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Artículo correspondiente al número 264 (30 de octubre al 14 de noviembre de 2009)
La Bolsa Electrónica está de aniversario. Son 20 años de cambios vertiginosos al ritmo de la transformación tecnológica y de la apertura de nuevas opciones para la transaccion de valores. Los protagonistas de esta aventura hoy se muestran mas que satisfechos. Aquí recuerdan su historia. Por Cristian Rivas N.
Veinte años han transcurrido ya desde el estreno en sociedad de la Bolsa Electrónica de Chile y aún en el rostro de sus promotores es posible distinguir esa sonrisa de satisfacción que surgió aquel 2 de noviembre de 1989, cuando –a eso de las 9:35 horas– se efectuó la primera operación en línea. Fueron 1.000 acciones de Endesa transadas por las corredoras Chilemarket e InverChile a un valor unitario de 20,05 pesos de la época.
Por ese entonces, la primera operación, y las que vinieron en horas y días posteriores, eran una carta de triunfo que podían mostrar a todos los que afirmaban que era imposible mantener una red de computadoras conectadas para realizar transacciones bursátiles en línea y que todo sería un volador de luces. Claro, eran otros tiempos.
“Probablemente, por la novedad del proyecto para la realidad de la época, no se le tomó muy en serio hasta que ya estábamos próximos a comenzar a operar. En su momento, incluso entre gente que participaba de la idea había relativamente poca fe, en términos de si lograríamos o no sacarla adelante”, recuerda el primer gerente general que tuvo la entidad, Eduardo Sangüesa, en la actualidad gerente general del laboratorio Garden House.
Por cierto que en la satisfacción de los promotores de la causa electrónica influyó también el gol que significó frente a la histórica Bolsa de Comercio, por ese entonces dominada por las llamadas corredoras tradicionales. Los bancos, que habían sido autorizados para operar, no encontraban cabida en sus ruedas y esa fue, precisamente, la oportunidad que aprovechó la Electrónica.
La cena inicial
Fueron, de hecho, mayormente ejecutivos del rubro financiero, agrupados en la Asociación de Agentes de Valores, los que fueron concibiendo la idea de buscar este camino alternativo para participar en el negocio bursátil, ya que hasta ese minuto sólo podían hacer de intermediarios entre clientes y corredores.
El puntapié inicial de esta historia se habría dado –según evocan algunos de los involucrados– en una cena que reunió a miembros de la entidad gremial en una fecha no especificada de 1987. En ella habrían participado dos de los hombres a los que se define como gestores principales: Vicente Muñiz, socio de la corredora Chilemarket, que a la postre pasó ser el primer presidente del nuevo centro bursátil, y Sebastián Piñera, en su calidad de gerente general de Citicorp y presidente de la Asociación de Agentes de Valores.
A ellos se sumaron varios otros nombres en distintas etapas de la puesta en marcha. Entre ellos, destacan José Cox, que habría secundado a Piñera luego que éste decidiera iniciar su campaña senatorial por Santiago Oriente; Sergio de la Cuadra, por ese entonces director del Banco de Chile, y el economista Daniel Tapia, representando al Bice. El socio de Celfin Jorge Errázuriz y Francisco Pérez Mackenna, en aquellos años vinculado al Banco de Chile, también aparecen entre los impulsores.
En total, 17 corredoras y 9 bancos comenzaron como socios de esta nueva institución, la misma que hoy es vista como la que aceleró todo el proceso de modernización de un sistema bursátil que hasta entonces operaba hasta las 14:00 horas; agregó competitividad y, con ello, la baja en los cobros por comisiones.
Su sistema electrónico también supuso un hito a nivel mundial, porque se trató del segundo mercado bursátil de este tipo en funcionar (y primera en América latina), sólo detrás de Nasdaq, que en 1971 se había convertido en la primera bolsa electrónica del mundo. Ello también ha permitido a la chilena exportar su conocimiento a terceros países.
Sin Internet
Vicente Muñiz ha relatado varias veces los pormenores de cómo sacaron adelante la iniciativa. Todo el trabajo partió en las mismas oficinas que hoy ocupa Chilemarket, en el quinto piso de Moneda 1020, a pasos del tradicional centro bursátil santiaguino. Allí se desarrollaron las pruebas durante dos años y se dejó todo listo para el inicio de las operaciones, las que luego se trasladaron al tercer piso del mismo edificio.
Los principales ingenieros detrás del desarrollo tecnológico fueron Beny Leder y Rafael Alvo –que pertenecían a la empresa Alef Data, que trabajó como desarrollador para IBM–, quienes con el tiempo han continuado con el desarrollo de software, incluso fuera de Chile. En esencia, la dinámica se activó a través de una red de transmisión que contaba con un computador central y 40 microcomputadores que sustentaban tanto el sistema de transacción como la información financiera.
Sangüesa recuerda que hubo muchos desafíos que debieron ir superando, como asegurar que cada oferta de venta o de compra llegara en forma simultánea a todos los participantes una vez ingresada al sistema. “Esto fue un tema de gran dificultad en su momento”, rememora.
Otra de las complicaciones fue elegir el sistema de transacción que utilizarían, para lo cual trabajaron con distintos grupos de operadores de las mesas de dinero. Se invirtieron muchas horas estudiando, leyendo, conversando y analizando las distintas alternativas, sus pro y contra, dependiendo del tipo de instrumento y su de transparencia.
“Ese día (2 de noviembre de 1989) brindamos, hubo abrazos y felicitaciones. Tuvimos un volumen importante de transacciones de instrumentos de renta fija y menos renta variable, y una gran alegría, porque estaban funcionando un mercado electrónico y una iniciativa a la cual se le habían dado muy pocas posibilidades de éxito”, agrega el ejecutivo.
Corrían los últimos meses de la hoy popular década de los 80, sin Internet ni una red parecida de acceso masivo. “En ese momento fue tecnológicamente revolucionaria su puesta en marcha. Y de ahí en adelante todos los cambios y toda la incorporación de modernidad los ha llevado la Bolsa Electrónica, desde el sistema de transacción electrónico, los remates, la operación en tiempo continuado. Todo. Montamos una bolsa donde, en vez de trabajar 100 personas, lo hacían 15 y funcionaba igual de bien”, describe José Cox.