptido-beta-amiloides como fibras de Alzheimer: el posible rol del sitio periférico de la enzima”) lanzó a Inestrosa al estrellato del mundo científico. Fue publicado en 1996 y ha sido citado 264 veces, según la utilísima página www.webofscience.com (recuerde que las citas corresponden a la “medida” de relevancia de un texto académico). Todo un record para el mercado local, donde un documento estándar no suele ser referido más de 30 veces. De hecho, Inestrosa suma 5.000 citas para su conjunto de papers publicados.
Un premio Nobel, por ejemplo, suele ser mencionado más de 1.000 veces por un solo artículo. Claro que también importa la formación de discípulos y, en este punto, Inestrosa menciona con orgullo a los científicos formados por él, como el biólogo Miguel Allende (presidente de la Sociedad de Biología Celular de Chile); al doctor en Ciencias Ariel Orellana (director del Centro de Biotecnología Vegetal de la Universidad Andrés Bello) y a Enrique Brandan (jefe del departamento de Biología Celular y Molecular de la facultad de Ciencias Biológicas de la UC), entre otros. El trabajo divulgado en 1996 introdujo, asimismo, a Inestrosa en el complejo mundo de la denominada “enfermedad del olvido”, área que le valió el premio en Chile. Ni perdón, ni olvido
-¿Cómo nace ese interés por el Alzheimer?
-A mediados de los 90 llegué a un punto en que no había nada más que decir sobre la acetilcolinesterasa. Fue un punto de quiebre en el que me pregunté en qué área vinculada a la investigación que había hecho hasta ese momento tenía más redes, reconocimiento e interés. Y todos los caminos conducían al Alzheimer.