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Reportajes y Entrevistas
Desde Puente Alto se avista La Moneda

Artículo correspondiente al número 214 (05 al 17 de oct 2007)

Reina en la comuna más poblada del país y, desde ese trono, se perfila como uno de los hombres fuertes de la Alianza. Todavía no está en carrera de nada -dice-, pero no se achica para una futura senatorial y ni siquiera descarta competir por La Moneda. Sin credencial de estadista ni padrón de político de cuño, el Cote sabe lo que pesa a la hora de captar votos y con eso, más las ganas, está seguro que basta. Por M. Angélica Zegers V. Fotos, Enrique Stindt.

 

Este hombre no para, literalmente. Da la sensación de estar todo el día a full. Lo suyo no es la pausa, la reflexión intelectual ni las entelequias del poder, sino la acción pura y simple. Identifica los problemas –que no son pocos en una comuna enorme y todavía con mucha pobreza, como Puente Alto– y los soluciona. Sus maneras y dichos delatan la crianza campesina, lo que explica que pese a ser un Ossandón Irarrázaval, se sienta como pez en el agua entre gente de menores recursos, y haya obtenido las más altas votaciones jamás conseguidas por un alcalde de derecha en una comuna donde –hasta su aparición– la Alianza sobrepasaba apenas el 10%.

 

El Cote, como le dicen, es todo lo contrario a una creación del marketing, las encuestas o las cúpulas. Se hizo a pulso, sin necesariamente quererlo, desde la modesta alcaldía de Pirque, allá por el año 1992. Fue su padre, Roberto Ossandón Valdés, quien le pidió que se presentara. “Me dijo que la familia había estado siempre en la zona, que teníamos un compromiso, que siempre me había atraído el tema social y terminó con un argumento implacable, porque me dijo que no me preocupara tanto si no iba salir”.

 

Tenía 29 años y con su título de técnico agrícola del Inacap había hecho una bastante buena carrera laboral, gerenteaba en ese momento dos empresas de la zona, y vivía tranquilamente con su señora (Paula Lira) y cuatro hijos en la misma casa en que lo hace hasta hoy en Pirque, además de dedicarse a jugar polo y practicar enduro ecuestre.

 

Pero el Cote dijo que sí y se lanzó en lo que mejor hace hasta hoy, el puerta a puerta. Consiguió con amigos cinco mediaguas y le ofreció a una señora que vivía en un rancho construirle una casa para demostrar que en Pirque sí había pobreza y que, de resultar electo alcalde, se enfocaría en ese problema. La señora no lo llevó de apunte, “me sacó a patadas del lugar”, recuerda, pero el hecho es que quedó cachuda y quiso la suerte que le preguntara por “este pije” a un campesino que era amigo del Cote. La señora recapacitó y aceptó el trato. Le anexaron dos mediaguas que terminaron formando una especie de linda casita de playa sobre pilotes. Luego vinieron cinco más y con eso, aparte de mil calendarios medio artesanales, Ossandón ganó la elección.

 

-No lo podía creer y tanto es así, que cuando acepté ir de alcalde ni siquiera le pregunté a mi señora, error por el cual todavía me arrepiento. Es que nunca pensé que iba a ganar. De hecho, me desesperé tanto que fui donde mi papá y un tío para que me ayudaran a renunciar y dejarle el cargo al segundo. Mi papá me dijo que yo había dado mi palabra y que tenía que cumplir, así que apechugué nomás y me embarqué. Ossandón no se demoró nada en tomarle el gusto al mismo cuento que antes encontraba “rasca” y poco para él. Se dio cuenta de que era bueno en identificar problemas, buscar soluciones creativas, hablar con la gente y generar buenos equipos de trabajo. Cuatro años después se presentó a la reelección y sacó el 65% de los votos. Ya era un fenómeno en la zona y comenzó a cambiarle la cara a la comuna. Sin embargo, se dio cuenta de que no quería ir por un tercer período.

 

-Estaba aburrido de no ganar nada, el sueldo me alcanzaba justo para pagar el colegio de mis niños y no me quedaba nada más. Me sacaba la cresta trabajando y me ayudaban mis padres y hermanos, que siempre han estado detrás de mí, pero no había plata para mantener a la familia. Me había metido a full en la campaña de Lavín del 99. Estaba agotado, así que decidí buscar pega, Lo hablé con mi señora y decidimos concretar un viaje de peregrinación a Roma para el que habíamos ahorrado durante años.

