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David McCraw.“La prensa no puede prostituirse por el público”

Artículo correspondiente al número 219 (2007-12-14 al 2007-12-27)


Puede que el New York Times ocupe el tercer lugar entre los diarios más leídos de Estados Unidos, pero su influencia en la clase política es indiscutible. Conscientes de este prestigio, el Times se la juega constantemente por acceder a toda la información, incluso aquella que importuna a los gobiernos de turno. Detrás de esa lucha hay un hombre: David McCraw, quien conversó en Lima, Perú, con Arturo Arriagada I.

 

David McCraw es lo más parecido en físico y espíritu al clásico abogado de película norteamericana. Alto y de hablar pausado, en cada frase que pronuncia se refiere a la ley y la libertad de información como su mejor argumento. Así fue como al mando del equipo de abogados del New York Times (NYT), en el verano de 2002, presentó una demanda contra el Estado de Nueva York para indagar en el actuar de policías y bomberos durante el atentado contra las Torres Gemelas. Luego de diversas batallas, el Times logró conocer el testimonio de bomberos que casi pierden la vida porque no les avisaron que las torres estaban a punto de colapsar. También, en 2006, demandó al Departamento de Defensa de EE.UU. logrando desclasificar información respecto al espionaje de comunicaciones privadas de ciudadanos estadounidenses y extranjeros después del 11-S. Con ello, McCraw se ganó el odio furioso del presidente George Bush, quien calificó el hecho como un “acto vergonzoso”.

Cuando en Chile está pronto a votarse el proyecto de Ley de Acceso a la Información Pública –que regula, entre otras cosas, la transparencia y publicidad de la información proveniente de los organismos estatales– esta conversación con Mc- Craw puede ser inspiradora para periodistas que no han podido terminar y publicar sus reportajes por no obtener información del Estado. Pero también para ciudadanos deseosos de fiscalizar el actuar de autoridades y gobernantes.



-En un contexto de guerra contra el terrorismo por parte de Estados Unidos ¿Cuál es su visión respecto a la libertad de expresión e información en ese país?


-Creo que Estados Unidos, en comparación con otros países, tiene una gran libertad de acceso a la información. La administración de Bush ha estado muy preocupada de la seguridad nacional y como resultado ha tendido a mantener más cosas en el secreto que sus predecesores. Esto le ha generado al NYT dificultades para obtener información. Nuestra convicción es que, por más que se apele a la seguridad nacional, aquello relacionado con el debate político no puede mantenerse en secreto.

En 2005 el NYT publicó un artículo sobre las grabaciones secretas de conversaciones telefónicas por parte del gobierno luego del 11-S. El enfoque de esa investigación era indagar sobre la ilegalidad del asunto y, en particular, por qué para el gobierno de Bush eso era lícito. Nosotros creemos que esa información debiera ser pública, porque es información que no tiene que ver con aspectos relacionados con la tecnología, por ejemplo. Luego, al ser denegada la información por parte del Departamento de Defensa, presentamos una demanda. No sabemos cómo terminará el juicio, pero la Corte dio un plazo para que el organismo nos dé una respuesta. Históricamente, los gobiernos en tiempos de crisis quieren tener más control y poder, pero nuestro rol como periodistas es testear ese poder. Para eso hay una corte que decidirá si estamos equivocados o no.

 

-En Chile, próximamente, se votará el proyecto de Ley de Acceso a Información Pública, pero hace poco el Senado rechazó una norma que los obligaba a rendir cuenta pública de su gestión. ¿Cuáles son las ventajas de estos instrumentos legales para las democracias? ¿Entrega un mayor poder de fiscalización?

-El acceso a la información es un medio y no un fin. Buenas cosas ocurren en sociedades transparentes cuando existen leyes de acceso a la información: se fortalecen las democracias, se frena la corrupción, se generan incentivos para que la gente confíe en el gobierno, entre otras consecuencias. Para que las personas confíen en el gobierno, ellos deben rendir cuentas públicas de su gestión. Hay muchos estudios que señalan que en los países desarrollados la transparencia está relacionada con el desarrollo económico, ya que la gente quiere invertir en países donde sientan que serán tratados de manera justa, con regulaciones claras. Todos esos factores fortalecen la democracia, mejoran el actuar de los gobiernos y generan tranquilidad en la ciudadanía. Cuando los gobiernos, por ejemplo, regulan a los medios de comunicación, destruyen su credibilidad y la de los medios, la gente no le cree a esos medios, porque están regulados por el gobierno. El instinto natural de los gobiernos al estar bajo presión es pensar que una prensa libre va a desestabilizarlos. No estoy seguro si hay evidencia para probar eso.



-Actualmente, el NYT, en conjunto con otras organizaciones como Associated Press, están solicitando al gobierno información respecto a los presos en la cárcel de Guantánamo. ¿Cómo se ha desarrollado ese proceso, que es uno de los temas más sensibles para el gobierno de Bush?


-Estamos liderando un grupo de medios de prensa para obtener información de los juicios que se están llevando a cabo en la cárcel de Guantánamo. Queremos saber los nombres de la gente que ha quedado detenida allí y los procesos en su contra. ¿Estos procesos debieran ser públicos? Claro que sí. El gobierno, lejos de permitir a los reporteros viajar a Guantánamo y ver los procesos, señaló que no podía entregar esa información porque los militares tenían que proteger la privacidad de los detenidos. Hay muchas críticas a Guantánamo y esta es la posibilidad que tenemos para mostrarle al mundo que la gente puede acudir a una audiencia justa. El problema es que ninguno de los documentos ha sido liberado. Si un abogado hace una moción para excluir evidencia o para desclasificar información, nunca vamos a poder saberlo. No hay documentos al respecto y no sabemos cómo se han tomado las decisiones respecto a los juicios y detenidos.

 

-Hace pocos meses, y en plena transmisión por internet del popular festival de música Lollapalooza en Estados Unidos, la compañía AOL cortó la señal a raíz de los dichos de un grupo de rock contra el gobierno de Bush. Luego de las disculpas públicas de la compañía, el video sin cortes fue subido por ciudadanos a YouTube. ¿Qué opina de este tipo de conductas por parte de los medios de comunicación en su país?

-Hay que distinguir cuando la censura viene del gobierno y cuando una compañía decide censurar a priori. Si bien para las audiencias el resultado es el mismo, desde el punto de vista legal hay diferencias. En Estados Unidos las transmisiones deben tener una licencia y en esta administración se han puesto estándares relacionados a la publicación de contenidos que atenten contra lo permitido.

Por ejemplo, se da en el caso de la televisión cuando muestran escenas obscenas o relacionadas a la guerra que pueden ser ofensivas para los ciudadanos. En internet no hay regulación ni licencias. Cuando hablas de la decisión de las compañías, creo que es un mal precedente el invocar razones de gusto o preferencias políticas. La mayoría de los medios estadounidenses valoran su independencia del gobierno.

 



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