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Artículo correspondiente al número 271 (12 al 25 de marzo de 2010)
Sinónimo de radio en Chile, los hermanos Mosciatti han vivido jornadas maratónicas las últimas dos semanas siendo la voz de Bío Bío. Prácticamente sin comunicación entre ellos, han mantenido atento a todo un país, comunicando lo que sucede en su golpeada región. Duermen apenas unas horas y no tienen horario para las comidas. Lo suyo es trabajo y servicio. Por Paula Vargas; fotos, Verónica Ortiz.
A estas alturas sus voces son familiares e inconfundibles. Los hermanos Mosciatti, toda una institución ya antes del terremoto del sábado 27 de febrero, se volvieron un referente obligado en las oscuras horas tras el sismo... De hecho, en la golpeada Concepción sus palabras fueron las únicas que resonaron en miles de radios a pila, permitiendo a los aterrorizados habitantes entender lo que estaba pasando.
No saben si fueron o no los primeros en transmitir los ecos del terremoto, pero tampoco es algo que les interese. De lo único que tienen certeza estos penquistas dueños de la red de radios Bío Bío, es de que a escasos minutos del movimiento estaban al aire y lo siguen haciendo en forma ininterrumpida en gran parte de las emisoras locales de su red y, desde luego, en las repetidoras que poseen a lo largo del país.
Lo han hecho incluso desde la calle, a la intemperie. Al menos eso sucedió en Valparaíso, donde prácticamente se vino abajo el lugar de las transmisiones. Para qué hablar de la VIII Región, donde recién tres días después del desastre, Tomás (49) y Nibaldo (48) pudieron comunicarse unos pocos segundos con su hermano Mauro (46)... Los suficientes – en cualquier caso– para saber de sus más cercanos y de las precarias condiciones en que se estaba transmitiendo desde la zona. “Supimos que estaban sin bencina para hacer funcionar los vehículos y los equipos electrógenos, sin teléfonos para los despachos, trabajando en condiciones pésimas… Les mandamos combustible, comida y agua desde Santiago, apenas lo básico, y sin embargo ahí están”, cuenta con orgullo Tomás, la cabeza del clan Mosciatti.
Y aunque no pretende elevarlos a la categoría de héroes, ni mucho menos, su satisfacción va por otro lado: por el enorme servicio que se ha brindado a la comunidad. Esa, dice, es su verdadera obsesión. “Nosotros entendemos la radio como un medio que es un servicio, y eso lo hemos defendido a toda costa… Lo que vivimos hoy es la expresión más visible de lo que hacemos todos los días: ser sensibles ante la gente, de privilegiarlos a ellos antes que a la autoridad”, agrega Nibaldo, el único periodista de la familia.
Así es como vivieron esas primeras horas del desastre: al pie del cañón. Si incluso al darnos esta entrevista se turnaban para no dejar el set. Es que nacieron en esto de la radio, conocen del oficio, manejan sus códigos, el valor del tiempo y, lo más importante, saben lo que significa para la gente este servicio. Eso lo tienen más que claro. De hecho en Capital fuimos testigos, tanto en Santiago como en Concepción, de los cientos de personas que se agolpaban en sus estaciones dejando avisos de búsqueda de sus familiares desaparecidos.
De tal palo…
Este espíritu, qué duda cabe, lo heredaron de su padre, Nibaldo Mosciatti Moena. Un penquista de origen italiano que desde muy joven sintonizó con este mundo. Antes de instalar su primera estación, Mosciatti padre creó programas de radio y de teatro, fue escenógrafo, hizo títeres, tuvo una agencia de noticias y otra de publicidad. Y así hasta que finalmente pudo montar su primera estación, radio Lota del Carbón, no sin antes cerrar la agencia de publicidad por las incompatibilidades que ésta podría generar.
“Mi padre no transaba con eso. De hecho, nosotros no podemos pertenecer a ninguna organización sin antes analizarlo y discutirlo, aunque sea un club de ajedrez, porque puede crear conflictos de interés al informar,” advierte Tomás.
