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Reportajes y Entrevistas
De Rusia a Concepción

Artículo correspondiente al número 221 (25 de ene al 21 de feb 2008)

 

La de los Imschenetzky es una historia de best seller. Una familia de inmigrantes rusos que huyó de los bolcheviques y los conflictos armados europeos. Que llegó a Chile sin nada y que hoy mantiene un imperio regional, sustentado en el negocio inmobiliario. Controladores del futuro casino de Talcahuano, su crecimiento no ha estado exento de polémica. Por Sandra Burgos.

 

Nicolás Imschenetzky Ebensperger es el representante de la tercera generación de esta familia de inmigrantes rusos en Chile. Desde hace siete años es quien lidera los negocios, luego de que su padre, Nicolás Imschenetzky Popov, efectuara el proceso de traspaso de la dirección de las empresas de la familia.

La historia de los Imschenetzky en Chile es –literalmente- fruto de la desesperación, la casualidad y el esfuerzo. Dueños de una de las fortunas más grandes de la Octava Región, han tenido que sortear muchas difi cultades para llegar a convertirse en lo que son hoy: dueños del Casino de Talcahuano: Marina del Sol, y de una serie de desarrollos inmobiliarios; proyectos que en los últimos 15 años suman cerca de 1.300 millones de dólares.

Su apuesta por Chile suma ya tres generaciones, comenzando por Wladimir Imschenetzky Gan, zarista de corazón, que huyó en 1917 de la revolución bolchevique en su Rusia natal y comenzó una larga peregrinación por Europa, continente que –como sabemos- no pasaba por sus años más tranquilos.

Con tres guerras a cuestas y cansado de huir, Imschenetzky decidió en 1946 salir del viejo continente. Como recuerda su nieto Nicolás Imschenetzky Ebensperger (32 años y responsable principal del negocio familiar), sus abuelos se fueron a un puerto desde donde salían los barcos con ciudadanos de Europa del Este que arrancaban de la ocupación rusa, hacia otros continentes.

“Mis abuelos llegaron al puerto sin tener claro el país al que emigrarían; sólo querían ir a un sitio donde no hubiese problemas; estaban desesperados, sólo que rían salir de Europa. Entonces se acercaron a la gente del puerto y preguntaron, ¿cuál es el primer barco que sale y al destino más lejano?, ¡A Chile!, les respondieron y así partió su travesía a este país”, relata.

Los primeros Imschenetzky, al igual que muchos otros emigrantes de la post guerra, desembarcaron “con lo puesto”. Llegaron a vivir al Estadio Nacional, donde les dejaban estar a cambio de mantener los baños y las dependencias limpias.

“Mi abuelo era militar y tenía estudios como ingeniero, con muchos conocimientos en topografía y fotos aéreas, lo que le sirvió para desarrollar sus primeros trabajos y participar luego en proyectos importantes que se hicieron en el Instituto Geográfico Militar”.

La topografía lo llevó a trabajar en varias industrias, especialmente la forestal. Como demostró ser un tipo bien metódico y meticuloso, las mismas compañías con las que trabajaba como empleado le ofrecieron que se instalara con una empresa pequeña como subcontratista... y lo hizo.

 

 

La aventura comienza


Corría 1969 cuando el patriarca del grupo se instaló formalmente con la empresa Construcciones Wladimir Imschenetzky. En esa época su hijo, Nicolás Imschenetzky Popov, ingresaba a estudiar Ingeniería Civil Mecánica en la Universidad de Concepción, lo cual los indujo a asentarse en la sureña ciudad.

Nicolás estudiaba y trabajaba en la empresa en sus ratos libres y vacaciones, lo que lo llevó rápidamente a tomar conciencia del negocio. Una vez egresado, en 1973, se integró a la compañía, lo que también implicó la llegada de nuevas ideas para desarrollar el negocio familiar, como la creación del área de ingeniería de proyectos.

Un año después crearon Ingeniería y Construcción Valmar Ltda., en homenaje a los padres de Wladimir (Valentín y María), una sociedad que padre e hijo compartieron en partes iguales.

“Tras la creación de la nueva empresa, mi padre conversó con mi abuelo y le dijo: nos matamos haciendo presupuestos y corriendo como locos y la verdad es que cuando uno construye una casa, ya tiene la experiencia para levantar 20, 50 ó 100. Entonces, podemos incursionar en ese rubro. Fue así como decidieron ingresar al negocio de las viviendas en 1974”, explica Nicolás Imschenetzky Ebensperger.




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