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Artículo correspondiente al número 232 (11 al 24 de julio de 2008)
Tal vez el cambio más importante de los últimos años para Africa sea la creciente presencia china. En su búsqueda de materias primas que le permitan continuar con su acelerado desarrollo, el gigante asiático se ha convertido en un actor protagónico en la escena económica africana.
A fines del año pasado, el primer ministro chino Wen Jiabao fue el anfitrión de la cumbre China-Africa en Beijing, a la que asistieron 43 jefes de Estado africanos. En la ocasión, estimó que el comercio bilateral llegaría a 100 mil millones de dólares antes de 2010, un incremento de más de diez veces en una década y que permitiría a China superar a Estados Unidos y Europa como principal socio comercial del Africa subsahariana. En los primeros nueve meses de 2007, los flujos comerciales llegaron a 50.600 millones, un alza de 42% respecto de igual período de 2006, alimentados por la demanda china de los recursos naturales africanos y las importaciones hacia la región de los productos de consumo que China produce a bajo precio.
La puerta de entrada para los chinos fue Sudán, que hasta 2004 concentraba casi la mitad de sus inversiones. La Chinese National Offshore Oil Corporation (CNOOC) ayudó a desarrollar los campos petroleros del país, echando por tierra en el proceso los esfuerzos de Estados Unidos por aislar al régimen en Khartoum. Es precisamente su presencia en Sudán la que hoy ensombrece los Juegos Olímpicos de Beijing, blanco de organizaciones como Save Darfur, que condenan la situación en la región sudanesa.
Hoy las inversiones chinas abarcan docenas de países africanos en sectores tan diversos como el algodón, el zinc y la banca. El año pasado, el Industrial and Commercial Bank of China pagó 5.500 millones de dólares por una participación de 20% en el Standard Bank de Sudáfrica.
En total, hay unas 800 empresas estatales chinas operando en Africa, con faenas mineras en 13 países y, sobre todo, una fuerte presencia en infraestructura, construyendo represas, refinerías de petróleo, caminos y vías férreas. Se estima que contratistas chinos están ganando 50% de los nuevos proyectos de obras públicas en Africa, superando a rivales de todo el mundo. La política china podría defi nirse como materias primas por infraestructura, y hasta ahora los africanos parecen estar de acuerdo.
Asimismo, la disposición de Beijing a otorgar créditos sin condiciones (siguiendo su principio de no interferir en los asuntos de otros estados) ha complicado a los donantes tradicionales. El financiamiento chino ha superado los préstamos de agencias multilaterales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que sí exigen compromisos y cumplimiento de metas para la entrega de fondos. También están los que dudan ante la posibilidad de crear nuevos lazos de dependencia con un único aliado.