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Cuando las velas arden

Artículo correspondiente al número 270 (26 de febrero al 11 de marzo de 2010)

Justo sobre la encrespada superficie de fricción donde colisionan el mar y el viento, tiene lugar una de los deportes más nobles y cautivadores. Nos referimos al velerismo, actividad que en Chile sabe de sobresalientes cultores. Capital pudo experimentar las sensaciones que insuflan esta disciplina y, de paso, lograr un merecido segundo lugar en la categoria club con el yate que nos representó en la Regata Chiloe Bicentenario. Por Roberto Sapag; fotos, Capital y Max Montecinos.



A diferencia de muchos deportes, probablemente el momento de mayor estrés y adrenalina de una regata se experimenta durante la partida. Son segundos –minutos, mejor dicho–, en que la casi infinita superficie del mar llega a ser un recurso increíblemente escaso, a medida que decenas de embarcaciones pujan por hacerse del mejor lugar posible en la zona de largada.

Es un momento en que la sensación de caos crece de manera exponencial y en que se llega a pensar que eso de las colisiones múltiples no es privativo de las carreteras y los automóviles. No obstante, y como por milagro, hay un instante en que se cruza un umbral. Si en el apogeo del caos lo que impera son los gritos de las tripulaciones y el febril zigzagueo de las naves, tras cruzar esa frontera el silencio y la certeza de que ya hay un rumbo claro se imponen con violencia.

Pero no se crea que las largadas de las regatas están entregadas a la ley de la selva. No. Es cierto que es un momento intenso en que se inyecta mucha adrenalina, pero también es un instante crucial en el cual el aplomo del capitán, el trabajo en equipo, el sentido de oportunidad y parte importante de la estrategia competitiva se ponen a prueba.

Un error en esta parte de la carrera puede costar caro, ya sea bajo la forma de una sanción de la organización o porque se termina en una situación espacio-temporal desventajosa para el desarrollo de la carrera.

De ahí en más, la competencia pasa a estar sometida a otras fuerzas. Se trata de flujos menos tumultuosos que los que repletan la largada, pero no menos abrumadores. Un error de metros en la identificación de las corrientes y vientos, un descuido al momento de los giros o una mala decisión en el vector trazado hacia la meta pueden tener consecuencias fatales en el resultado de cada carrera.

Con menos sex appeal, pero también fundamentales en el resultado final, se deben contabilizar las acciones rutinarias que ejecuta la tripulación. Calzar, orzar y derivar forman parte de este repertorio de acciones a ratos monótonas pero que, raya para la suma, cumplen un papel esencial.

Dejamos para el final de esta concisa descripción del velerismo una larga lista de sensaciones que a muchos sonarán cursis, pero que son sustanciales. La sensación de libertad, de contacto con el medio ambiente y de administración y dominio de las fuerzas de la naturaleza hacen que este deporte combine de manera sublime la satisfacción física con la espiritual.

Supremo logro de Capital

Con un Beneteau 47.7, Capital estuvo presente en la Regata Entel PCS Chiloé Bicentenario, que se desarrolló entre el 22 y el 30 de enero.

Capitaneado por Mauricio Zulueta y con una tripulación integrada por sus hijos Mauricio y Antonia Zulueta, Rosario Zuazola, Christophe Vanek, Fernando Borja y Roberto Sapag, el yate Capital no sólo compitió en buena lid, sino que además se coronó con un merecido segundo lugar en la categoría Club, que tuvo dieciocho embarcaciones participantes. En primer lugar culminó Aquiles, de Emilio Barayón, y en tercera posición el Supremo III, de Luis Cambiaso.

En este punto es necesario señalar para los no iniciados que la ubicación final en cada “pata” (y en la regata) no depende necesariamente del lugar “en agua” que obtiene cada embarcación, sino que es resultado de una serie de cálculos y ponderaciones que se ejecutan a partir de estrictas tablas y ratings previamente acordados. Esta situación, digamos, añade otro elemento de emoción a la competencia, ya que a veces las tripulaciones quedan en ascuas a la espera de la lectura oficial de posiciones por parte de la organización.

La Regata Entel PCS Chiloé, la competencia náutica más importante del país y que este 2010 vivió su edición número 11, se viene corriendo desde 1989. En esta versión participaron 69 embarcaciones y más de medio millar de tripulantes.

El team que corrió el yate Capital la última jornada. Arriba: Fernando Borja, John Martin, Christophe Vanek y Roberto Sapag. Abajo Mauricio Zulueta, Rosario Zuazola y Antonia y Mauricio Zulueta hijo.

Velerismo en Chile
Muchos son los logros que anota Chile en el velerismo a nivel internacional, siendo uno de los más recientes el que conquistara Felipe Cubillos con su segundo lugar en la Vuelta al Mundo. Y no era para menos, si se considera que esta disciplina deportiva ostenta casi un siglo de consolidación en el país, pese a no ser una práctica masiva.

De acuerdo con los datos recabados por varias de las organizaciones que dan forma al velerismo (como el Club Náutico Oceánico, Fedevela y la red de clubes de yates), esta actividad llegó al país de la mano de inmigrantes alemanes, quienes ya en 1912 habían fundado el Club de Yates de Valdivia, el primero del que hay registro.

A la promoción de esta disciplina han contribuido tanto el que Chile tenga un claro perfil oceánico como que la Armada se haya encargado de proveer un soporte fundamental en materia de seguridad.

De acuerdo con Chiledeportes, que a su vez cita a la Federación Nacional de Navegación a Vela de Chile, en el país existen más de 2.500 personas que practican esta disciplina, con clubes que se extienden desde Arica hasta Puerto Williams.

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