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De nuevo en el mapa

Artículo correspondiente al número 232 (11 al 24 de julio de 2008)




Según datos de la OCDE, el año pasado más de 54 millones de africanos participaron en 19 elecciones parlamentarias y presidenciales. No obstante, la tasa de participación, de 32,9%, fue más bien baja, pese a que la mayoría de las elecciones fueron pacíficas. Los presidentes de Mali y Senegal fueron reelegidos y nuevos nombres se impusieron en Mauritania y Sierra Leona. Pero también hubo problemas: los comicios de abril en Nigeria fueron calificados como “no creíbles” por observadores de la Unión Europea y la turbulencia siguió a las disputadas eleccionespresidenciales en Kenia.

Nigeria es un ejemplo de cómo la inseguridad y la subinversión pueden mantener el petróleo en el suelo, sin importar la urgencia de la demanda global. Las autoridades locales de la región del Delta del Níger están exigiendo una mayor participación en los ingresos petroleros, pero al mismo tiempo son incapaces de controlar a la insurgencia armada –alimentada por el contrabando de crudo– que sabotea la producción. Sus reservas petroleras, de 36.200 millones de barriles, son cuatro veces superiores a las de Angola, pero la dinámica industria angoleña recién logró en abril bombear más crudo que la nigeriana.

La producción petrolera de Nigeria cayó a 1,5 millón de barriles diarios en junio, el nivel más bajo en 20 años, luego de que hombres armados lanzaran un ataque sin precedentes contra las instalaciones marinas de Shell en Bonga, a unos 120 kilómetros de la costa. En los 90, el país excedió periódicamente las cuotas impuestas por la OPEP, lo que se tradujo en una baja sostenida en los precios. Ahora, la inseguridad hace que el rol de Nigeria sea de desestabilización en los mercados energéticos. Cuando los sauditas anunciaron un incremento en la producción petrolera el mes pasado, el efecto en los precios fue nulo debido al ataque contra Bonga, que evitó la extracción de una cantidad similarde crudo pocos días antes.

Los observadores atribuyen la tendencia regional hacia la inestabilidad a la persistencia de antiguos conflictos. En Chad la situación se ha deteriorado desde 2006, con enfrentamientos crecientes entre varios grupos de rebeldes y el ejército nacional. Sudán sigue agobiada con la guerra en Darfur. La violencia continúa en Uganda y el noreste de la República Democrática del Congo. Los enfrentamientos étnicos siguen siendo causa de preocupación, en especial donde abundan las armas provenientes de las zonas de guerra. Ahora se han agregado las protestas por el mayor costo de la vida, en especial el encarecimiento de alimentos y combustibles. Las manifestaciones han sido visibles en Senegal, Zambia, Burkina Faso y Camerún.

 

 

 

 

Conexión china

 

 

Tal vez el cambio más importante de los últimos años para Africa sea la creciente presencia china. En su búsqueda de materias primas que le permitan continuar con su acelerado desarrollo, el gigante asiático se ha convertido en un actor protagónico en la escena económica africana.

A fines del año pasado, el primer ministro chino Wen Jiabao fue el anfitrión de la cumbre China-Africa en Beijing, a la que asistieron 43 jefes de Estado africanos. En la ocasión, estimó que el comercio bilateral llegaría a 100 mil millones de dólares antes de 2010, un incremento de más de diez veces en una década y que permitiría a China superar a Estados Unidos y Europa como principal socio comercial del Africa subsahariana. En los primeros nueve meses de 2007, los flujos comerciales llegaron a 50.600 millones, un alza de 42% respecto de igual período de 2006, alimentados por la demanda china de los recursos naturales africanos y las importaciones hacia la región de los productos de consumo que China produce a bajo precio.

La puerta de entrada para los chinos fue Sudán, que hasta 2004 concentraba casi la mitad de sus inversiones. La Chinese National Offshore Oil Corporation (CNOOC) ayudó a desarrollar los campos petroleros del país, echando por tierra en el proceso los esfuerzos de Estados Unidos por aislar al régimen en Khartoum. Es precisamente su presencia en Sudán la que hoy ensombrece los Juegos Olímpicos de Beijing, blanco de organizaciones como Save Darfur, que condenan la situación en la región sudanesa.

Hoy las inversiones chinas abarcan docenas de países africanos en sectores tan diversos como el algodón, el zinc y la banca. El año pasado, el Industrial and Commercial Bank of China pagó 5.500 millones de dólares por una participación de 20% en el Standard Bank de Sudáfrica.

En total, hay unas 800 empresas estatales chinas operando en Africa, con faenas mineras en 13 países y, sobre todo, una fuerte presencia en infraestructura, construyendo represas, refinerías de petróleo, caminos y vías férreas. Se estima que contratistas chinos están ganando 50% de los nuevos proyectos de obras públicas en Africa, superando a rivales de todo el mundo. La política china podría defi nirse como materias primas por infraestructura, y hasta ahora los africanos parecen estar de acuerdo.

