Bienvenido, te encuentras en Inicio arrow Reportajes y Entrevistasarrow De dulce y de Gras

Herramientas

Imprimir este artículo

Comentar esta nota

Enviar a un amigo

Suscribir Sección vía RSS

Compartir Link Facebook Link Twitter

Califica este artículo


0 Votaciones

Otros artículos de la sección:

Reportajes y Entrevistas
De dulce y de Gras

Artículo correspondiente al número 213 (21 de sept al 04 de oct 2007)

 

 

-Muy participativo.


-Tal vez mi alma demócrata cristiana se expresó ahí de alguna manera (ríe). Pero, en serio, creo que también viene de ahí.

 

 

-¿Optimista para la apertura?


-Siento que tenemos fortalezas, espero, que el mercado las aprecie. Creo que somos una empresa con un posicionamiento mercado interesante. Estamos en todos los niveles socioeconómicos, desde casas sociales hasta casas en La Dehesa de 20 mil UF, pasando por 16 ó 17 ciudades de Chile, con un portafolio de proyectos interesantísimos, como 260 hectáreas en Renca, entre la Costanera Norte y Américo Vespucio, un proyecto en el que estamos asociados con la familia Cruz Guzmán, propietaria de los terrenos y con Consorcio. Y muchas cosas más.



-¿Cuál va a ser el uso prioritario de los fondos que se levantarán?


-El 50% irá a prepagar la deuda que contrajimos para la compra de Almagro y el resto para el desarrollo de nuevos proyectos. Eso puede variar, pero esa es la idea.

 

 

-¿El bichito de las adquisiciones se calmó o sigue rondando?



-(Ríe). El bichito de las adquisiciones es un tema que es como ciertas bacterias que uno tiene en el cuerpo que están siempre presentes y que de repente se activan, cuando las defensas están débiles.

 

 

-¿Qué pasa en este negocio que hay tanta adquisición, fusión y apertura?


-La respuesta en parte está en el mercado. La compra de Almagro por parte de Socovesa despierta un interés, eso es indiscutible y además se ha visto que las acciones de quienes compran o se fusionan son apreciadas por el mercado. Al mercado le gustó esto. Por otro lado, no olvidemos que el mercado inmobiliario está súper atomizado y en manos de cientos de operadores chicos y medianos. Entonces, y en línea con lo que hemos conversado, es lógico que las empresas avancen hacia darle a los compradores más garantías de responsabilidad. Creo que en la medida que haya un reconocimiento de las marcas y que las empresas sean sólidas, eso va a representar un beneficio para los compradores.

 

 

-¿Y en la mayor escala habrá rentabilidad también, más poder de negociar con proveedores, ahorros de costos, por ejemplo?


-Nosotros tenemos las cosas claras. En el caso de Almagro, hemos decidido mantener la cultura, la imagen y la marca. Eso es parte de los activos que compramos. Ahora, y si bien existe la posibilidad de establecer sinergias en algunas áreas, como manejo financiero, contabilidad, computación, eso no significa despidos de gente. No está en los planes de Socovesa despedir a nadie.

 

 

-¿Y el mayor poder de negociación?


-Perfectamente puede haber en la parte de abastecimiento una ventaja.

 

 

-Antes de la construcción, hace cuatro décadas y por razones familiares estuvo ligado al negocio vitivinícola. ¿Eso explica la creación de Viña MontGras?


-Hace unos 15 años empezamos a conversar con Cristián Hartwig sobre abrirnos a nuevos negocios. Empezamos a estudiar varias opciones, incluso las pinturas. Y como el negocio del vino no era ajeno para ninguno de los dos, nos inclinamos por éste. Además, mi hermano menor, que vivió 20 años en Canadá se había familiarizado con este tema, así que cuando surgió el proyecto lo llamé para que organizáramos algo, y ahí nació MontGras.

 

 

-¿Cómo ha sido su experiencia en esa actividad? Porque los viñateros, vaya que se quejan.


