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Artículo correspondiente al Martes 14 de Junio, 2011
Si hay algo que caracteriza a Carlos Alberto Délano es su bajo perfil. No le gusta hablar de política –es íntimo del presidente Sebastián Piñera- ni tampoco de su holding Penta, que administra activos por cerca de 34 mil millones de dólares. Pero sí se anima a hacerlo sobre el emprendimiento, los 75 años del Colegio Saint George y sobre cómo se convirtió en uno de los empresarios más importantes del país. A pulso. Sin ostentaciones. Y sorteando momentos financieros complicados. Por Carla Sánchez Mutis; fotos, Verónica Ortíz.

No fue un buen alumno en el colegio. Lo suyo era el fútbol. Tanto que no descartó ser jugador profesional. Sus cercanos lo llaman el Choclo porque en uno de los veraneos en La Herradura se quebró la mitad de una paleta y no podía disfrutar de una coronta a mordiscos, como el resto. “Era un palomilla”, sentencia Carlos Alberto Délano. Pero el “chico”, el que solía ser el más bajo del curso, creció. Pese a ser, en sus propias palabras, un flojo –egresó con promedio 4,1– logró entrar a Ingeniería Comercial en la Universidad Católica, se graduó con distinciones y hoy juega en las grandes ligas: el holding Penta –que creó junto a Carlos Eugenio Lavín, su socio de toda la vida y otro ex Georgian– administra activos por cerca de 34 mil millones de dólares y está presente en las industrias de seguros, financiera, salud, previsión e inmobiliaria.
Délano es hábil y, como buen futbolista –juega todos los fines de semana– esquiva con sutileza todo lo que tenga que ver con negocios y números. Tampoco le gusta hablar de política, pese a que se dice forma parte del “tercer piso” de La Moneda, nombre con que se conoce al grupo de empresarios al que el presidente Sebastián Piñera suele escuchar por su cercanía... hecho que él desmiente.
En lo que sí se detiene es en el tema del emprendimiento y en los 75 años de su colegio, el Saint George; el cual, a su juicio, logró entrenarlo para ser un gran empresario. “Yo no conozco un colegio más emprendedor que el Saint George. Era un colegio que no se preocupaba de lo que hoy sería el ranking PSU, sino que nos sacaba a todos adelante. Yo era súper flojo, pero me dieron todas las herramientas para progresar”, recuerda.
Y si hay algo que destaca es la sana competencia... algo que en su opinión hoy se ha perdido. “Cuando uno ganaba una competencia le colocaban una cinta amarilla en el chaleco. Yo, que no era un gran alumno, admiraba a la gente que destacaba. Los premios a uno lo motivaban. El mismo club de debates, por ejemplo, era una competencia sana. En algunos colegios se ha eliminado esto de la competencia, yo no estoy tan de acuerdo”, argumenta y prosigue: “la vida es una carrera en la cual la palabra competitividad puede ser mirada desde un punto de vista bueno o malo. Creo que es positiva cuando uno lo hace bien, sin maldad, al final los países progresan. La competencia le da un sabor al emprendimiento”, sentencia el empresario.
-En Estados Unidos, las empresas más grandes, como por ejemplo Google, tienen menos de 10 años de historia. En Chile, en cambio, tienen varias décadas. ¿Qué pasa con el emprendimiento en nuestro país?
-En Chile se cree que el emprendimiento es sólo el empresario que gana mucho dinero, y cuando a uno le va bien es mirado como que casi tuviera unos genes especiales y lo alzan para el cielo. O eres Dios o eres pésimo y te tiras al precipicio. Por ejemplo, ¿qué pasa con el caso de un agricultor que lo ha hecho todo bien y baja el dólar o la producción y quiebra, sin colocar los bienes a nombre de otras personas? La sociedad igual lo castiga. Aquí se premia demasiado al empresario, pero se debiera destacar más al emprendedor, que puede incursionar en otras áreas como literatura, medicina, arquitectura. Creo que nuestro país es todavía subdesarrollado en eso.
-En Estados Unidos no pasa eso…
-Claro, allá los gallos siempre tienen segundas oportunidades. Incluso la ley de quiebras en Estados Unidos es mucho más inteligente: uno entra al capítulo 11, no es una cuestión que uno tiene que ir de un banco a otro negociando, es un sistema en el cual al que le va mal haciéndolo bien tiene segundas oportunidades.
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"En Chile se cree que el emprendimiento es sólo el empresario que gana mucho dinero, y cuando a uno le va bien es mirado como que casi tuviera unos genes especiales y lo alzan para el cielo. O eres Dios o eres pésimo y te tiras al precipicio".
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