Bienvenido, te encuentras en Inicio arrow Reportajes y Entrevistasarrow Cristóbal Orrego: El otro francotirador

Herramientas

Imprimir este artículo

Comentar esta nota

Enviar a un amigo

Suscribir Sección vía RSS

Compartir Link Facebook Link Twitter

Califica este artículo


1 Votaciones

Otros artículos de la sección:

Reportajes y Entrevistas
Cristóbal Orrego: El otro francotirador

Artículo correspondiente al número 200 (23 de mar al 05 de abr 2007)

Profesor de derecho de la Universidad de Los Andes, su firma ha sido una revelación en las columnas de El Mercurio. Directo, contingente y en las antípodas de lo “políticamente correcto”, sus ideas ponen la nota disonante por estos días.
Por M. Angélica Zegers

Por genes no se queda. Es hijo del destacado investigador y médico Fernando Orrego Vicuña y sobrino del fallecido político y parlamentario Claudio Orrego, figura insigne de la Democracia Cristiana. Cristóbal Orrego (41 años) es una buena síntesis de ambos. Heredó de su padre el gusto por el aislamiento, el rigor en el trabajo, y la austeridad –vivida a diario en una familia de once hermanos sustentada en el sueldo de un profesor universitario– y se parece a su tío en la pasión que lo conecta a los temas públicos.

Desde chico le gustó opinar, aunque no salió a la luz hasta hace menos de un año. Sus columnas en el cuerpo de Reportajes del diario El Mercurio encienden de tanto en tanto la mecha de la polémica, más todavía cuando se hace el contrapunto con Carlos Peña, que tiene su espacio justo arriba de él. Este abogado de la Universidad Católica, profesor de la Universidad de Los Andes y numerario del Opus Dei, vive en carne propia la paradoja de que el planteamiento conservador termina convirtiéndose en rupturista y así va navegando en medio de polémicas provocadas por temas como el aborto, la píldora del día después, las uniones homosexuales o la eventual responsabilidad política “si acaso no moral o penal” que pueden tener Ricardo Lagos o Michelle Bachelet en la corrupción política y el relajo ético que Orrego observa como el lastre del Chile actual.

Con epítetos fuertes algunas veces y notas de humor en otras, sus columnas eso sí reflejan que por conocimientos él no se queda. Es doctor en derecho de la Universidad de Navarra y post doctorado en las universidades de Munich y Münster (Alemania), además de investigador visitante de la universidad de Cambridge. Fue en Alemania donde creó su blog, Bajo la lupa, hace dos años, porque quería dar a conocer sus ideas y recibir el impacto –relativo, por cierto– que generaban. De ahí a entusiasmarse con entregas semanales en la prensa había un paso bastante corto, aunque no por eso menos público y arriesgado.

SALIR DEL AULA

-¿Por qué y a quiénes quieres influir?
-Creo que hay bastantes temas de política y ética que he estudiado más que otros y mantener ese conocimiento aislado o solo a nivel de alumnos universitarios me parece poco. Creo que es una responsabilidad de quienes tienen dedos para el piano tratar de llegar más allá con su conocimiento y una de las maneras de influir es la prensa, sobre todo la escrita, porque los profesores de humanidades escribimos. Uno puede plantear este asunto de dos maneras que están clarísimas en los Diálogos de Platón. La primera es mantener una discusión desde una posición de poder, donde no importa tanto la verdad ni tener la razón, como conseguir que a uno le otorguen esa razón. Yo no me siento cómodo con ese planteamiento pragmático, sino con el platónico propiamente tal, que indica que no hay que buscar ganar en una discusión, sino dar a conocer una idea que se considera verdadera. Ojalá pueda influir a todo el mundo, pero no es un objetivo en sí mismo.

-¿Nunca tuviste dudas sobre lo que significaba salir del anonimato?

-Yo tenía algunas dudas sobre si este oficio era compatible con un nivel académico serio. Pero un profesor de filosofía amigo me dijo que se trataba de un criterio pasado de moda y que había un sentido de responsabilidad envuelto en la tarea de dar a conocer ideas que ayudaran a la gente a formarse un juicio sobre las cosas. Además, con las columnas y el blog uno se puede dar licencias de temas y lenguajes que no están permitidos en el ámbito académico, cuyas publicaciones muchas veces son un buen remedio para el insomnio. Yo espero hasta el día límite para escribir las columnas, de manera que sean lo más actuales posible, defino el tema y me lanzo a escribir. Nunca me demoro más de dos horas. Y como tampoco las repaso demasiado, esto me da bastante libertad.

-¿Qué tipo de comentarios recibes por las columnas?

-Hay de todo, desde gente que se ríe, hasta otros que encuentran que se me pasa la mano. De hecho, en las pocas ocasiones en que he usado palabras un poco más fuertes o malsonantes, a mi padre no le ha gustado nada. La gente que está alineada muy políticamente también me critica, incluso de la derecha, cuando un par de veces he criticado a la Alianza. Mi posición política está bastante clara, pero no es partidista y no implica que me tenga que inhibir de criticar o poner el acento en cosas que considero que están mal. Yo no soy neutral, pero tampoco soy un abanderado de los partidos a los que, por lo demás, encuentro demasiado contingentes. Por otro lado, la crítica política se puede ejercer perfectamente en contra de quienes uno considera más aptos para gobernar, como yo creo que es la Alianza, porque uno cumple la función de ayudar a ver las cosas con una distancia que los políticos no tienen.

-¿Tienes alguna relación con Carlos Peña?
-Me ha convidado a hablar a la Universidad Diego Portales, hemos estado muchas veces juntos y nos llevamos bastante bien. Uno puede estar muy en desacuerdo con una persona en algunos temas y estar de acuerdo en otros. El tiene ideas muy claras sobre la excelencia universitaria, una idea correcta sobre lo que es el trabajo bien hecho y sobre los estándares de calidad académica. En esto nos identificamos completamente.

-¿Con cuánta libertad puedes opinar siendo miembro activo de una comunidad religiosa, el Opus Dei, que puede verse influida por lo que dices?
-Yo no creo que los numerarios del Opus Dei deban ser reservados o tengan que aislarse de lo público. A los numerarios les pasa lo mismo que a la mayoría de la gente, que no se sienten capacitados para escribir o no les interesa. De hecho, me gustaría que fueran muchos más los numerarios que se sintieran cómodos escribiendo en la prensa o apareciendo en la televisión y la radio, pero cuesta exhibirse. Porque eso significa también exponerse a la crítica y hay que tener una vocación especial para hacerlo.


Comenta este artículo

Nombre
:
Email
:
URL
:
  (Opcional)
Código Verificación Capital.cl

Comentarios

0 Comentarios

 
IAB ChileCertifica.com