Reportajes y Entrevistas Diez para los próximos diez
Artículo correspondiente al número 269 (29 de enero al 25 de febrero)
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6. Festival de Abraham
Aquí hay algo que nunca podría haber ocurrido en la década de 2000, pero que tal vez será posible en la preadolescencia o adolescencia del siglo, si es que hay un avance en el proceso de paz en Medio Oriente. La idea es un festival de artes que celebre el origen de las tres religiones abrahámicas: el judaísmo, el cristianismo y el Islam. Cada año podría celebrarse en una ubicación diferente, y Jerusalén, obviamente sería el mejor lugar para empezar. En Irlanda, en la cúspide de los “problemas”, se decía que la única solución para el sectarismo rabioso era permitir que florecieran 1.000 bandas de punk-rock: la música ayudaba a crear un espacio libre para el diálogo (de una variedad de alto volumen). Así que, prohibidos los políticos. Sólo artistas.
7. Poder popular y piramide invertida
Muchos hemos visto o vivido el organigrama del siglo pasado, en que el poder y la influencia (ya fuera ejercido por la Iglesia, el Estado o una empresa) se concentran en el punto más alto de la pirámide y presionan a la parte baja. Pero en este nuevo siglo, y en especial en algunas partes del mundo en desarrollo, la pirámide se está invirtiendo. Se ha escrito mucho acerca de los beneficios que se pueden conseguir en la parte inferior de la pirámide, menos se ha dicho sobre el poder político allí. Cada vez más, las masas se sientan en la parte superior, y su peso, a través de teléfonos celulares, Internet y la sociedad civil y la democracia, es sentido por aquellos que tradicionalmente han estado en el poder. Hoy en día, el peso empuja más cuando los pocos son corruptos o no cumplen las promesas que los llevaron a la autoridad en primer lugar.
El mundo está empezando a darse cuenta de este cambio. En su viaje más reciente a Africa, la secretaria de Estado, Hillary Rodham Clinton, pasó por alto a los funcionarios de gobierno y se reunió con representantes de grupos independientes, no gubernamentales, que rápidamente se están convirtiendo grupos más organizados y más interconectados. Por ejemplo, Twaweza, una organización ciudadana, se está extendiendo a través del Este de Africa, ayudando a las personas a hacer responsables a los funcionarios locales de la gestión de presupuestos y la prestación de servicios. (Twaweza en swahili significa “podemos hacer que suceda”).
8. Dando la pelea al rotavirus
El punto es que estas vacunas existen. No son una simple esperanza, como una vacuna contra el Sida. Y una de las más mejores noticias en 2009 es que se ha demostrado que las vacunas de rotavirus funcionan no sólo en países con mortalidad infantil baja, sino en los países más pobres, donde la diarrea (no es una asesina en nuestras casas) causada por infecciones por rotavirus quita la vida a 500.000 niños al año. La Organización Mundial de la Salud emitió este verano una recomendación para incorporar las vacunas contra el rotavirus al programa de inmunización de cada país. Desde este punto de vista, me gusta el aspecto de la próxima década.
9. Viva la Revolución (no violenta)
“Como alguien que está aquí como consecuencia directa del trabajo de la vida del dr. King”, dijo el presidente Obama en su discurso de aceptación del Nobel, “soy un testimonio viviente de la fuerza moral de la no violencia”. También, podría haber añadido, los alemanes y europeos del Este que salieron hace un par de meses a celebrar el aniversario de la caída del Muro. Y también lo son los iraníes valientes que siguen en las calles a pesar de la certeza de la represión brutal. Como Neda Agha Soltan, son testimonios vivos (y sangrantes y muertos).
El comienzo de la década debería ser el momento para tener un poco de esperanza –no la cosa tenue, sino una esperanza fogueada, forjada en el espíritu triste de los tiempos. Así que voy a poner mis esperanzas en la posibilidad –por remotas que sean en este momento – en que los regímenes de Corea del Norte, Myanmar y otros países están tomando nota de los problemas que una ciudadanía despierta puede dar a los tiranos, y que la gente en lugares llenos de rabia y desesperación, lugares como los territorios palestinos, en los próximos días encontrarán entre ellos a su Gandhi, su King, su Aung San Suu Kyi.
10. La Copa del Mundo da el puntapié inicial a la década africana
Se está haciendo más fácil describir a los estadounidenses el impacto de la Copa del Mundo; en especial el impacto que tendrá en Africa, donde el torneo se celebrará este verano. Hace pocos años, Costa de Marfil estaba dividida y en medio de la guerra civil cuando su equipo nacional clasificó para el encuentro 2006. La respuesta fue tan eufórica que la guerra quedaba en suspenso mientras algo más importante que la lucha mortal tenía lugar: esto es, un partido de fútbol. El equipo se convirtió en un símbolo de cómo las diferentes tribus podían convivir –y lo hicieron– después de terminado el torneo.
Esta vez, para la Copa Mundial de 2010, los pesimistas pensaron que Sudáfrica no podría construir los estadios a tiempo. Esos críticos deben estar avergonzados ahora. Los impresionantes preparativos de Sudáfrica subrayan los cambios en el continente donde, en los últimos años, el crecimiento económico de 5% era el promedio. Las señales apuntan a otra década de crecimiento futuro. Los inversionistas inteligentes pondrán más capital allí. Esto a su vez tiene el potencial para reforzar las frágiles democracias jóvenes de todo el continente. Sería adecuado que Nelson Mandela, que ha hecho más que nadie para que Africa se levante, diera la partida a la ceremonia de apertura. Si aparece, el mundo llorará de alegría.