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Artículo correspondiente al número 215 (19 de oct al 01 de nov 2007)
“El Isidora es particularmente hermoso porque, si lo ves con cuidado, te das cuenta que fue construido respetando las proporciones de las antiguas casas del sector.
No es una masa vertical. Incluso posee un alero en el tope, un rasgo más propio de una casa que de un edificio”, explica.
| Torres Isidora Foster | Edificio CCU | Edificio Isidora 3642 |
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Obras maestras
Y sin embargo, estos no son los favoritos de Sabbagh. Para encontrarlos hay que caminar por Isidora Goyenechea en dirección poniente, pasando frente a las torres Isidora Foster (altura 3477) –“éstas solucionaron el problema de la circulación creando una plaza que las conecta entre sí”–, y también por varias construcciones pre Consorcio, hasta llegar a la pequeña y compacta Comunidad Edificio El Golf (altura 3365). “Lo más notable es su capacidad para incluir a las personas, para acogerlas en este caso a través de la terraza de un restaurant. Es un lugar que nunca está vacío”.
Claro que un poco más allá –en Isidora 3120– reside la joya del barrio. “El Edifi cio Manantiales, o el edificio de los palitos, como lo conoce la gente”, dice Sabbagh mientras nos acercamos. “Bueno, qué decir. Es una construcción extraordinaria por la belleza de su fachada, por el respeto con que trata a su vecino (el edificio Parque Isidora Golf) sin apabullarlo al demostrar altura; por la pilarización, este conjunto de pilares que conducen al interior, y la manera en que estos mismos se relacionan con la calle Augusto Leguía”. En verdad, Manantiales es una obra maestra, la mirada no se agota al recorrer cada uno de sus costados y se entiende por qué esta obra de Luis Izquierdo y Antonia Lehman fue elegida como uno de los mejores edificios en altura del mundo en la última década, y como tal fue expuesto en la muestra Tall buildings, del MoMa, en Nueva York.
Sabbagh mira al frente, hacia la avanzada construcción del Edificio Territoria, aunque no tiene mucho que decir. “Es que este proyecto no respeta el equilibrio impuesto por la altura del Manantiales”, agrega cuando ya comienza a hablar de otra de las estrellas del barrio, el Edificio Corporativo CCU (Vitacura 2670). “Es una obra espléndida y toda una declaración de principios. Está enclavado en pleno Sanhattan, pero no comparte ninguna de las malas características de esos edificios. El CCU no es una construcción que a sus pies tenga un estacionamiento, sino que se abre a la eventual interconexión con sus vecinos. Es un testimonio ejemplar dentro de un sector que se despilfarró como espacio público”.
“Suele ocurrir”, comenta el arquitecto mientras caminamos al final de la tarde de regreso a su oficina. “Así como hay sectores de la ciudad donde el valor del suelo es tal que conviene construir en altura y se obtienen construcciones como el Manantiales, hay otros donde la combinación entre valor y restrictivas ordenanzas municipales genera verdaderos terrenos arrasados, donde lo único que resulta conveniente edificar son esas horrorosas automotoras. A eso se ha reducido buena parte de Vitacura. Pero claro, esa es otra historia”. Una que probablemente exigirá otro paseo.