Asimismo, la disposición de Beijing a otorgar créditos sin condiciones (siguiendo su principio de no interferir en los asuntos de otros estados) ha complicado a los donantes tradicionales. El financiamiento chino ha superado los préstamos de agencias multilaterales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que sí exigen compromisos y cumplimiento de metas para la entrega de fondos. También están los que dudan ante la posibilidad de crear nuevos lazos de dependencia con un único aliado.

 

 



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2 Comentarios

jorge ibarra:

Publicado Miercoles 23 de Julio, 2008 - 15:21 hrs

África dice que no 
 
por Ignacio Ramonet  
Así que para mal de la arrogante Europa, se produjo lo inimaginable: en un impulso de orgullo y rebelión, África, a la que muchos creían sometida a fuerza de empobrecimiento, dijo que no. No a la camisa de fuerza de los "Acuerdos de asociación económica" (APE según su sigla en francés). No a la liberalización salvaje de los intercambios comerciales. No a esos últimos avatares del Pacto colonial. 
 
Sucedió en Lisboa, el pasado mes de diciembre, en ocasión de la Segunda Cumbre de la Unión Europea y África, cuyo principal objetivo era obligar a los países africanos a firmar nuevos tratados comerciales (los famosos APE) antes del 31 de diciembre de 2007, en aplicación de la Convención de Cotonú (junio de 2000) que prevé el fin de los acuerdos de Lomé (1975). Según estos acuerdos las mercaderías procedentes de las antiguas colonias de África (y del Caribe y el Pacífico) ingresan a la Unión Europea prácticamente sin derecho de aduana, con excepción de los productos sensibles para los productores europeos como el azúcar, la carne y la banana. La Organización Mundial de Comercio (OMC) exigió el desmantelamiento de estas relaciones preferenciales, o bien su reemplazo por acuerdos comerciales fundados en la reciprocidad (1) -único medio, según la OMC, de preservar la diferencia de tratamiento a favor de los países africanos. La Unión Europea se inclinó por la segunda opción, el libre cambio integral enmascarado bajo el nombre de "Acuerdos de asociación económica". 
 
En otras palabras, lo que los Veintisiete exigen de los países de África (y de los del Caribe y el Pacífico) (2) es que acepten dejar ingresar a sus mercados las exportaciones (mercaderías y servicios) de la Unión Europea sin derechos de aduana. 
 
El presidente senegalés Abdoulaye Wade denunció esta coacción y se negó a firmar. El presidente de Sudáfrica, Thabo M’Beki, lo apoyó de inmediato. Siguiendo esa línea, Namibia también tomó la valerosa decisión de no firmar, a pesar de que un aumento en los derechos de aduana de la Unión Europea sobre su carne bovina marcaría el final de sus exportaciones y la muerte de ese filón. 
 
Incluso el presidente Nicolas Sarkozy, que sin embargo tuvo expresiones muy infortunadas en Dakar en julio de 2007 (3), aportó su apoyo a los países más opuestos a esos tratados leoninos: "Estoy a favor de la globalización, a favor de la libertad, declaró, pero no a favor de la expoliación de países que por otra parte ya no tienen nada" (4). Esta rebelión contra los APE, que al sur del Sahara suscitan una enorme ola de inquietud popular y una intensa movilización de los movimientos sociales y las organizaciones sindicales, surtió efecto. La Cumbre concluyó con la constatación de su fracaso. José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea, se vio obligado a ceder y aceptar la reivindicación de los países africanos de proseguir el debate. Se comprometió a reanudar las negociaciones en el próximo mes de febrero. 
 
Esta victoria crucial de África es un signo suplementario del momento favorable que atraviesa el continente. En el curso de los últimos años, se terminaron los conflictos más mortíferos (sólo quedan los de Darfur, Somalia y el este del Congo) y se consolidaron los avances democráticos. 
 
Las economías siguen prosperando, piloteadas por una nueva generación de jóvenes dirigentes- aunque persisten las desigualdades sociales. Por último, otra baza: la presencia de China, que al invertir masivamente, está a punto de suplantar a la Unión Europea como principal proveedor del continente africano, y que además a partir de 2010 podría convertirse en su primer cliente, superando a Estados Unidos. Quedó atrás el tiempo en que Europa podía imponer programas ruinosos de ajuste estructural. Ahora África se resiste. Tanto mejor. NOTAS:  
1 Véase Alternatives économiques, París, diciembre de 2007. 
 
2 El 16-12-2007, los países del Caribe acepta- ron firmar un Acuerdo de Asociación Económica con la Unión Europea. 
 
3 En su discurso en la Universidad de Dakar el 26-7-2007 Sarkozy había declarado: "El drama de África es que el hombre africano no ha entrado bastante en la historia (...) nunca se lanza hacia el futuro". Véase Anne- Cécile Robert, "L’Afrique au Karcher", en Le Monde diplomatique, París, septiembre de 2007. 
 
4 Le Monde, 15-12-2007.

Patricio Berroeta:

Publicado Lunes 14 de Julio, 2008 - 23:09 hrs

Que interesante.

 
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