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Artículo correspondiente al número 285 (24 de septiembre al 7 de octubre)
Ahora, como parte de su faceta más reciente –la política–, el ministro Felipe Larraín le está tomando el gusto al contacto con la gente, desde sus antecesores en Teatinos 120 hasta los más simples y comunes ciudadanos de a pie. Por Guillermo Turner
-¿Sabe lo que dicen de usted algunos parlamentarios? Que es el primer ministro de Hacienda simpático en mucho tiempo…
Felipe Larraín sonríe.
-¿En serio?
-Claro, me lo dijo un diputado en medio de la negociación del royalty.
-A mí en pleno momento de tensión por el proyecto de financiamiento de la reconstrucción me llamó un senador de la Concertación para darme su apoyo. Me dijo: “quiero solidarizar con usted, a pesar de los desacuerdos, porque yo sé que lo está pasando mal”. Le respondí: “le agradezco mucho sus palabras, pero le quiero decir que lo estoy pasando maravillosamente bien. Es una pega dura y difícil, pero me entretengo mucho”.
Y se le nota entretenido. No sólo por tener la oportunidad –supongo, el sueño de cualquier economista– de llevar las riendas de la billetera fiscal, del ministerio por esencia, de la fuente y destino de todos los que aspiran a rasguñar aunque no sea más que sea un pedacito de la enorme torta presupuestaria fiscal. Ahora, como parte de su faceta más reciente –la política– Felipe Larraín le está tomando el gusto al contacto con la gente, desde sus antecesores en Teatinos 120 hasta los más simples y comunes ciudadanos de a pie.
“Me sale natural”, confiesa, porque –cree– es una cuestión de temperamento y también porque tiene amigos y colegas a nivel transversal. “Vieras el otro día lo bien que lo pasamos en la comida con los ex ministros”, cuenta en referencia a la cena que organizó en su casa con los anteriores titulares de Hacienda.
-Pero más fome que reunión de economistas…
-¿Estás loco? Resultó súper buena, llena de anécdotas. Todos poniendo una cuota de humor, aportando experiencias, etc. Y alguien me comentó que era la primera vez que se hacía algo así. A mí me han dicho que sienten que soy un ministro de Hacienda cercano. Pero esa es mi manera de ser. Tendría que cambiarme para ser distinto. Me siento muy cómodo con la gente. Lo paso bien.
Tuvo la oportunidad de comprobarlo ese par de días que dedicó, al igual que el resto del gabinete, a cumplir con la misión Bicentenario que les encomendó el presidente: recorrer Chile, entrevistando compatriotas. Larraín tuvo suerte, le tocó la V Región. Visitó Quintay, Santo Domingo, Leyda, El Tabo, Quilpué, Villa Alemana, Olmué, Limache y Casablanca. Bailó cueca, jugó rayuela, comió empanadas, bromeó y se sacó como 200 fotos con todo tipo de personas que se acercaron a saludarlo. Comprobó en terreno ese 60% de conocimiento que registra en las encuestas... y le gustó.
-¿Carrera política?
-No niego que esto tiene una dimensión política, pero este ministerio requiere un background técnico muy significativo. No bastan las dotes políticas. No obstante, estás metido en el mundo político. Te ven como a una autoridad política y estamos conscientes de eso.
Ruta 68. Destino: Valparaíso
Son las 9:45 horas del 14 de septiembre. Como casi todos los martes y miércoles –excepto semanas distritales– el ministro de Hacienda sube al auto que lo llevará hasta Valparaíso, al Congreso, a defender la tramitación de los numerosos proyectos que incumben a su cartera. Con más de 120 mil kilómetros recorridos, se trata del mismo Volvo que antes movilizó a Velasco. Decidimos acompañarlo. Es un viaje sin escoltas, respetando la velocidad máxima y pagando todos los peajes. “Parte del temperamento”, dice.
Nuestro objetivo es profundizar en esto del estilo Larraín. Qué tanto tiene de motu proprio o si, como dicen los críticos, no es más que el reflejo de un diseño del poder por el cual los ministros han perdido relevancia frente a un omnipresente presidente Piñera. O hasta dónde está conforme con las decisiones implementadas (alza de impuestos, nuevo royalty minero, la “excepción” de Barrancones) o si siente traicionado su propio discurso como economista, columnista y orador en tanto seminario.
-¿Se dio cuenta de que cumplió 6 meses de ministro? ¿Está conforme?
-Sí, bien conforme.
-¿Cuál ha sido su principal logro?
-Devolverle el dinamismo a la economía chilena en términos de crecimiento y creación de empleo. Uniría a eso el financiamiento de la reconstrucción.
-¿Y por qué ha sido mérito de este gobierno? ¿Acaso el impulso económico no venía de antes?
-Indudablemente, no es mérito sólo de este gobierno, porque hay al menos tres elementos que confluyen, pero ya se está empezando a mostrar el resultado de las cosas que hemos estado haciendo. Por cierto, hay algo de la baja base de comparación y yo lo he dicho siempre. En segundo lugar, hay algo que es reconstrucción post terremoto. Pero también hay un tercer elemento, que tiene que ver con la confianza que están reflejando cada vez más las encuestas de opinión, la confianza de las personas, que las hace salir y comprar bienes de consumo durable. Eso es confianza en sus perspectivas económicas y también se ve a nivel de la inversión. Porque lo que tenemos hoy es una economía impulsada por la inversión, no por las exportaciones o el consumo. Lo más dinámico, por lejos, es la inversión.
-Pero ¿qué hizo el gobierno que gatilló esto?
- La confianza tiene que ver con la instalación de un gobierno con un proyecto claro y un acento muy fuerte en el crecimiento y en la creación de empleo. Además, ya hemos pasado algunas leyes que influyen en la inversión. En la ley de financiamiento de la reconstrucción incluimos un incentivo a la vena de la inversión con la exención del impuesto de primera categoría para todas las Pymes que reinviertan sus utilidades. También está la rebaja del impuesto de timbres y estampillas de 1,2% a 0,6%. Y un tercer punto, la histórica colocación de los bonos soberanos en dólares y en pesos, que ya provocó una rebaja en las tasas de interés largas en Chile.
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-¿Cuál ha sido su principal logro como ministro?
-Devolverle el dinamismo a la economía chilena en términos de crecimiento y empleo. |