 

Un mes antes de partir, llegó a la alcaldía una pobladora muy pobre de Puente Alto a pedirle ayuda. El Cote la recibió y le solucionó el problema. Luego llegaron varias más y este alcalde, que confía ante todo en el juicio divino, vio en esta sucesión de casos una señal de que Dios le estaba pidiendo algo distinto. -La Paula me dijo que decidiéramos el futuro en Roma y en la puerta de la basílica de San Pablo Extramuros acordamos dos cosas importantes: que si el hijo que esperábamos era mujer se llamaría María y que si era hombre, como sucedió, sería Pedro Pablo. También decidimos que me presentaría a la alcaldía de Puente Alto y si ganaba era porque Dios así lo quería, lo que nos liberaba bastante en el peso de la decisión. Además dijimos que la campaña “terminaba” a las dos de la tarde y que no trabajaría ni sábados ni domingos, lo que cumplí religiosamente.

 

Ossandón sacó el 46,5% de los votos, compitiendo con el socialista Sergio Rubilar, un bastión de la comuna. Cuatro años después, la cifra se elevó a más del 60%.

 

 

 

El empoderamiento político

 

 

El poder tiene sus costos. En el caso de Ossandón, se relacionan con su propia seguridad, ya que han atentado contra su vida y hoy anda con guardaespaldas y todos los vidrios de la municipalidad son blindados. También ha sufrido acusaciones serias, como antes de la elección de 2004, cuando recibió la querella de un concejal por supuestos malos manejos de dinero.

 

“Fue el último recurso que usó el gobierno para tratar de liquidarme y bajar mi votación, pero no lo lograron, porque soy honrado. Las tres páginas del reportaje de La Nación (lo puso en portada con el título “Samurai en problemas”), donde me dejaban casi como un delincuente, no merecieron después ni una sola línea donde se hablara de mi inocencia”.

 

Aun así, dice que tiene muchos amigos en el gobierno y la Concertación. Destaca a José Miguel Insulza y a la propia presidenta Bachelet, a quien conoció hace muchos años cuando les tocó trabajar juntos en temas de salud, él representando a los municipios y ella, al ministerio. Desde entonces hasta Bachelet lo trata de Cote. También destaca que estuvo en Cuba junto a Joaquín Lavín y tiene enmarcadas la foto y el puro que le regaló el Comandante.

 

 

-¿No es medio esquizofrénico que los dirigentes de la Alianza reivindiquen con tanto orgullo sus visitas a Fidel Castro?


-Yo creí que era bueno dar una señal hacia la izquierda de que se puede conversar y tener una convivencia civilizada aunque se piense muy distinto en política. El régimen de Castro va en contra de todos mis principios, pero no voy a ser yo el que lo saque, es un problema de los cubanos. Ossandón sabe lo que pesa y cada vez se siente más empoderado. Como en los mejores tiempos de Lavín en campaña, firma personalmente más de mil fotos a la semana. Recorrer con él la comuna es una odisea, saluda a medio mundo, la gente lo toca, le pasan los niños y le cuentan los más infinitos problemas, a los que él se dedica independientemente de lo nimios que parezcan. El hombre es voluntarista y no cede cuando algo se le mete en la cabeza. Sin ir más lejos, la comuna cuenta con Metro porque cuando oyó que Maipú iba a ser la favorecida, revirtió la situación con una espectacular campaña comunicacional enfocada a las 200 personas cercanas al presidente que influían en la decisión. Con militancia en Renovación Nacional desde hace muchos años, nunca fue muy activo en el partido y recién se integró más a fondo con la actual directiva en calidad de vicepresidente. También participa en el comité ejecutivo de la Alianza. Es obvio que cada día gana más espacios de poder.

 

 

-¿Por qué desechaste competir por Santiago a favor de un tercer período en Puente Alto?


-En política las cosas son muy inciertas, pero para mí lo que más pesa es la vocación de servicio público. A pesar de que soy de los que piensan que los alcaldes no deberían estar más de 8 años en el cargo, igual que senadores y diputados, nos comprometimos a cambiar la cara a Puente Alto y todavía falta. Don Carlos Larraín me ofreció ir de alcalde por Santiago y aunque las encuestas hoy no lo muestren, sé que habría ganado frente a cualquiera, incluidos Trivelli y la Ximena Rincón.

 



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