-Sí claro, porque los negocios nunca han sido fáciles. Nosotros creemos que como el dólar no lo fijamos, hay que adaptarse a la coyuntura. Creo que tenemos una tremenda ventaja comparativa en el mercado mundial del vino, tenemos muy buenos vinos, muy buenos empresarios, una condición fitosanitaria única y somos confiables como país. Todos los indicadores son buenos, no hay corrupción, el nivel de riesgo es bajo. Aprovechemos las condiciones positivas. Ahora, ¿el dólar está bajo? Claro que está bajo. ¿Estamos ganando poco? Claro que estamos ganando poco, pero tenemos que buscar la manera, y, de hecho, el sector ha ido mejorando, aumentó más de 20% sus exportaciones este año. Si Chile desarrolla una política en esta área de venderse como país, creo que puede ser un monstruo mundial.

 

 

-¿Y su balance 15 años después es satisfactorio?


-Estoy súper contento. Hemos crecido mucho. La primera producción de Mont- Gras, el año 94, fueron unas 10 mil botellas y ahora estamos vendiendo 600 mil cajas de vino y vamos a llegar casi a 20 millones de dólares de exportación. Pero lo importante es que el país y las viñas asumamos que tenemos grandes ventajas.

 

 

-¿Con cuál de las empresas vibra más?


-Chuta (se complica) a los hijos uno los quiere por igual, lo que pasa es que uno tiene más afinidades con unos que con otros. Socovesa es una empresa que ha estado presente en mi vida en las buenas y en las malas, en los momentos tristes y de satisfacción… Hay mucha más historia con Socovesa. Pero MontGras es una empresa que yo la quiero mucho, además que lo ha hecho muy bien.

 

 

 

Educación, educación, educación

 

Si hay un tema que apasiona a Eduardo Gras es el de la educación y la necesaria contribución que todos, y por cierto también los empresarios, deben hacer para mejorar su cobertura y calidad.


Cuenta que él canaliza esta inquietud a través de la Corporación Educacional y Cultural Emprender, creada en 1994, y que en estos 13 años “ha logrado establecer un total de 5 colegios, con 4 mil alumnos desde pre kinder a cuarto medio, los que cuentan con una infraestructura de primera, que debe tener un valor de inversión de 10 millones de dólares, pero que más que valor económico tiene una rentabilidad social espectacular”.


Y apunta a pie de página que si bien toda actividad tiene que ser sustentable, no hay que ver esta labor con miopía, porque la educación arroja frutos en el mediano y largo plazo y porque no se puede pretender monetarizar el que un niño que no tenía mayores oportunidades pueda finalmente acceder a una educación de alta calidad. Ese aporte a la sociedad, probablemente no tiene precio.



-¿Y cree que los empresarios en Chile están a la altura de hacer esas contribuciones o les falta comprometerse?


-Le respondo en dos partes. Primero, no me cabe duda de que la calidad del empresario chileno es excepcionalmente buena. Tengo la mejor opinión. Ahora, yo creo que siempre se puede hacer algo más, y me parece que tratándose de educación, tenemos una inmejorable oportunidad de resolver nuestros problemas de inequidad. Por qué unos pocos pueden acumular tantos recursos y tantos ingresos y una cantidad tan grande de gente queda al margen. Cómo podemos romper esto tan triste y tremendo, que es que los hijos de los pobres estén sentenciados a seguir siendo pobres. En eso hay una cuestión muy mala, que si no se resuelve equivale a un germen de descomposición social. Yo soy un apasionado por este tema. Tenemos que mirar a largo plazo, necesitamos políticas transversales. El problema es que hay una dicotomía, porque el plazo de la clase política es 4 ó 6 años, y a ese nivel la inversión no resulta tan rentable. Tenemos que cambiar el switch, porque este es un problema de todos: políticos, empresarios, iglesia, obreros.

 

 

 

 

 

 



Comenta este artículo

Nombre
:
Email
:
URL
:
  (Opcional)
Código Verificación Capital.cl

Comentarios

0 Comentarios

 
IAB ChileCertifica.com