Claro que tanta independencia ha tenido sus costos. En lo inmediato, varios contratos deshechos con auspiciadores y unos cuantos líos de mayor calibre con los gobiernos de turno. “En los tiempos antiguos, las cadenas nacionales eran obligatorias y lo más común era colgarse de ellas, pero con Frei Montalva esto degeneró, porque él las usaba como propaganda: comenzaba todos los días a las 12 con el himno de la DC. Luego, con Allende, recuerdo que partió una cadena nacional que no terminaba nunca y mi papá dijo no más y se descolgó. Por supuesto que clausuraron la radio y todo eso, pero su principio ahí fue defender la libertad de expresión”, recuerda.
Se enfrascaron en ese momento en una batalla legal que más tarde ganaron, pero no sería la única vez que se enfrentaran a la autoridad. El mismo 11 de septiembre del 73, Mosciatti padre se negó a integrar la red nacional de las Fuerzas Armadas. “Mi padre fue clarísimo: si no salíamos como Bío Bío, preferíamos no salir... y, bueno, nos clausuraron. Este era un problema de principios, no de color político. Antes lo mismo nos había pasado con Allende”, enfatiza Tomás.
La expansion

Tomás Mosciatti: "Me desperté con ese tremendo terremoto. Cuando terminó, me vestí y me vine a la radio. Tuve la mala suerte de que ese día el estacionamineto del edificio estaba clausurado porque estaban arreglando el acceso. Asi es que salí a la calle y me vine corriendo. No es tanta la distancia, porque vivo a unas pocas cuadras, pero igual llegué medio infartado... cuando pisé la radio ya había gente acá y desde ahí no hemos parado"
El espíritu libertario de su padre y la efervescencia de la política de la época fue capturando a cada uno de los hermanos Mosciatti, los que de a poco se fueron insertando en el negocio familiar. El primero en hacerlo fue precisamente Tomás, que desde niño se vio fascinado por este mundo, hasta que en el año 86 y luego de terminar sus estudios de Derecho se sumó formalmente a la radio.
Junto a su padre se embarcó en un proyecto más ambicioso: hacer crecer la estación y convertirla en una red nacional. A esas alturas era una exigencia del mercado, porque los grandes grupos radiales avanzaban a toda máquina en su expansión, al adquirir estaciones locales a lo largo del país y transformarlas en repetidoras. Era una fórmula con la que no comulgaban pues, a su juicio, sepultaba la expresión local, que para ellos es parte sustantiva del espíritu de la radio. Por eso, optaron por crear una red que hiciera un mix entre radios locales y unas cuantas repetidoras.
Aunque su aspiración en ese minuto era llegar a Santiago, su arribo a la capital debió ser postergado, ya que la solicitud de concesión fue rechazada. Pero no se quedaron de brazos cruzados. Los Mosciatti no perdieron tiempo y se abocaron a crecer hacia el sur. Así fue como se instalaron en Temuco, Osorno y Puerto Montt con radios locales.
También fundaron una operadora de televisión en Concepción, el primer canal privado en una región. “No sabíamos nada de televisión. De hecho, cuando chicos mi mamá no nos dejaba verla. Para nosotros fue un desafío grande, pero hemos salido adelante y lo mantenemos hasta el día de hoy”, dice Tomás.
Ya posicionados en la zona sur, a mediados de los 90 nuevamente volvieron a la pelea por Santiago y, tras un largo juicio, cuando prácticamente todas las cadenas radiales se opusieron a la concesión alegando que podría generar interferencias, finalmente la Corte Suprema les dio luz verde. “Fue tremendo el proceso. En Santiago nadie quería representarnos, porque todos los que podían hacerlo estaban asesorando a las otras radios. Nos ayudó un amigo abogado, Mario Rojas Sepúlveda, y a través suyo llegamos a Pablo Rodríguez, quien había sido mi profesor en la Chile. El nos ayudó muchísimo en este caso”, evoca el mayor de los Mosciatti.
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| Nibaldo Mosciatii: "Llegué poco antes de las 5, cuando dejé a mis hijos tranquilos, y sin saber que el epicentro estaba en el sur. Siempre pensé que era cerca de Santiago. Me dediqué mucho a la coordinación, sabiendo que teníamos grandísimas dificultades. Empezamos a chequear qué pasaba con otras transmisiones y nos dimos cuenta de que en Valparaíso y Concepción también estábamos funcionando, pero sin contacto con ellos". |