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Artículo correspondiente al número 245 (23 de enero al 19 de febrero de 2009)
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La nueva esperanza cubana
Fidel Castro ha sobrevivido a diez presidentes de Estados Unidos. Obama es el primer mandatario norteamericano nacido post revolución cubana. Por primera vez, un presidente de Estados Unidos asume sin Fidel al mando en 50 años. Cambia la percepción del régimen y de las medidas coercitivas entre los descendientes cubanos. Por Gabriel Sanchez-Zinny, desde Washington.
La nueva administración Obama está generando expectativas en todos los ámbitos –políticos, económicos, internacionales–, al punto de devolver el optimismo a una sociedad americana, cansada, como lo muestran las encuestas hace tiempo, de la gestión Bush. Y para no ser menos, entre los círculos latinos en Washington hay una creciente expectativa sobre el relanzamiento de la relación con la región, en particular con Cuba; tal vez, en términos históricos, el mayor desafío que deberá enfrentar el nuevo presidente en la región.
Fidel Castro logró sobrevivir a diez presidentes de Estados Unidos, a la crisis de los misiles que casi desencadena una guerra mundial, a una invasión sostenida por Washington en Bahía de Cochinos –que terminó siendo un fracaso para el gobierno americano–, a la caída de la Unión Soviética, su mayor aliado y financista; a cinco décadas de sanciones comerciales por parte de Estados Unidos y sus asociados, y a la huida de muchísima población que arriesgó su vida para escapar de la dictadura de Castro. ¿Sobrevirá también al 44º presidente estadounidense?
En Washington hay especulaciones de todo tipo, de demócratas, republicanos, grupos a favor y en contra. Tomás Bilbao, del influyente Cuba Study Group, dice que “el presidente Obama se enfrentará con una realidad cubana muy distinta a la de sus antecesores. En primer lugar, Obama será el primer presidente de los Estados Unidos nacido después de la revolución cubana, lo que seguramente contribuirá a una perspectiva nueva a la ecuación. Segundo, se enfrentará a un gobierno cubano que, a pesar de no haber implementado cambios políticos, se encuentra bajo un nuevo presidente por primera vez en 50 años. Y finalmente, como el primer presidente americano de descendencia africana, cuenta con gran simpatía por parte de la población cubana que también lo ve con esperanzas de cambio para las políticas estadounidenses hacia la isla.
Por 50 años –profundiza Bilbao– la revolución cubana ha tenido como objetivo principal el mantener en el poder al régimen y lo ha podido lograr gracias a un aparato represivo muy eficiente y cruel, políticas encaminadas a aislar al pueblo y mantenerlo dependiente del gobierno, y la legitimidad que ha obtenido gracias a la percepción de que subsiste una amenaza exterior, bien sea de una nación o del grupo de exiliados. El legado que deja el régimen cubano es el de un gobierno que, a pesar de haber estado en el poder más que cualquier otro en Latinoamérica, y de jactarse de haber logrado importantes avances en la salud y la educación, ha sido incapaz de elevar la calidad de vida de los cubanos mas allá de un salario promedio mensual de 20 dólares, viviendas que son compartidas y que se derrumban por falta de mantenimiento, una juventud que anhela emigrar al exterior para poder realizar sus sueños y cárceles llenas de presos políticos y de conciencia”.
¿Y qué dicen en Europa?
Guillaume Debre, corresponsal en Washington para TF1-Televisión Francesa 1 y analista especializado en Cuba, dice que “después de 50 años en el poder, la figura de Fidel ha comenzando a resquebrajarse para la izquierda europea. Si bien fue en su momento un icono de la rebelión contra el imperialismo americano, un David contra un Goliat, hoy Fidel es más bien considerado un tirano desesperado por retener el poder; alguien que se quedó en la historia, que no percibió que las ideologías que promovía estaban desapareciendo. Fidel podría haber abrazado la famosa tercera vía, intentando reformular y modernizar la visión socialista del mundo y de su patria. En vez, de forma patética, prefiere pasearse en ropa de cama por su hospital, rehusando a que una nueva dirigencia tome el mando de su país. Es muy duro para un europeo aceptar que la imagen del ídolo revolucionario se haya desvanecido, pero la falta de cobertura periodística del 50 aniversario de la revolución cubana es una muestra más de la falta de interés por Cuba en el viejo continente”.
All politics is local
Thomas “Tip” O’Neill, presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos entre 1977 y 1987, acuñó esta famosa frase, que vuelve a aplicarse para el caso cubano. Obama tendría mayor flexibilidad para reorganizar las relaciones con Cuba, ya que ganó los votos electorales de Florida sin la ayuda de la línea dura cubana en Miami, sino más bien en contra de ella. A su vez, las nuevas generaciones de cubano-americanos, muestran las encuestas, están esperando una diplomacia renovada con la tierra de sus padres.
“Las realidades electorales, argumenta Bilbao, no obligan al presidente a seguir las políticas impuestas por del sur de Florida. La opinión de los cubano norteamericanos ya no es monolítica. Un reciente estudio que hicimos desde el Cuban Study Group muestra que el 65% de ellos cree que el embargo no es una medida positiva; una gran mayoría considera que hay que dialogar con el régimen y también una gran parte de ellos está en contra de las restricciones al envío de dinero y de viajes”.
Obama “ofrece esperanzas para una nueva relación con Cuba”, continua el francés Guillaume Debre, “ya que durante toda su campaña se ha declarado contrario a construir muros y barreras, y más bien ha promovido la profundización de la diplomacia para mejorar la relación con otros países, ya sean amigos o menos amigos de Estados Unidos”. Y concluye Tomás Bilbao: “está por verse si Cuba aprovechará la oportunidad o si optará por la confrontación y el aislamiento, como lo ha hecho hasta ahora”.