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Detonantes Urbanos

Artículo correspondiente al número 269 (29 de enero al 25 de febrero)


Un ejemplo más cercano es Puerto Madero, en Buenos Aires, que también fue un proyecto de recuperación de espacios centrales, pero que estaban olvidados. La principal operación fue la recuperación de los docks o almacenes ubicados en los muelles del borde oeste de los diques, y que se declaró como área de protección patrimonial. Se abrieron calles y avenidas, se crearon plazas y parques y se restauró la infraestructura histórica.

En total, el Estado invirtió 1.000 millones de dólares aproximadamente y se estima que sólo en inversión inmobiliaria el sector privado aportó 3.000 millones de dólares, sin considerar los beneficios por patentes, impuestos o empleos. Hoy no sólo se ha transformado en el barrio más caro de la ciudad, sino que en el gran distrito comercial y de negocios de la capital argentina.


Elefantes blancos


Sin embargo, no siempre un plan de estas características tiene éxito. Como explica el director de la escuela de Arquitectura de la Universidad Diego Portales, Ricardo Abuauad, no existe una receta infalible para obtener réditos de una inversión en infraestructura o urbana. Es más, explica, muchas veces puede ser peligroso tratar de reproducir los ejemplos tipo Bilbao.

“Muchos alcaldes perciben que el asunto se logra por la espectacularidad y la escala superlativa de los proyectos, y no es así. Por intentar adquirir para un plan una escala parecida a la del Guggenheim, se puede terminar haciendo una obra muy superior a lo aconsejable”, subraya.

El arquitecto de la Universidad de Chile Ernesto López va más allá: “yo me sacaría el fetichismo de la gran obra pública, tan Lagos acá y tan Mitterrand en Francia. Creo más en lo inmaterial, en cómo mejoramos la calidad de vida de las personas, y eso en Santiago pasa por mejorar el transporte o eliminar la contaminación”, precisa.

Domo del milenio en Londres, Inglaterra

Sus últimos cuatro años los vivió en Londres, donde hizo un doctorado en planificación urbana en la University College London. Al sureste de la city, de hecho, se encuentra un elefante blanco que pretendió ser la punta de lanza de un nuevo desarrollo: el Domo del Milenio. Levantado en 1999 para celebrar el inicio del tercer milenio, costó cerca de 1.500 millones de dólares que nunca fueron recuperados. Desde entonces se ha intentado darle una utilidad al proyecto, sin éxito. Incluso hubo un casino negociando para instalarse en él, anota López.

Y es que aunque suene de perogrullo, tan importante como el continente es el contenido, recalca Ricardo Abuauad, quien agrega dos elementos más como requisitos para una obra de gran escala: que esté inserta en un plan mayor y que la decisión sea lo más informada posible, con un concurso, por ejemplo, de tal forma que se valide como proyecto.

Explica que incluso cuando se toman las decisiones supuestamente correctas, se corre el riesgo de tener un proyecto equivocado. Era el peligro de la propuesta del arquitecto y artífice de Brasilia, Oscar Niemeyer, para Valparaíso. Por su amistad con Neruda, Niemeyer regaló un proyecto para edificar un centro cultural en los terrenos de la ex cárcel del puerto. “Pero era una idea que podría haber perjudicado el ya precario equilibrio de Valparaíso, a pesar de contar con elementos correctos como un arquitecto de renombre, un proyecto detonante y una ciudad patrimonial”, explica Abuauad.

Iván Poduje añade que, aunque puede parecer atractiva la idea de la gran obra para posicionar una ciudad o recuperar una zona, definitivamente no puede ser en base a la simple voluntad. “Se debe combinar una necesidad con una aspiración, no puede obedecer a una volada. Segundo, tiene que producirse en lugares centrales; tercero, requiere una dispersión de actividades y cuarto, el Estado debe invertir”.

El Forum de las Culturas en Barcelona es una clara prueba de que la voluntad no basta para hacer un proyecto, ejemplifica Poduje. Luego del éxito de las Olimpíadas, cuenta, se trató de reproducir esa experiencia pero, a diferencia de su modelo, se concentró toda la inversión en un solo lugar, con la excusa del Forum de las Culturas 2004. El costo del proyecto fue de 4.600 millones de dólares, que fue asumido casi por completo por el Estado, a diferencia de los juegos. Si bien el plan ha sido alabado desde el punto de vista de la arquitectura, no generó el efecto económico previsto. Se esperaban 5 millones de visitas durante los 141 días de exposición y sólo llegó un poco más de 3 millones. Hasta la fecha ha generado ingresos por 1.000 millones de dólares: sólo un 20% de la inversión original.

Para evitar esto, recalca Iván Poduje que es fundamental amarrar estas mega obras a una necesidad concreta de la ciudad. “No es llegar e instalar un edificio. En Bilbao se puso el museo sobre un río saneado, canalizado, con una costanera, metro, paseos, etc. Había una apuesta, pero también una razón objetiva, como recuperar un espacio”.






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